Niñez subyugada por el matrimonio infantil

12 años de edad y cinco meses de embarazo; 18 años y tres hijos... el drama social de las niñas casadas

Su nombre es Virgen, tiene 18 años y tres niños. El menor apenas cumplió los cuatro meses, el mayor tiene cuatro años y la segunda va rumbo a cumplir dos.

Su historia de maternidad comenzó cuando cursaba el octavo grado de primaria, a los 14 años. Conoció a un señor, de 40 años –recuerda–, con el que empezó a salir. Cuando le comentó que estaba embarazada la abandonó. “Él me lo negó (no le reconoció el hijo legalmente) y nunca me ayudó (con la manutención)”, comenta la joven madre que, para ese entonces, asustada, ocultaba bajo un abrigo a la criatura que se hacía espacio en su vientre.

A los seis meses, le confesó la verdad a su madre, quien tuvo que hacerse cargo de la atención de ambos.

Su primer hijo, apenas había cumplido el año de nacido, cuando otro señor, 26 años mayor (tiene 44), se unió a ella y de esa relación nacieron sus otros dos hijos.

Virgen sabe que la relación conyugal de un adulto con una menor de edad no es legal, pero lo acepta como algo normal, porque en el pueblo de la cordillera Central donde vive, muchas de sus amigas también establecen relaciones maritales siendo menores.

Desde hace cuatro años Virgen pasó, sin siquiera proponérselo, a agrandar las cifras de “menores casadas” o “separadas de sus parejas” en República Dominicana, uno de los países de América Latina y el Caribe con mayores tasas de matrimonio infantil.

El estudio Matrimonio Infantil y las Uniones Tempranas en República Dominicana, realizado en 2019 por el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) y el programa Progresando con Solidaridad (Prosoli), del Gabinete de Coordinación de Políticas Sociales de la Vicepresidencia de la República, registra que un 36 % de las jóvenes entre 20 y 24 años que estableció una unión matrimonial antes de cumplir los 18 años.

Basan el dato en los resultados de la Encuesta Nacional de Hogares de Propósitos Múltiples (Enhogar-MICS 2014-2), la cual arrojó que, el 35.9 % de las mujeres jóvenes (entre 20 y 24 años) se casó o unió antes de los 18 años y el 12.3 % lo hizo antes de los 15 años.

El dato colocó a República Dominicana por encima de 22 países de la región con los que se comparó, siendo el más próximo Honduras, con un 24 %. También superó el promedio general que fue de 23 %.

   

En agosto de 2017, otro estudio: Impacto Económico del Matrimonio Infantil y las Uniones Tempranas, realizado por el Banco Mundial y Unicef, advertía que si bien en República Dominicana, al igual que a nivel global, la proporción de niñas que se casan ha disminuido en los últimos años, no ocurre con la suficiente rapidez.

La Enhogar 2018 volvió a arrojar datos al respecto. Encontró que el 15.6 % de las adolescentes entre 15 y 19 años ha estado casada en una relación consensual o legal, un porcentaje que llega al 22.3 % en las zonas rurales. Se suma un 8.2 % de las adolescentes que dijo que está separada, lo que deja el porcentaje de las solteras en solo el 75. 6 %.

Por grupo socioeconómico familiar, las que pertenecen a los sectores más empobrecidos del país son las que más se han casado. El 34.2% de ellas pertenece al nivel socioeconómico muy bajo y el 21 % al nivel bajo, en contraste con el 3.8 % de las adolescentes casadas en el nivel socioeconómico alto.

Para la Enhogar 2018, una encuesta de la Oficina Nacional de Estadística (ONE), también se incluyó una muestra de 1,176 adolescentes casadas, y se encontró que el 24.1 % se unió a una pareja antes de cumplir los 15 años, el 46.4 % lo hizo antes de cumplir los 16 y, sumados, llegan al 86.5 % las que se casaron sin haber cumplido los 18 años. Es decir que solo el 13.5 % se casó luego de cumplir la mayoría edad.

