Samaná y la tecnología del encanto (3 de 3)

Se necesitarían construir puertos que permitan el acceso de los cruceros a Samaná.

 Último artículo de la saga sobre las potencialidades turísticas de Samaná y del propósito de convertirla en el "Montecarlo del Caribe", las dificultades de ese proyecto y lo que se necesita para llevarlo a cabo. Por Juan Lladó

Los encantos naturales de Samaná no son suficientes para hacerla un enclave turístico de alto lujo. La creciente competencia de otros destinos tropicales impediría un desarrollo acelerado de ese tipo. Se requerirá una ambiciosa estrategia donde converjan los sectores público y privado para catalizar el deseado "Montecarlo del Caribe". A continuación se proponen medidas que, aunque parezcan ambiciosas y, algunas hasta descabelladas, estimularán la imaginación y tal vez hasta la reflexión.

Al Estado le tocaría tomar el liderazgo con una especial legislación de incentivos. No sería posible prohibir los desarrollos que no sean de alto lujo porque eso violaría los derechos de propiedad y de libre empresa que garantiza la Constitución. Pero sí sería posible limitar los incentivos fiscales (leyes 158-01 y 184-02 ) para que se ofrezcan solo a proyectos de alto lujo en esa demarcación. Para reforzar el atractivo a la inversión, el Poder Ejecutivo ofrecería también privilegios adicionales a ser definidos en consulta con los promotores.

Lo segundo es declarar la intención y requerir, mediante una ley especial, los planes para hacer de Samaná un destino turístico carbono neutro. Esto incluiría un firme programa de reconversión hacia las energías renovables y otro de sostenibilidad ambiental. Para todas las áreas protegidas de la península se exigirían planes de manejo actualizados, con sus correspondientes programas de trabajo y financiamiento. Los ministerios de Medio Ambiente y de Turismo harían de Samaná un proyecto especial. Entusiasma el hecho de que los samanenses firmaron recientemente un compromiso con el Ministerio de Medio Ambiente para cuidar sus recursos naturales.

Otra medida estatal sería una lujosa remodelación del puerto de Punta Botado para atraer cruceros. Allí se establecería un puerto libre que rivalice con las Islas Vírgenes y se exoneraría del pago de impuestos a los cruceros de alto lujo. También se prohibiría estacionarse en cualquier otro lugar de la península. Los cruceristas pasearían por la provincia, pero también se derramarían a Nagua contemplando de paso el maravilloso cocal del trayecto a Matanzas y Matancitas.

El complemento ideal de los cruceros sería el dragado profundo del puerto de Santa Bárbara y una marina de altos quilates para incentivar un mayor flujo de yates de alto lujo. La ciudad sería también conectada con Miches, Sabana de la Mar y Bávaro con ferries de alto lujo. Naturalmente, lo ideal sería que la inversión correspondiente fuera privada. Pero el Estado podría incentivarla con algunos subsidios especiales y exoneraciones impositivas para hacerla rentable. El Gran Estero también tendría que ser acondicionado para su uso por parte de embarcaciones pequeñas.

El Estado exoneraría del pago de todos los impuestos, incluyendo el del avtur, a todos los vuelos que aterricen en el Aeropuerto El Catey a condición de que provengan de las grandes ciudades de Europa y Norteamérica. (Especial consideración tendrían los países europeos nórdicos.) En adición, el Estado remodelaría los aeródromos de Arroyo Barril y Portillo para permitir el aterrizaje de jets ejecutivos. Las terminales correspondientes deberán ser de alto lujo y esos aparatos serían exonerados totalmente del pago de impuestos.

Con inversión estatal se construiría también un entramado vial de montaña por toda la península, con paradores especiales que faciliten la contemplación del paisaje. El complemento de esta medida sería hacer de la península el mayor jardín tropical del Caribe, teniendo como eje central a las orquídeas. Contemplar las flores tropicales sería el incentivo para el uso de esas vías montañosas. Un gigantesco acuario en Sánchez añadiría otro apropiado atractivo.

La carretera de circunvalación habría que completarla construyendo el tramo El Limón-Las Galeras. Pero un mayor y más deseable reto sería la construcción de una autopista que conectara a Sánchez en línea recta con San Francisco de Macorís (SFM), a fin de incentivar el uso del aeropuerto El Catey por parte de los nacionales y facilitar el desplazamiento de los turistas al interior del país. Esa inversión sería mucho más productiva que la del aeropuerto que se pide para SFM porque pondría al Catey a no más de una hora de distancia.

Una alternativa a esta autopista sería la construcción de un ferrocarril de alta velocidad, con cabinas de pasajeros con vista panorámica en el tope, entre Sánchez y Santiago, con SFM como su única parada. Esa trayectoria condiciona con la prevista para el ferrocarril propuesto por el Consejo Regional de Desarrollo del Noreste. Pero en el diseño de los vagones del tren habría que compatibilizar el transporte de turistas con el de carga.

Habría que también consensuar medidas especiales para garantizar que la playa de Rincón se usara en el desarrollo de un proyecto de siete estrellas. Si no es posible rivalizar con la playa de Grace Bay en Islas Turcas, la mejor del mundo, por lo menos se competiría con la planeación del desarrollo y la calidad de las facilidades. Otras medidas para las que sería necesario el apoyo estatal tendrían que ver con la artesanía del coco, los casinos a ser localizados en Las Terrenas solamente, los camarones de Sánchez, la gastronomía regional y los torneos de pesca en la Bahía.

Pero hacer de Samaná el tipo de "Montecarlo del Caribe" que queremos, requerirá de una gran inversión pública. Es precisamente en este requisito donde está la prueba de su viabilidad. Porque resultaría muy cuesta arriba para cualquier gobierno privilegiar a Samaná con inversiones que posiblemente sobrepasarían los US$500 millones (aunque el tren y la carretera servirían a otras provincias). En Samaná hay muy pocos votos y, además, a los otros votantes nacionales no le gustaría pagar para crear ambientes privilegiados para los que ya son privilegiados.

Los líderes provinciales y estatales deben pensar en las alternativas. Sin la carretera y el tren, la inversión total podría ser de menos de US$150 millones. Ya eso sería más viable para el Estado, especialmente si algunos de los proyectos son sociedades ("partnerships") público-privadas. Algún organismo multilateral de financiamiento también pudiera financiar proyectos. Pero el Clúster Turístico de la provincia tendría que diligenciarlo con perseverancia y firmeza, lo cual es poco probable que suceda porque la entidad, como los demás clústeres, es endeble. Habría que nuclear un entramado de actores con gran determinación y coraje.

Soñar a Samaná como el "Montecarlo del Caribe" no es de orates. Hacer que los turistas ricos la codicien, como hicieron los conquistadores del pasado, es perfectamente posible y deseable. Ahora bien, la capacidad de nuestro liderazgo nacional (o de nuestro "capital social") no se distingue por la realización exitosa de proyectos de estas dimensiones y complejidades. De ahí que el mérito de las ideas que aquí se presentan es solo el de alertar sobre la naturaleza y grado de dificultad del desafío. Solo si este se enfrenta se llegaría a conocer por dónde le entra el agua al coco.

20120604 http://www.diariolibre.com

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