Mujeres: acompañantes fieles de la democracia

  • 8 DE MARZO (II). A pesar de la fuerza del voto femenino, lograr que los partidos lo reconozcan ha sido una constante y persistente lucha de años. La socióloga Isis Duarte precisa que la democracia ti
Las sufragistas de 1942, luego de votar por primera vez. ARCHIVO YLONKA NACIDIT PERDOMO

SANTO DOMINGO. Con voz clara y ágil, doña Rosa Lebrón de Anico, da vida a sus recuerdos. "En las elecciones de 1960 había un único candidato, que lo llevaba el único partido; todo el mundo tenía que votar, sabíamos que ese voto no implicaba un cambio, pero teníamos que sufragar, aún fuera en blanco". Y a pesar de los pesares, allí estaban las mujeres.

También en mayo de 2004, acudieron a las urnas. Pero a diferencia de 1960, y de cómo sucedía desde 1942, "las mujeres fueron a las elecciones conscientes del papel que tienen ante las promesas políticas y de cómo pueden posibilitar cambios", dice Elisa Sánchez Pujols, abogada y catedrática. Ya para estas elecciones, las mujeres eran la mitad de los votantes: el 50.2 %.

La historia de la democracia, lograda a través de las elecciones, tienen un innegable hilo conductor: El voto femenino.

Para la socióloga Isis Duarte analizar el comportamiento del voto de las mujeres es difícil porque en el país no existen registros de los sufragios por separado, pero -afirma- un hecho innegable es que el voto femenino ha sido determinante y decisivo.

"La decisión y el ánimo de las mujeres se puso de manifiesto en 1996, cuando se estrenó el sistema de votación del colegio cerrado. Las votaciones eran en la mañana para las mujeres y en la tarde para los hombres. "Siempre se criticó que fueran las mujeres las que tuvieran que votar en la primera tanda debido a su trabajo en el hogar", comenta Duarte.

Refiere que cuando a un juez de la Junta Central Electoral se le preguntó el por qué esta decisión, el magistrado respondió que "pusimos a las mujeres por la mañana para asegurar una mejor organización". Pero a pesar de la fuerza del voto femenino, lograr que los partidos políticos lo reconocieran fue una constante y persistente lucha de años.

El 21 de diciembre 1997 fue un día de esperanzas para las dominicanas: el Poder Ejecutivo promulgó la Ley Electoral 275-97, cuyo artículo 68 establecía una cuota de un 25% en las candidaturas al Senado, Cámara de Diputados, sindicatura, vicesindicatura, regiduría y suplencia. Tres años después, la Ley 12-2000, modificó la 275-97. A partir de esa modificación el porcentaje aumentó un 33%, pero no incluía al Senado de la República.

Duarte indica que esta cuota femenina representa una medida compensatoria para saldar parte de la deuda histórica que la democracia dominicana tiene con las mujeres.

"Mientras el derecho al voto masculino, aunque reservado a ciertas categorías sociales, se establece al fundarse la República en 1844, el derecho al sufragio de la mujer fue introducido como un precepto constitucional casi un siglo después. Es en el año 1942 cuando se reconoce su condición de ciudadana con capacidad política para decidir". En las boletas de aquel voto -ensayo se escribió: "Voto por que sea reformada la Constitución del Estado en el sentido de otorgar a las mujeres dominicanas el derecho de elegir y ser elegidas".

"En la política, somos relegadas"

 A pesar de que las mujeres son la mitad de la población votante, y que participan tanto como los hombres en la política, "a la hora de repartir los puestos somos relegadas". Isis Duarte explica que históricamente la mujer ha sido dejada a un lado en los espacios de toma de decisiones.

"Cuando se observan las estadísticas, y los datos, del número de mujeres en el Congreso o en los ayuntamientos se percibe un estancamiento y que no hay un incremento de la participación, no aumenta la representación en las candidaturas". De acuerdo con la socióloga, la Ley sobre la cuota femenina no impulsa cambios en las estructuras políticas de los partidos. Para Duarte, la gran barrera para el aumento de la participación de la mujer en el ámbito político son las mismas organizaciones políticas a las que pertenecen, "que no dan oportunidades, recursos ni facilidades similares a la mujer con relación a los hombres, para que se incorporen a los procesos electorales".

Tampoco, los partidos proporcionan espacios a las mujeres de sus filas después que son gobierno, cuando llegan al poder.

Y como ejemplo, un botón: el gobierno de Leonel Fernández apenas cuenta con dos secretarias de Estado. Éstas incluso estuvieron en su anterior período gubernamental (1996-2000): Alejandrina Germán, secretaria de Educación (en el período 1996-2000 ocupó el cargo en Educación Superior) y Ligia Amada Melo de Cardona, secretaria de Educación Superior (en 1996-2000 fue la titular de Educación).

"No se cuenta la titular de la Secretaría de la Mujer, porque es obvio y obligatorio que sea mujer", comenta Duarte.

20080303 http://www.diariolibre.com

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