“El matrimonio infantil, o matrimonio que ocurre antes de los 18 años, ya sea por unión formal o informal (uniones tempranas) pone en peligro la trayectoria de vida de estas niñas de muchas maneras”, dice el estudio del Banco Mundial y Unicef que resalta que, cada día, más de 41,000 niñas contraen matrimonio en todo el mundo, a menudo antes de estar preparadas física y emocionalmente para convertirse en esposas y madres.

“Estas niñas corren graves riesgos para su salud por tener hijos a temprana edad y tener mayor número de hijos, por su abandono escolar, y por tener menores ingresos durante toda su vida y vivir en la pobreza, comparándolas con las mujeres que se casan con mayor edad”, resalta el documento.

Señala además que estas niñas tienen mayor probabilidad de experimentar violencia a manos de su pareja, movilidad física restringida y capacidad reducida para tomar decisiones.

“Yo quisiera volver a estudiar, pero con tres niños es difícil, porque no tengo a nadie que me los cuide”, comenta Virgen, que una vez atesoró la idea de ser maestra, un sueño que hoy, mientras ve a sus chiquillos corretear por el patio de su pequeña vivienda, le resulta casi imposible de lograr.

Su esposo, un agricultor que además es padre de otros cuatro hijos, incluso mayores que Virgen, pasa gran parte del tiempo trabajando la tierra, fuera de casa.

La familia vive en la comunidad El Café, en Tireo, Constanza, en donde la gran mayoría de los habitantes encuentra sustento en el cultivo de los vegetales y hortalizas que permite el clima templado que caracteriza esa zona montañosa, que se eleva a más de 1,200 metros sobre el nivel del mar.

La profesora Germania López, residente en Tireo, siente preocupación por la cantidad de matrimonios tempranos y embarazos en adolescentes que ve en su comunidad.

La mujer de 59 años de edad, que hizo boda cuando apenas tenía 15, entiende que la situación actual no es la misma que en la época en que se casó. Así se lo dice a las alumnas a las que ahora imparte docencia en los cursos de Prepara, la modalidad de clases sabatinas para adultos del sistema educativo dominicano.

También lo repite en los talleres de orientación que imparte como promotora de Salud dentro de la comunidad, función que ejerce luego de concretar estudios de Educación con especialidad en Ciencias Sociales, una carrera que cursó –y lo cuenta con orgullo– junto a su hijo menor.

“Cuando yo me casé, tenía el apoyo de mis padres, y mi pareja y yo hemos estado juntos todo el tiempo; pero ahora, lo que vemos es que muchas niñas son abandonadas luego de que salen embarazadas, que no tienen apoyo. Hemos visto casos hasta de suicido de algunas jóvenes por la desesperación”, cuenta.

Para enfatizar la gravedad de la situación, señala que solo para el próximo curso de Prepara se han inscrito 70 estudiantes y que “la que no está embarazada, ha tenido hijos”. Cree que la situación actual es igual o peor a la que se registró durante un censo realizado en 2010-2011 en el municipio, del que, conforme a los datos que recuerda, el 45 % de las niñas entre 12 y 14 años estaba o había estado embarazada.

Entre el personal del centro de salud de Tireo existe una preocupación similar. María Fernanda Cruz es médico pasante del centro y, en el año que lleva en el lugar, ha visto 38 casos de embarazos en jóvenes de entre 15 y 19 años, varias de ellas en espera del tercer o cuarto hijo.

Embarazada a los 12

Una niña de 12 años con cinco meses de gestación.
Una niña de 12 años con cinco meses de gestación. ( )

Sus ojos se nublan. Una lágrima espesa se desprende y se desliza por su mejilla derecha. Al preguntarle cómo se siente, su rostro dibuja una sonrisa que deja ver la inocencia de una niña que todavía no comprende la situación por la que atraviesa.

En su vientre abultado gesta a un niño de 5 meses, que quiere para cuidarlo –comenta–, aunque sus capacidades no les permiten siquiera cuidar de ella misma. A sus doce años, habla con timidez y entre risas.

