Río+20, la cumbre ambiental de la disconformidad
RIO DE JANEIRO. Era muy difícil encontrar a alguien satisfecho al término de la cumbre ambiental Río+20.
Nadie, entre la legión de negociadores gubernamentales soñolientos de las 188 naciones que se reunieron en un fallido intento por lograr un avance en la conferencia de las Naciones Unidas sobre desarrollo sustentable. Nadie entre los miles de activistas que habían censurado y descrito la cumbre como un paciente que llega muerto al hospital.
Tampoco quedó contento el principal funcionario de las Naciones Unidas que organizó la conferencia, la de mayor escala en la historia del ente mundial. "Este resultado no satisface a nadie". Mi papel fue repartir por igual la disconformidad", dijo Sha Zukang, secretario general de la conferencia, en una síntesis amable del ánimo de la reunión. La conferencia, de tres días, concluyó la noche del pasado viernes. Al final, la cumbre terminó en una reunión para decidir la realización de ulteriores conferencias.
Ante los fracasos de las cumbres ambientales de los últimos años, en medio de la turbulencia financiera que ha suprimido la voluntad política para abordar problemas climáticos y conservacionistas, constituye en sí una victoria que se haya acordado una futura discusión. Ap
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