El perseguidor de la justicia social

Perfil. Candidato a la Presidencia por la APD

Elisabeth y Max frente a parte de su colección étnica.

SANTO DOMINGO. Entrar a la casa donde Max Puig y su familia residen desde hace 30 años en Arroyo Hondo, es como llegar a la sala más dinámica y mejor ambientada de un museo de historia. En cada rincón del hogar hay un objeto étnico traído de un lugar distante, exhibida como recuerdo de sus periplos y regalos.

Una repisa con vasijas taínas y otras artesanías de Irán, Pakistán, Francia, la India, algún país de África o un lugar más cercano como Miches, definen el gusto por las piezas y música étnica del sociólogo y abogado que a sus 65 años de edad aspira a la Presidencia de la República por el Partido Alianza por la Democracia (APD).

Para este 2012, prefirió no apoyar a su anterior aliado y organización de la que salió en el 1992, el Partido de la Liberación Dominicana (PLD), porque asegura que el país merece un cambio político y económico. Esto lo decidió en base a sus experiencias como senador de Puerto Plata (1990-1994), ordenador Nacional para la Convención de Lomé IV (1996-2000), secretario de Medio Ambiente (2004-2007) y ministro de Trabajo (2008-2010).

Como funcionario, se enfrentó al vertido del "rockash" en Manzanillo y Arroyo Barril, fue interpelado por el Senado tras denunciar que legisladores intentaban modificar las leyes sobre áreas protegidas, y emplazó a las granceras que extraían ilegalmente arena de los ríos.

Su residencia se encuentra en un terreno de más de 700 metros cuadrados, que valoró en RD$10 millones en su Declaración Jurada de Bienes de 2008. En ese documento cuantificó en RD$2.5 millones los mobiliarios del hogar. Así lo ha reportado en otras dos declaraciones en poder de la Dirección Nacional de Persecución de la Corrupción Administrativa, que hizo en 1996 y en 2004.

Aunque Max no especificó a DL alguna inversión económica, en su reporte de 2008 citó RD$950,000 correspondientes a 950 acciones en la compañía Nexos Consultores. Para 2004, declaró una finca -ya vendida- en Yásica Abajo, Puerto Plata, valorada en RD$2 millones. Para ese año, totalizó sus activos en RD$13.4 millones.

Max y su familia procuran mantener relaciones cordiales con su vecindario. Disfrutan de horas de baño en la piscina de los vecinos. Roberto Báez valora que el político no altere la tranquilidad del sector con reuniones políticas. Los considera "excelentes vecinos".

El joven visionario

Maximiliano Rabelais Puig Miller, mejor conocido como Max, ha viajado 100 veces a Haití en 40 años, según él por su afinidad con su profesión de Sociología y porque asegura que es un deber conocer con quién se comparte la isla. La última vez que estuvo allá fue como Ministro de Trabajo, cargo al que renunció en julio de 2011 para lanzarse a la candidatura a la Presidencia por la APD.

Catedrático de la Escuela de Sociología de la UASD de 1971 hasta el 1992, inició su faceta de profesor a los 24 años de edad. Esta rama del saber le ha permitido ser consultor. Sus aptitudes lo llevaron a ingresar en 1974 a la Academia de Ciencias.

Ha publicado libros e investigaciones y, además de español, habla inglés, francés e italiano.

Por un momento, su presente no sería así. Un día de los años 50, sentado frente al mar en su natal Puerto Plata, pensó que quería ser capitán de goleta. Al crecer, se dio cuenta de que su interés por la justicia social era más fuerte.

Su hermana Sulamita Puig, maestra en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), recuerda que Max era un estudiante brillante que terminó el bachillerato a los 16 años. "Al ingresar en la universidad (UASD), a tan temprana edad, se acerca a los grupos estudiantiles universitarios, y desde entonces su compromiso y trabajo por la sociedad no ha cesado. Creó y trabajó en diferentes ONGs desde donde impulsó proyectos de apoyo y desarrollo comunitario. Creó el Foro Social de Puerto Plata y ha sido siempre militante de las mejores causas para el país", recuerda.

Cuando su padre fue designado embajador en Francia, la familia se fue a ese país cuando Max tenía 17 años. A esa nación se llevó sus ideas de una sociedad justa. Allí siguió sus estudios en la Universidad de París, cursando las licenciaturas en Derecho Público y Sociología, y los doctorados en Derecho Público y en Ciencias Políticas.

