Buscando a Óscar (III)

Con reportes por Habiba Nosheen, especial para ProPublica, y Brian Reed, This American Life

Óscar Ramírez en su casa en Boston

Capítulo 5: La Cacería Avanza Hacia el Norte

Frustrados por el limbo en el que se encontraba el caso de Dos Erres, activistas guatemaltecos iniciaron un proceso en contra de su propio gobierno en un tribunal internacional.

La acción legal generó la publicación del listado de Kaibiles sospechosos. Algunos habían muerto, pero los demás seguían libres. De pronto, llegó una ayuda inesperada: En Washington, D.C. la unidad especial del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos (U.S. Immigration and Customs Enforcement, ICE) cuya misión es encontrar a los criminales de guerra que llegan a los Estados Unidos, se interesó en el caso.

Jon Longo, un agente de ICE en Palm Beach, Florida, de estatura baja y una barbita en el menton, recibió el encargo. Estadounidense de ascendencia italiana y originario de la ciudad de Boston, Longo tenía apenas dos años en ese trabajo. Sin embargo, contaba con una maestría en psicología y había trabajado durante ocho años como terapeuta en una prisión. Tenía bastante experiencia haciendo hablar a los criminales.

Investigadores de ICE sospechaban que Gilberto Jordán, uno de los Kaibiles identificados en la lista, vivía en la comunidad de Florida de Playa Delray, ubicada a media hora en auto desde la oficina de Longo. Jordán trabajaba como cocinero en dos ‘Country Clubs" de la zona. Longo recibió órdenes de investigar a Jordán. Si había participado en la masacre, Longo tenía que armar un caso legal en su contra haciendo uso de las leyes estadounidenses.


Gilberto Jordán (AP)


Jordán no podía ser juzgado por asesinato. Se había convertido en ciudadano de Estados Unidos y no podía ser deportado a Guatemala para enfrentar un proceso en ese país. EUA tampoco lo podía juzgar por un delito cometido muchos años antes, en un país extranjero.

Longo revisó las leyes de inmigración de los Estados Unidos. Jordán, quien tenía 53 años, había declarado en sus formularios de naturalización que no había sido miembro de las fuerzas militares ni había cometido delitos en Guatemala. Si era cierto que había sido miembro del ejército o había participado en el ataque en Dos Erres, había mentido en su declaración para conseguir la ciudadanía, y de esa forma, violado la ley estadounidense. Longo quería armar el caso de la manera más simple. Se preguntó a sí mismo: "¿Cómo pruebo que cometió esos delitos?".

El agente Longo se metió de lleno en los documentos del caso, enfocándose en su meta. Jordán dejó Guatemala casi inmediatamente después de la masacre y entró por Arizona, sin documentos. Gracias a una amnistía migratoria que se aprobó en Estados Unidos en 1986, pudo obtener su residencia legal en el país. Luego, obtuvo su ciudadanía en 1999. Tenía tres hijos grandes -uno de ellos era miembro de los Marines de Estados Unidos y había participado en la guerra de Irak.

Longo pidió el expediente militar de Jordán y confirmó las sospechas acerca de su pasado como soldado kaibil. Mientras tanto, agentes de ICE en Houston habían detenido a Alonzo, otro de los sospechosos implicados en el caso Dos Erres. Alonzo era el sargento que se había quedado con Ramiro, otro niño de cinco años que también había sido robado. ICE lo acusó de violaciones más graves a la ley, al entrar a Estados Unidos sin documentos por segunda vez.

Longo entrevistó a Alonzo sobre Dos Erres a principios del 2010. También buscó a Pinzon y a Ibáñez, dos kaibiles arrepentidos, que eran testigos en el caso. Todos le habían hablado del comportamiento de Jordán durante la masacre. Para mayo de ese año, Longo estaba listo para arrestar a Jordán. Sin embargo, fiscales estadounidenses le aconsejaron que necesitaba evidencia contundente que probara que Jordán había participado en la masacre y que había mentido. Sin evidencia sólida, tal como una confesión, la fiscalía no lo podía acusar.

