Manuelómano Troncal

Manuel Troncoso
Cuando partí hacia Chile en 1966 viajaron conmigo varias composiciones románticas -poemario entrañable aparte Hay un país en el mundo de Pedro Mir- que constantemente revoloteaban en mi cabeza. Eran como piezas de fijación de señas de identidad de lo que había sido mi corta biografía (tenía 18 años). Una de esas piezas que se disparaba con frecuencia era una canción que advertía: "Para que tú no lo olvides/ te voy a decir/ tres cosas/ muy fácil de recordarlas:/ Te amo/ Te amo/ Te amo." Me martillaba la frase que insistía con énfasis de "embotellamiento" escolar: "Grábatelo en la memoria/ y conocerás la historia/ de quien te dice cantando:/ Te amo/ Te amo / Te amo." Cuánta sencillez, cuánta belleza en el decir poético. Qué tierna melodía así de simple. Confieso que en Chile esta declaración reiterativa de Tres veces te amo fue instrumento melódico eficaz.

Cuando el efecto de seducción se lograba no había más remedio que continuar. Entonces aparecía inmediatamente una voz interior gemela de aquella, que me susurraba: "Yo bien sé que es imposible/ ser dueño de tu amor/ pero si algún día decides/ darme tu corazón/ confieso vida mía/ que sería feliz/ teniéndote muy cerca/ de mi hasta morir/ porque te quiero/ te quiero/ te quiero/ te adoro mi bien". Era la voz de Rafael Solano -a quien imaginaba sentado al piano en la esperada cita dominical de la Hora del Moro-, la que me aportaba su Confesión de amor para remachar. Ya más entrado en confianza, con la relación en vías de consolidación, uno le decía a su pareja, recostado sobre el césped en el Parque Forestal o mirando hacia un azul brumoso que se perdía entre los acantilados serpenteantes del Pacífico: "Dónde estabas tú/ cuando llegó el amor/ a tocar las puertas/ de mi corazón/ Si yo te hubiera conocido/ que diferente hubiera sido". Como decirle a la amada: siempre te he querido, te he presentido aun sin conocerte. Por qué no llegaste antes a mi vida, bordeando los celos retroactivos. El impacto era perfecto, justo en la diana del amor. Lo digo en Honor a la verdad.

Como en la vida no todo es miel sobre hojuelas, al surgir los problemas me quedaba combustible en la reserva sentimental para recuperar la confianza en riesgo: "Perdóname esta vez/ si estoy equivocado/ enigmas en amor/ jamás pude acertarlos/ Pero he visto en tus ojos/ una ausencia de luz para mí/ Qué pretencioso fui/ al pretender de ti/ algún consuelo". Se venía todo a pique o se aclaraban las cosas. Era una Súplica que Manuel Troncoso se había encargado de meter como salvavidas de emergencia en mis maletas de estudiante viajero. Como tónico reconstituyente fungía otra melodía dicha en tono muy quedo por un pianista siempre enamorado: "Recuerda tú que me pediste/ grabar en música tu nombre/ precisamente aquella tarde/ cuando pensaba tanto en ti." Entonces me decían: "José Manuel, ¿y eso que cantas es de tu país?". Y yo, orgulloso, sonreía en señal de asentimiento. Pero cuando las cosas se tornaban peligrosas y la duda asomaba, este señor abogado del amor, me suministraba otra de las suyas: "Cuidado, si acaso tú/ jugando al amor estás/ porque ya mi corazón/ no es más que una sola herida". Y entonces no sabía si realmente estaba Cuerdo o loco.

Regresé en 1971 de ese acogedor rincón del Cono Sur -más bien un apéndice alargado entre el macizo cordillerano de los Andes y el inmenso océano Pacífico- y tuve la dicha de seguir alimentándome de Manuel. Rhina Ramírez me insistió con cierta impaciencia de mulata en flor primaveral con eso de que Tiene que ser y por si dudaba un ápice en el propósito me dijo enfática con esos ojos de ensoñación: Sígueme. Todo ello en recodos familiares de la sana bohemia o en shows que elevaba con su canto. Pero ha sido un amigo convertido en hermano -parroquiano del Club de los Corazones Solitarios del Sargento Pepper, fabuloso tecladista de soluciones intrincadas pero bellas, trabajadas como un buen jazzista elabora el tema y lo recrea-, el culpable de que evolucionara a Manuelómano adulto, que ya lo era de adolescente. Desde niño me contagió ese virus que portan los Manueles, pero en versión Sánchez Acosta, con su pegajoso Ven sonando por Beltrán en la vellonera del buenazo de Mañiñí. En la esquina de mi casa sancarleña de la Eugenio Perdomo.

Pedritín Delgado Malagón me tocó en su piano de cola o en el Yamaha portátil, ya en la guitarra acústica que portaba en el baúl del auto cuando era aguerrido clase media, los nuevos temas de Troncoso, los viejos conocidos y aquellos que se me habían escapado. Así me reencontré con ese maravilloso y misterioso Maniquí, confidente complaciente de íntimos sinsabores. Me dejé llevar por los caminos de sutilezas tiernas de Siempre tú: "Ya lo ves/ la vida va pasando/ y tú y yo nos vamos alejando..." Y tomé, disfrazado con El Antifaz y todo, un tour que me llevó al carnaval existencial de Troncoso, en el cual "la vida es como un baile de máscaras/ donde cada quien lleva antifaz/ pretendiendo engañar". Tema que alcanza en la voz de Tito Rodríguez su clima de plenitud, versionado en arreglo de voces acopladas como Carnaval por el robusto 4-40 original, cuando Maridalia soplaba a pleno pulmón solista con esos pechos Morel.

