En el mar, la solución de la contaminación es la dilución

Esta historia es parte del especial “Limpiar nuestras costas” de Diario Libre, realizado por Marvin del Cid en colaboración con Oscar Oviedo, Rubén Torres y Nelson Bautista, con motivo del “Día Internacional de Limpieza de Costas”.

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Aunque realmente no, pero así dice el mito basado en que nuestro planeta “Tierra” en realidad es mayormente agua (no tierra), y que se estima que toda esa agua, que ocupa aproximadamente un 70% de la superficie de nuestro planeta, tiene un volumen aproximado de más de 1,300 millones de kilómetros cúbicos, lo cual es muchísimo para cualquier percepción o mente abierta que uno tenga. Este volumen está distribuido aproximadamente en:

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Como se puede entender, este es un planeta mayormente compuesto de agua salada, y mucha, contenida mayormente en océanos y mares. Y toda esta distribución de aguas de diferentes tipos y formas, se mantiene en un balance, en casi perfecto equilibrio en aquello que pudiéramos recordar de nuestra educación primaria, como el ciclo del agua, en la cual, el mismo volumen de agua existente en el planeta, pasa de mares a nubes, a lluvia, a ríos y de vuelta al mar, cambiando en los tres estados de la materia, líquido (agua líquida), gaseoso (nubes y vapor), y a veces sólido (hielos y nieves) cuando se congela en las altas montañas.

Y aunque oímos muy frecuentemente que el agua se va a acabar, esto no es cierto. Lo que puede escasear es el agua dulce y el proceso para que esta sea potable para nosotros, la cual es nuestra única fuente utilizada actualmente, y es aproximadamente menos de un 1% de todo el volumen de agua que existe en el planeta.

El restante 97% ha existido en los océanos y mares desde los inicios de nuestro planeta “Tierra”, subutilizado en gran parte, y usado mayormente como medio de transporte - embarcaciones de pasajeros antes del desarrollo comercial de las aeronaves, pero mayormente carga de todo tipo, actualmente -, y también, para verter nuestros desechos, ya sea de manera indirecta, mediante la erosión de los suelos con las lluvias, la cual pasa por los ríos en su rumbo al mar, y de manera directa, con emisarios submarinos, con agua tratada o no tratada, directamente al mar. Y todo esto, bajo el concepto expresado en el título de este escrito, que todo ese gran volumen de agua salada presente en nuestro planeta se purifica mediante su trayectoria por el ciclo del agua, y tiene la capacidad de aceptar y diluir todo lo que quisiéramos verter en la misma.

Sin embargo, la realidad es muy diferente al mito, basta caminar por nuestro malecón, y ver el color o turbidez del mar, o los desechos que se acumulan diariamente en las costas. Hemos demostrado, que podemos contaminar el mar, constantemente, y especialmente en zonas desarrolladas para la existencia de los seres humanos, y a pesar que hemos desarrollado procesos para la recogida, distribución, disposición, tratamiento, e incluso reciclaje de esos desechos, seguimos contaminando ese mar que una vez creímos tan vasto y abundante que podía diluir todo tipo y cantidad de contaminantes.

Un hombre nada en las aguas contaminadas del Malecón de Santo Domingo.
Un hombre nada en las aguas contaminadas del Malecón de Santo Domingo. ( )

Podemos seguir teorizando y buscando alternativas para que nuestros desechos no contaminen nuestros mares, pero debemos hoy buscar solución más allá de los exitosos programas de mercadeo y promoción que nos hace lucir más verdes para:

- Reducir la cantidad de material que necesitamos directa o indirectamente para el desarrollo de nuestras actividades diarias.

- Disponer de ese reducida cantidad de material (a desechar) de una forma amigable con el planeta.

- Reutilizar o reciclar esa otra porción que no desechemos y podemos aprovechar para otros fines.

A manera de un experimento a escala global sin precedentes, llegó el COVID-19, para enseñarnos que podemos hacer cambios globales, y rápidos, mas allá de los requeridos por gobiernos en los varios tratados relacionados al cambio climático, pero que, también, la solución para la contaminación, es la dilución (y la reducción de los impactos humanos).

Durante varios meses, se redujo el tránsito de humanos de un lado a otro, y con ello hubo una drástica reducción en el turismo y todos los impactos que eso genera directamente, así como impactos indirectos resultado de las actividades de los humanos que dan soporte a esa industria turística. También, mediante toque de queda, haciendo que la gran mayoría de los dominicanos permanecieran en sus hogares gran parte del día para controlar la expansión de este virus a la población. Y aunque esta situación es grave para la vida en sociedad de la especie humana, los mares y sus miles de especies se vieron beneficiados debido a la reducción drástica de la actividad humana y los impactos negativos que esta había traído sobre los mismos, desde que el primer humano pisó estas tierras.

Vista aérea de Boca Chica sin turistas por efecto de la pandemia de Covid-19
Vista aérea de Boca Chica sin turistas por efecto de la pandemia de Covid-19 ( )

En las redes sociales se comenzó a hablar con evidencias de mejoría en los ambientes naturales; los análisis de la calidad del aire, comenzaron a reflejar mejorías casi inmediatas en las regiones afectadas por estas reducciones de las actividades humanas, y en comparación con tiempos anteriores, cuando la actividad humana era normal y abundante.

Vimos delfines entrado a marinas y puertos, aguas transparentes en los canales de Venecia y un sin número de otras evidencias que nos hacían pensar que el planeta estaba tomándose un respiro, de nosotros. Viendo estas evidencias, decidimos comprobar y documentar, mediante el método científico, estos cambios aparentes, y demostrar a ciencia cierta que somos capaces de cambiar, cuando realmente nos disponemos a hacerlo, y en la escala global apropiada.

Los resultados encontrados en ese estudio, aunque esperados, son muy sorprendentes ya que nos demuestran, mediante el desarrollo del método científico, que nuestros mares, a pesar de tener varias décadas bajo los impactos negativos que resultan de las actividades humanas, pueden recuperarse en apenas unas pocas semanas, sin tan solo les damos un respiro.

Esto debe llamarnos a reflexión, primero para entender nuestra relación tóxica con nuestro entorno, que no es para nada sostenible a largo plazo, lo cual nos perjudica a nosotros mismos, y que a lo mejor, deberíamos establecer un sistema de manejo, en el cual, podamos dar un respiro de vez en cuando y en forma regular a nuestros mares, para asegurar su bienestar a largo plazo, y permitir su recuperación escalonada a través del tiempo. Después de todo, nos debemos al mar.

Nuestros océanos, y todos los organismos que viven en ellos, ya no aguantan un desperdicio o gota de agua contaminada más, y volviendo al mito inicial, también hemos comprobado, que si damos un respiro a los océanos, tal cual ha sucedido sin precedentes durante esta pandemia de COVID-19, estos pueden limpiarse, y rápido, lo cual es alentador, pero no tenemos que esperar al próximo virus que nos haga frenar nuestras actividades a su mínima expresión: y lo más seguro, el manejo de nuestros desechos, se vuelva más simple, y no tengamos la necesidad de tener un día de limpieza de costas, si no 365 días de costas limpias.

Sobre Rubén Torres, Ph.D.

Reef Check se estableció en la República Dominicana en 2004 bajo la dirección del doctor Rubén Torres y el apoyo de una junta de directores. Juntos, han llenado un espacio muy importante en materia de conservación de los recursos marinos costeros de la República Dominicana por el rápido crecimiento la industria del turismo.

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