Su abuela, que le acompaña, la define como “una niña especial”, aunque sin referir un diagnóstico específico. Solo sabe que no “rinde” en la escuela y que hay que estar pendiente de ella “porque no está bien”.

Pero la tarea se le hace ardua a esta señora de 56 años, que ya es bisabuela de cuatro, y que depende de unos 500 pesos que recibe como paga tras un día de trabajo en un invernadero.

El embarazo de su nieta se dio en una violación que todavía se investiga. Aunque dio parte a las autoridades, la abuela decidió que el hombre a quien la niña señala como responsable del embarazo no vaya a la cárcel, por dos razones: “Uno tiene que esperar a que nazca el bebé para hacerle la prueba de ADN, entonces sí, porque uno no puede estar seguro que fue él que le hizo ese daño. Pero, además, si lo meten preso, quién mantendrá a las dos hijas que tiene y al niño que nacerá”, se cuestiona.

La niña puede llamarse María, Juana, Esther... son muchos los nombres de las menores de edad que cargan o han cargado con un embarazo no deseado en República Dominicana.

La Enhogar 2018 reveló que una de cada cinco adolescentes entre 15 y 19 años, alguna vez ha estado embarazada, 23.7 % en la zona rural y 18.1 % en la zona urbana; además, que el 13.8 % de las adolescentes ya son madres, aunque el 68 % no quería quedar embarazada en el momento de concebir a su hijo.

Aunque la abuela de la menor dice estar “agarrada de Dios” y decidida a su voluntad, no logra evitar que se descubra su angustia. Ella vive en una pequeña casa de madera, donde la pobreza económica resalta desde lejos. Contigua a su casa está la de su hija, madre de la menor, que lleva dos años postrada en una cama debido a las lesiones que le dejó un accidente de tránsito.

Casarse y tener hijos, ¿único fin?

En el estudio realizado por Unicef y Prosoli se advierten algunos factores que se relacionan con el matrimonio infantil. Además de la pobreza y falta de oportunidades de formación, apuntan a la existencia de un marco legal que legitima esa práctica y las normas sociales y la violencia de género que generan pautas culturales que favorecen su ocurrencia.

“Aspectos socioeconómicos tales como la pobreza, las desigualdades de género, los bajos niveles educativos, la limitada provisión de servicios sociales y la falta de oportunidades de formación técnica o universitaria, para las adolescentes y jóvenes, constituyen factores de riesgo que influyen directamente en la incidencia y la reproducción del problema”, plantea el documento.

Rosa Elcarte, representante de Unicef para República Dominicana, recuerda que hasta el año 2017 el tema ni siquiera estaba en la agenda pública, y hubo que aprender sobre las pautas culturales que lo permiten. Recae en el machismo que impera en el país.

“En el estudio que realizamos en 2018, encontramos que la comunidad, en un 95 %, considera que el rol de la mujer es casarse y tener hijos, ser buena madre y buena esposa”.

También encontraron que, para muchos, la edad ideal para casarse es entre los 18 y 21 y se ve como normal el matrimonio a los 14 y 15 años.

“Otros aspectos que encontraron es que, aunque se sabe que es una práctica nociva, no se denuncia y que casi nadie ve el hombre como responsable del matrimonio infantil, sino a la familia de las adolescentes o a las propias niñas”.

Actualmente, Unicef, lo mismo que otras instituciones que se han sensibilizado con la situación en el país, trabajan en programas de prevención, llevando mensajes incluso a las escuelas, y en la actualidad se trabaja en un borrador de un plan nacional sobre matrimonio infantil.

A nivel gubernamental, Elcarte destaca los programas en favor de mantener a los niños en las escuelas, lo que, de forma indirecta, ayuda a evitar que se unan en matrimonio.

También resalta la mayor incidencia pública que se ha logrado en los últimos tres años, logrando voces en contra del matrimonio infantil, tema que se discute, incluso, a nivel legislativo para que se cambie la legislación que lo legitima.

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