Finalmente este Delgado Malagón, que anda por el mundo con su caja de música a cuestas, me reveló Aparición. Cuando lo escuché le dije: "Pero che, eso es un tango. Qué tema." Y el ingeniero melómano, con su sonrisa socarrona me contestó: "No, José, eso es de Troncoso". Solano, en el CD Sígueme dedicado a este maestro, contrató un arreglo del argentino Carlos Franzetti, quien al parecer lo entendió al igual que yo. Expedy Pou, con su potente y dulce voz, le dio el giro perfecto. En Buenos Aires podría competir en buena lid con lo mejor de la tradición tanguera: "Dicen/ que al filo de la noche/ son muchos los que han visto/ vagar sin dirección/ sola, un alma triste y sola/ llevando entre sus manos/ su propio corazón". De puro corte surrealista.

Aparte de los cantantes de la hornada de Rahintel encabezada por Solano -Yvette Pereyra, Fernando Casado, Horacio Pichardo, Niní Cáffaro, Arístides Incháustegui, Aníbal de Peña, Cuqui Defilló, Los Solmeños, Luchy Vicioso, Luis Newman, José Lacay-, otros artistas del canto han cultivado a Troncoso, un verdadero sello de distinción. Sobresale el veterano Lope Balaguer, quien ha repasado el cancionero de este compositor intimista colocando su impronta elegante en cada verso fraseado con garbo y dramatización. Se destacan por su impulso difusor Rhina Ramírez, Cecilia García, Francis Santana, Fausto Rey, Expedy Pou, José Emilio Joa, Sonia Silvestre, Maridalia Hernández en el CD Amorosa, Rando Camasta -quien tiene un CD exclusivo con los temas de Troncoso dirigido por Jorge Taveras, auspiciado por el Banco Central en primorosa edición. Rafael Colón y Joseito Mateo han pulsado las ramas frondosas de este tronco. Ivonne Haza rescató Ya se acercan los Reyes. Y Mery López, compartiendo con Cecilia en el Bar de Teresa, nos regaló Darte.

La esmerada producción de Solano Sígueme, en la colección Canciones Dominicanas en Concierto en la que concurren Expedy, Rando, Ceara, Solano, coros, cuerdas, la trompeta estupenda de Mitrov. La magnífica Antología de la Canción Dominicana de Arístides Incháustegui, con Súplica en arreglo de Bustamante. Danny León en el álbum de Lavador. El ensamble coral armado por Nandy Rivas y Manuel Tejada para el Centenario de E. León Jimenes. Víctor Víctor en su CD Alma de Barrio. Ricky Noboa, en grabaciones de buen tino, ha registrado un arte que practica espontáneo en el Piano Bar del Club Naco. Allí, donde Héctor Cabral Ortega expiró un domingo triste a las 4 de la tarde, tras interpretar en su bien afinada voz las emblemáticas Arenas del desierto (de cosecha propia con Rafael Colón), Vivir de los Recuerdos (de su amigo Bobby Collazo) y Aparición, de quien fuera su compañero de promoción en la carrera de Derecho, a quien identificaba siempre como Manuel Troncoso Ramírez.

En la proyección internacional de este autor dos cantantes extranjeros están ligados umbilicalmente en sus respectivas carreras a su obra. Marco Antonio Muñiz, al desarrollarse como solista tras dejar atrás Los Tres Ases, marcó éxitos como Nunca y tú, Tres veces te amo, Cuerdo o loco, La vida va pasando (Siempre tú), grabando Peregrino, de Jesús Troncoso. Solano y otros criollos nutrieron a Muñiz, dando título a elepés. Tito Rodríguez -amigo de Sánchez Acosta en Nueva York, con quien jugaba golf- al metamorfosearse de timbalero vocalista a bolerista, se apoyó en los nuestros: Solano, Sánchez Acosta y Troncoso. Con éste la cosa fue tremenda. En 1965 apareció Tres veces de amo y El Antifaz. En Yo soy tu Enamorado (1968), entre 6 cortes dominicanos de 10, acompañados por la fabulosa orquesta de Leroy Holmes, figuran Cállate, Aparición, y Solamente amor. Ese mismo año sale El Fin. En 1970, junto al cuarteto vocal Los Montemar, grabó Canta Mundo y Tu nombre.

Cinco cubanas exponentes del feeling han aportado su acento. Veteranísimas Olga Guillot, Graciela con Machito en Sígueme, Renée Barrios acompañándose al piano, Vicky Roig con los Caballeros Montercarlo y una gema de la nueva generación, Anais Abreu, quien da un giro a Honor a la verdad que derrite sentimientos. Igual Blanca Rosa Gil con Porfi Jiménez. Vicentico Valdés, ese mulato elegante de estilo único, nos brindó Un mundo extraño. Daniel Riolobos, el mendocino bolerista aposentado en las Antillas y México, nos dejó Pequeñeces y Ese. Los borinqueños Raffi Muñoz, Gilberto Monroig con Tito Puente, Danny Rivera tienen Nunca y tú, Mi Calvario y 3VTA. La mexicana Angélica María, Canta Mundo. Plácido Domingo, el gran tenor novohispano, es reciente cultor con una versión de Sígueme en arreglo del argentino Bebu Silvetti, y de 3VTA. El canario Braulio hizo Honor a la verdad.

Por ahí anda una grabación con Manuel cantando sus canciones. Una joya. Yo siempre llevo a Yvette en mi mochila de amores de estudiante, junto a Solano en contrapunto de piano con su maravillosa discreta voz. Lope me invita a soñar "Cuando llueve y estamos juntos ese día". Porque "lo cierto es que son tantas cosas/ las que me hacen a mí enamorarme", gracias a Manuel.