Las cotorras dominicanas en permanente zozobra

Las cotorras se comercializan en las carreteras sin que nadie lo evite.
SANTO DOMINGO. Comienza la época de reproducción de las cotorras, y otra vez enfrentamos la misma incertidumbre, ante el temor de que cientos de nidos sean saqueados para el mercado de mascotas, y no logremos convencer a las personas de no comprar pichones para reducir la demanda y que disminuya así la depredación.

Este año hemos avanzado algo, y por primera vez habrá una unidad de vigilancia durante los meses reproductivos en la sabana de algodón, integrada por miembros del Grupo Jaragua y del Servicio Nacional de Protección Ambiental (SENPA). Esta es la principal área reproductiva de las cotorras en el Parque Jaragua. El esfuerzo cuenta con el apoyo de Humane Society y la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarena). Este año, el Parque Zoológico Nacional está activamente involucrado en la campaña.

Otra forma de preservar esta especie es impedir la destrucción de los ecosistemas en que viven. Tenemos que impedir la reducción de las áreas protegidas, sobre las cuales pende siempre la amenaza de los depredadores turísticos. Como anidan en huecos de árboles, pero no saben construirlos, cada nido saqueado es una cría fallida y una cavidad menos. Además, los saqueadores de nidos, a veces cortan el árbol a la altura del nido, matando o hiriendo a alguno de los pichones.

Es bueno recordar a quienes irresponsablemente compran pichones de cotorras, que son cómplices de una actividad no solo ilícita sino además criminal. Muchas de las personas que tienen una cotorra, pero no quieren ser cómplices de un crimen de lesa conservación, me preguntan cómo liberar a su mascota. Esto es lo menos aconsejable, pues lo más probable es que muera y, si sobrevive, el riesgo es mayor, pues podría ser portadora de una enfermedad y desatar una epidemia que elimine la población silvestre. Si quiere deshacerse de su cotorra, llame a la Dirección de Vida Silvestre (809-472-4204), quienes decidirán el destino del ave.

Con frecuencia, las personas que creen tener una cotorra, lo que en realidad poseen es un perico. Son varias las diferencias entre estas aves: el perico tiene la cola puntiaguda; la cotorra la tiene rectangular; el perico es más delgado, tiene manchas rojas en el tronco del ala y carece de la mancha roja en el vientre distintiva de la cotorra.

Los traficantes aprovechan esta confusión y venden pericos por cotorras, pues es más fácil atrapar pericos adultos que cotorras. Aunque en la Capital los pericos son más abundantes, están más amenazados que las cotorras, debido a su más restringida distribución.

En un comercial de una prestigiosa firma en el que se exaltan los valores morales, aparece una familia que le compra un perico a un traficante y luego uno de los niños lo libera. La buena intención es innegable, pero son los resultados los que cuentan. Al comprar una cotorra estamos fortaleciendo el mercado e incentivando el saqueo de los nidos. Como reza el dicho, de buenas intenciones está empedrado el concurrido camino del infierno.

Hasta ahora, las campañas para salvar las cotorras no habían superado el plano puramente verbal: afiches, spots, artículos. Ya era hora de que pasáramos de las palabras a los hechos. Sólo un proyecto como éste tendrá un impacto directo favorable en la población de las cotorras, pues contempla vigilar la mayor cantidad de nidos durante los cerca de tres meses de cría; reparar cavidades destruidas, mejorar nuevas e instalar nidos artificiales. Que las cotorras se enteren de nuestros esfuerzos por salvarlas. guerrero.simon@gmail.com
20090415 http://www.diariolibre.com

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