Longo y sus superiores decidieron que era tiempo de visitar a Jordán en su casa. Era una medida arriesgada. Los asesinos tienden a confesar sólo en las películas, pero no en la vida real, especialmente aquellos con entrenamiento en guerra psicológica y en cómo no ser detectados.

Longo planificó su encuentro con mucho cuidado. Se enfrentaría a un soldado bien entrenado, que podría estar armado. Reclutó a un agente de ascendencia latinoamericana, quien también era un militar retirado de las fuerzas especiales, para que el encuentro fuera más ‘amigable'.

ICE ideó un plan ingenioso para acercarse al fugitivo. Jordán había sido miembro de la guardia presidencial en su país. Así que le preguntarían sobre el reciente arresto en Estados Unidos del ex-presidente de Guatemala, Alfonso Portillo, por corrupción y lavado de dinero. Después, le preguntarían sobre Dos Erres. Si Jordán no quería hablar, no había nada que pudieran hacer, y tendrían que retirarse.

En la mañana del día del encuentro, Longo ordenó que agentes de ICE siguieran a la esposa de Jordán, quien trabajaba limpiando casas en el área cercana. Los agentes de ICE, por su parte, pensaban visitar a Jordán en su trabajo. Pero justo ese día decidió descansar en casa por enfermedad. Así que, con sus chamarras con insignias de ICE, los agentes se presentaron frente a la casa de Jordán en un barrio modesto multiétnico de la Florida. La pick-up de Jordán estaba estacionada frente a la entrada de su cochera. Antes de bajarse de sus vehículos, los agentes le dieron dos vueltas a la casa. La primera vez, la puerta de la cochera estaba abierta, pero la segunda ocasión, estaba cerrada.

Longo llamó a Jordán por teléfono y se identificó como un agente de ICE. Jordán lo invitó amablemente a su casa. Cuando el equipo tocó a la puerta, nadie respondió. Longo volvió a llamarle, pero esta vez no recibió respuesta. El tiempo avanzaba. Los agentes tenían listos sus revólveres.

"No tenemos una orden de cateo", pensó Longo. "Quizá está preparando un cañón allí adentro."

Longo llamó a los agentes que vigilaban a la esposa de Jordán. Les pidió que la abordaran y le explicaran la situación. La esposa aceptó llamarlo. Jordán respondió a la llamada como un hombre acorralado.

"Vinieron a matarme", le dijo a su mujer por el teléfono.

"No. Son americanos", explicó la esposa.

"Pero están armados", respondió Jordán.

Al final, la tensión se disipó y Jordán abrió la puerta e invitó a los agentes a la cocina. Era bajo de estatura y parecía resignado. Su pelo canoso tenía un corte militar. Su cara estaba marcada por muchas arrugas. Vestido con una gorra de beisbol, camiseta y jeans, tenía una pinta de estar descansando. Se sentaron en la cocina alrededor de una mesa de madera rústica. Fotos de sus hijos colgaban en la pared. Comenzaron hablando de trivialidades en una mezcla de inglés y español. Pronto llegó a casa su esposa.

Jordán aceptó responder a las preguntas de los agentes. Longo le hizo firmar el formato de Derechos Miranda, que protege a las personas sospechosas que acuerdan hablar sin un abogado presente. Aceptó que fue un kaibil. Y les explicó que en su casa no exhibía ninguna memorabilia militar porque su esposa tenía miedo; había escuchado historias de ex soldados atacados en los Estados Unidos por guatemaltecos que odiaban a los militares.

Longo había entrevistado a muchos asesinos en su vida profesional. Éste no tenía la facha de ser uno. Aunque tranquilo y reservado, Jordán parecía querer hablar. Nos está soltando pequeños pedazos de información, pensó Longo.

"Tuve mis problemas en Guatemala," dijo. "Gente dice que hice cosas. Hubo una masacre".

"¿Dónde?", preguntó Longo.

"En un lugar llamado Dos Erres".

Longo no lo apresuró. La conversación volvió al tema de la masacre. Jordán respiró profundo. Entonces, les contó la historia de Dos Erres. Les describió la carnicería alrededor del pozo.