Fue durante sus estudios en Francia que Puig conoció a su esposa desde hace 38 años y madre de sus hijos: David Emmanuel, de 31 años, consejero de la embajada dominicana en El Cairo; y Tania Helene, de 26, licenciada en Administración de Empresas.

Con una energía y un temperamento dinámico, Elisabeth Buchel de Puig, es la antítesis de la parsimonia de su esposo y de su interés por la política.

"Odio la política", afirma la nacida en Francia, pero de padres rusos. "Mi rival ha sido siempre la política. Mi esposo fue marcado por la trayectoria de lucha antitrujillista de su familia, lo que explica que haya sido un joven con mucha sensibilidad social y que haya decidido luchar para transformar la sociedad. Cuando nos casamos, él estaba inmerso en la lucha clandestina en contra de Balaguer y desde entonces, desde múltiples y diversos escenarios, la política siempre ha estado presente en nuestras vidas", dice Elisabeth.

Ese antitrujillismo generó que en una ocasión Max fuera deportado a Venezuela, donde fue encarcelado.

Tras regresar al país, participa en los Comités Revolucionarios Camilo Torres (Corecato). Se integró a la cátedra en la Escuela de Sociología de la UASD hasta 1992. En ese tiempo fue profesor de Julio Sanz, quien más tarde trabajaría con él en las carteras que dirigió y hoy es miembro de la Dirección Ejecutiva de la APD.

Sanz describe a Max como una persona de carácter llano y sencillo. "Si tuviese que destacar algún defecto, es su perfeccionismo. Hasta el último momento estará tratando de mejorar la tarea que tiene por delante", comenta.

Max el justiciero

Para explicar de dónde viene su interés por la justicia social, Max Puig recuerda que su padre, el médico José Augusto Puig Ortiz, no cobraba sus servicios a quienes no podían pagarle. "Él decía que si él había aprendido a sanar, él no iba a permitir que una persona muriera por no tener dinero", dice.

Cuando la dictadura trujillista, su padre fue a la cárcel 13 veces y torturado. Una vez duró dos años preso, cuando Max tenía unos 12 años. Lo secuestraron y encerraron en el antiguo manicomio de Nigua. Posteriormente, lo trasladaron al siquiátrico del kilómetro 28 de la autopista Duarte.

Mientras tanto, su madre, la maestra Elvia Iluminada Miller Martínez, mantenía una pequeña tienda para subsistir y Max era el cobrador. Gracias a la persistencia de la familia, el político recuerda que en su casa nunca faltó nada.

Una vez que fue a ver a su padre, éste le dijo: "Mira Max, estoy aquí, pero no maté ni robé. Estoy aquí por oponerme a dos dictaduras: A la dictadura política de Trujillo que oprime al pueblo dominicano y a la dictadura del hambre y las necesidades". "Yo le dije: 'papá, voy a ser como tú, me voy a oponer a esas dos dictaduras' ".

Hoy, Max asegura que en el país hay una democracia, con sus excepciones, pero quedan las dictaduras del hambre y de las necesidades. Por esto busca ser Presidente.

mamejia@diariolibre.com

Dicen de él que... 

ELISABETH BUCHEL (Esposa). "Max es un esposo amoroso, respetuoso y apoyador. Siempre me ha dejado libre de asumir mis posiciones y de criticar, aún si no compartíamos los mismos puntos de vista. Ha apoyado mi crecimiento personal y puedo contar con él en todo".

SULAMITA PUIG (Hermana). "Cuando estaba de novia de Alejandro, mi esposo, un fin de semana se nos ocurrió que ese domingo nos casaríamos sin decírselo a nadie, excepto a Max. Lo llamamos para expresarle nuestro propósito y para que fuera nuestro gran y, quizás, único testigo. Max vino adonde nosotros, nos mostró todo su apoyo, pero nos convenció de que no debíamos hacerle eso a nuestros padres y que debíamos hablar con ellos, lo cual se hizo".

JULIO SANZ (Compañero de partido). "Max es un ser humano que trata a todos por igual. Es llano, es cercano, capaz de compartir con los demás sin tomar en cuenta condición social o económica. Lo que más admiro es su dedicación a tiempo completo, para Max no existen los límites".

"Hoy (en RD) hay una democracia, con

sus excepciones, pero quedan las

dictaduras del hambre y de las necesidades".