La India erradica la tuberculosis casa a casa

“¿Tiene dos minutos? Tengo que explicarte algo y no es necesario que me pagues nada”. Así empieza Mihr Singh cada visita, casa tras casa en el norte de la India para detectar casos de tuberculosis, la enfermedad infecciosa que más mata en el planeta.

El profesor de escuela recorre en bicicleta o a pie, con un ligero cojeo, un pueblo de casas bajas y rodeado de campos de un verde intenso en el estado norteño de Haryana.

Se trata de ganar la confianza de los vecinos para luchar contra una enfermedad que suele acarrear un pesado estigma y que el Gobierno indio pretende erradicar antes de 2025.

La India alberga a unos 1.300 millones de personas y en 2017 registró un cuarto de los 10 millones de casos de tuberculosis del planeta. Ese mismo año, unos 1,6 millones de personas murieron en todo el mundo por la enfermedad, según estimaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Si alguien en una casa muestra síntomas voy a verles y les pido que me expliquen desde cuándo tosen, si alguna vez han tosido sangre y si les duele el cuerpo o suelen tener fiebre”, explica Singh.

Mientras habla, el profesor blande sus herramientas de trabajo: una lista con nombres y fechas, un rotulador permanente, folletos en hindi e inglés que explican la tuberculosis.

Y un kit para recoger el esputo, quizá su instrumento más importante. Con él puede enviar muestras al hospital más cercano y obtener un resultado en días.

“Si resulta que tienen tuberculosis, les decimos que vamos a hacerles más pruebas e insistimos en que no hay nada que temer. Basta con tomar la medicina”, señala el profesor.

Singh suele detectar unos 6 o 7 casos al mes en un área habitada sobre todo por jornaleros y visita unas 500 casas al mes, y es uno más de los colaboradores que peinan 128 distritos indios como parte de un programa de la Unión Internacional contra la Tuberculosis y las Enfermedades Pulmonares (The Union).

Pero para las personas a las que ha ayudado a diagnosticar, es un salvador. Así lo califica Ram Chandra, que es el principal sustento de su familia a pesar de su edad algo avanzada, y que solía tener fiebre “constantemente” hasta que hace poco Singh le hizo una visita.

“Ha sido un salvador para nosotros, ayuda a los pobres. Yo no puedo permitirme recibir tratamiento en un hospital privado y él me trajo las medicinas a mi propia puerta”, explica a Efe.

Significativamente, Chandra niega que haya sido víctima de discriminaciones por padecer la enfermedad.

Pero la tuberculosis impone un verdadero estigma, según la directora de The Union para el sudeste de Asia, Jamhoih Tonsing, y quienes más sufren son las mujeres.

Seguramente si son hombre y sostienen a la familia, el estigma es menor”, explica Tonsing, antes de recordar casos en que los voluntarios prefieren no decir a las jóvenes solteras que padecen tuberculosis.

Simplemente les dicen que tienen una enfermedad para la que tienen que tomar medicinas seis u ocho meses”, confía.

El proyecto en el que participa Singh es solo una más de las estrategias que la India ha puesto en marcha para acabar con la enfermedad antes de 2025, con la participación de ONG y organizaciones privadas.

El plan indio de erradicación es ambicioso.

Más teniendo en cuenta que la OMS se ha fijado 2035 como meta para acabar con la tuberculosis, una meta que despierta dudas, pero los expertos ven señales positivas en el hecho de que Nueva Delhi triplicó entre 2016 y 2018 el presupuesto dirigido a luchar contra la enfermedad de acuerdo con la OMS.

Más dinero se traduce también en la posibilidad de dar ayudas económicas directas a los enfermos que consisten en unas 500 rupias (unos 6 euros) por mes durante seis meses, según el doctor Aswani, médico jefe del hospital público de la ciudad de Sonipat situada a unos kilómetros del pueblo de Singh.

Acabar con la tuberculosis es una tarea mayúscula y aunque la India ha experimentado un declive cercano al 1,5 % en los últimos años en el número de casos, está lejos de cumplir el objetivo fijado por el primer ministro de la India, Narendra Modi.

Pero eso poco importa a Singh que, a bicicleta o a pie, continúa recorriendo su zona desde bien temprano, marcando con un rotulador indeleble la fecha de su última visita sobre las puertas de las casas.

Me encanta mi trabajo. Y cuando un paciente se cura después de haber recibido tratamiento durante 6 meses, me respetan mucho y eso me hace muy feliz”, concluye.

20190910 https://www.diariolibre.com

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