"Todos", dijo Jordán, y luego hizo gestos para indicar que tiraron a las víctimas dentro del pozo. Comenzó a llorar. "Tiré a un bebe en ese pozo", dijo.

Jordán contó cómo lloró en el momento en que mató al bebé.

Jordán negó haber violado a mujeres o a niñas. Su mujer escuchaba pensativa. "Ya sabe de Dos Erres", explicó Jordán.

"Yo sabía que este día iba a llegar", dijo. Longo pensó que se había quitado un gran peso de encima.

Después de 45 minutos de conversación, Longo agradeció a Jordán por su franqueza. Su corazón estaba a punto de estallar. Salió al lado de la cochera y llamó a un fiscal federal para reportar la declaración de Jordán. La fiscal le sugirió a Longo que no lo arrestara. Era mejor recalcar que la confesión fue voluntaria y sin ninguna presión.

"Dile que se presente en tu oficina mañana por la mañana, para una entrevista formal", le sugirió la fiscal.

Al día siguiente, los agentes arrestaron a Jordán cuando se presentó con su abogado a la cita. En pocas semanas, había admitido que era culpable de ocultar información y de haber dado declaraciones falsas en su forma migratoria.

La fiscalía quería que recibiera la sentencia máxima. En el juicio en una corte de Florida, Ramiro se presentó como testigo. Viajó desde Canadá, donde vivía como refugiado. Longo pensó que encontraría en Ramiro a un hombre acabado, pero era un joven guatemalteco de 33 años con mucha valentía y madurez.


Ramiro Osorio habla a la prensa

En su testimonio, Ramiro detalló cómo los kaibiles entraron a la casa donde vivía con sus padres y sus seis hermanos, y los golpearon y aterrorizaron.

"Comenzamos a rezar porque ellos nos dijeron: ‘si creen en Dios recen, porque nadie los va a salvar'", Ramiro atestiguó.

No es claro cuán precisa es la memoria que Ramiro tiene de ese día, pero contó ante la corte cómo, durante la masacre, él se quedó en la iglesia con las mujeres y los niños. Y los soldados tiraron a sus hermanos pequeños al pozo.

La condena por el crimen de Jordán nunca resulta en más de seis meses de cárcel. Pero el Juez del Distrito William J. Zloch estaba impactado por lo que escuchó. Cuando el abogado de Jordán argumentó que su cliente no era un peligro para la comunidad, el Juez se enfureció aun más.

"Después de todas estas acusaciones," demandó saber el Juez Zloch. "Cuánto más tiene que cometer después de este incidente? ¿Cuántas otras cabezas tiene que aplastar? ¿Cuántas otras mujeres tienen que ser violadas? ¿A cuántas otras personas tienen que disparar? ¿Cuántas?".

En septiembre 2010, Jordán recibió la sentencia máxima por el crimen: 10 años en una prisión federal.

Los investigadores de ICE comenzaron a revisar la lista de kaibiles sospechosos y a buscarlos en todo el país. En el Condado de Orange en California, agentes de ICE encontraron a Pimentel, el ex-sargento que, días después de las violaciones y asesinatos en Dos Erres, había partido hacia la academia militar estadounidense en Panamá. Pimentel había recibido una Condecoración del Ejército de Estados Unidos por sus servicios. Pero cuando lo encontraron, vivía sin documentos y trabajaba en mantenimiento. Fue deportado a Guatemala para enfrentarse a la justicia.

Investigadores federales también averiguaron que Sosa, el sub-teniente que supuestamente tiró la granada en el pozo de Dos Erres, era ciudadano estadounidense y un reconocido instructor de artes marciales en el Condado de Orange. Sosa se había escapado viajando a Canadá, donde lo detuvieron y ahora está en prisión, esperando a ser deportado para un juicio en California por falsificación de su forma migratoria. Alonzo, el kaibil que raptó a Ramiro, también se declaró culpable en Houston, y aceptó atestiguar contra Sosa, su antiguo oficial superior.


Leer más