Gimnasta Rodríguez, una historia sin palabras
Se vio obligada a desarrollar el lenguaje gestual para comunicarse con sus padres sordomudos
LONDRES.- Carolina Rodríguez define el largo camino recorrido hasta llegar a los Juegos Olímpicos de Londres como "espinado", pero a la gimnasta rítmica española se le da mejor expresarse con el cuerpo que con las palabras.
No es casualidad, pues de pequeña se vio obligada a desarrollar el lenguaje gestual para comunicarse con sus padres, que son sordomudos.
En su debut del jueves en los ejercicios de pelota y aro, en que clasificó 15ta, la nativa de León de 26 años estuvo en todo momento acompañada en las gradas por una treintena de paisanos que, como su novio, se habían pagado el viaje y la entrada para apoyarla. El Comité Olímpico Español apenas dispuso de dos boletos para los padres de la atleta en un pabellón de 6.000 asientos, lo que resultó en dispersados núcleos de fieles repartidos por el recinto.
Videocámara en mano, su padre grababa minuciosamente sus pasos sobre el tapiz. "Se emociona mucho. Dice que, aunque no puede oír la melodía, la siente a través de mis movimientos", relató Rodríguez, quien se considera una gimnasta "muy artística".
Loli, hermana mayor de Carolina, quedó ubicada en un graderío perpendicular a sus padres, con los que se comunicaba por signos. Pero el ejercicio de mímica no obedecía únicamente a la forzada distribución. Tanto Carolina como Loli aprendieron desde una temprana edad a usar las manos en interacción con sus progenitores.
Esa temprana agilidad gestual, junto con su expresividad, son las grandes bazas de Rodríguez en los ejercicios que realiza, asegura su entrenadora, Ruth Fernández. "Es una gimnasta que tiene ángel y mucho temperamento. Es cien por cien expresión y se mueve por emociones y sentimientos. El hecho de haberse comunicado sin palabras desde pequeña le ha beneficiado".
Fernández no olvida su primer encuentro, cuando la pequeña de seis años acudió a un entrenamiento de animadora de su hermana. Al ver a una chiquilla practicando gimnasia, la hoy atleta olímpica no pudo reprimirse y exclamó: "¡Eso lo sé hacer yo!". Atraída por la curiosidad, Fernández le hizo una prueba, y tardó poco en percatarse de que tenía enfrente a un diamante en bruto.
Rodríguez inició entonces su sueño de acudir a unos Juegos, abandonando León con apenas 14 años para ingresar en la residencia Blume de Madrid, donde permaneció lejos del calor paterno unos siete años.
Cumplió su objetivo al clasificarse a Atenas 2004, donde consiguió un meritorio séptimo lugar en gimnasia de conjunto pero, al cumplir los 21, el equipo olímpico la invitó a irse por considerarla demasiado mayor, apartándola de los Juegos de Beijing.
Fue un trauma para la gimnasta, aunque Fernández recuerda ahora que el estilo pasional de su protegida nunca llegó a convencer a las preparadoras nacionales del equipo de gimnasia rítmica.
"Las entrenadoras de (Europa del) este se basan más en la ejecución que las sensaciones, y Carol necesita cariño, porque a veces su mente traiciona su talento. Nunca le sacaron partido, la marginaron y le dijeron que ya no valía para esto", relató.
La falta de tacto del cuerpo técnico, especialmente tras el fallecimiento de su hermano en accidente automovilístico a cuatro días de su participación en un Mundial, empujaron finalmente a Rodríguez al retiro y el retorno a León.
Allí se reencontró con Fernández, quien se propuso recomponer la quebrada moral de la talentosa atleta. "Empecé a picarla: 'Oye, ¿Por qué no coges el aro? ¿Por qué no te presentas al campeonato de España?".
La insistencia de la entrenadora, junto con la llegada de una nueva seleccionadora nacional, facilitó el pequeño milagro deportivo: Rodríguez regresó y, tras clasificarse en el preolímpico, ganó en junio su quinto campeonato de España, el cuarto consecutivo.
Actualmente, la española es la tercera gimnasta con más edad en Londres. En el equipo nacional, la segunda le lleva cinco años menos.
"Las sensaciones son muy buenas porque no he tenido fallos y ese era mi objetivo. Ha sido uno de mis mejores ejercicios", opinó sobre su estreno en Londres. "Si mañana lo bordo, igual clasificamos a la final. Sería un sueño, pero si no, me da igual. He salido a disfrutar y luego no me quería ir del tapiz por que me sentía muy feliz, con todo el mundo aplaudiendo...".
Aunque Rodríguez no cierra la puerta a competir en Río 2016, reconoce que "probablemente estos sean mis últimos Juegos. La veteranía es un grado, pero ya tengo mis achaques".
De su decisión dependerá en buena parte la rehabilitación de su maltrecho tobillo izquierdo, que tiene rotos los ligamentos. Para competir, se aplica ella misma un vendaje especial.
"Te tiene que gustar esto para tanto sacrificio y yo me siento bien haciendo gimnasia. Los momentos malos los olvidas con días como este. Creo que he nacido para este deporte".
Videocámara en mano, su padre grababa minuciosamente sus pasos sobre el tapiz. "Se emociona mucho. Dice que, aunque no puede oír la melodía, la siente a través de mis movimientos", relató Rodríguez, quien se considera una gimnasta "muy artística".
Loli, hermana mayor de Carolina, quedó ubicada en un graderío perpendicular a sus padres, con los que se comunicaba por signos. Pero el ejercicio de mímica no obedecía únicamente a la forzada distribución. Tanto Carolina como Loli aprendieron desde una temprana edad a usar las manos en interacción con sus progenitores.
Esa temprana agilidad gestual, junto con su expresividad, son las grandes bazas de Rodríguez en los ejercicios que realiza, asegura su entrenadora, Ruth Fernández. "Es una gimnasta que tiene ángel y mucho temperamento. Es cien por cien expresión y se mueve por emociones y sentimientos. El hecho de haberse comunicado sin palabras desde pequeña le ha beneficiado".
Fernández no olvida su primer encuentro, cuando la pequeña de seis años acudió a un entrenamiento de animadora de su hermana. Al ver a una chiquilla practicando gimnasia, la hoy atleta olímpica no pudo reprimirse y exclamó: "¡Eso lo sé hacer yo!". Atraída por la curiosidad, Fernández le hizo una prueba, y tardó poco en percatarse de que tenía enfrente a un diamante en bruto.
Rodríguez inició entonces su sueño de acudir a unos Juegos, abandonando León con apenas 14 años para ingresar en la residencia Blume de Madrid, donde permaneció lejos del calor paterno unos siete años.
Cumplió su objetivo al clasificarse a Atenas 2004, donde consiguió un meritorio séptimo lugar en gimnasia de conjunto pero, al cumplir los 21, el equipo olímpico la invitó a irse por considerarla demasiado mayor, apartándola de los Juegos de Beijing.
Fue un trauma para la gimnasta, aunque Fernández recuerda ahora que el estilo pasional de su protegida nunca llegó a convencer a las preparadoras nacionales del equipo de gimnasia rítmica.
"Las entrenadoras de (Europa del) este se basan más en la ejecución que las sensaciones, y Carol necesita cariño, porque a veces su mente traiciona su talento. Nunca le sacaron partido, la marginaron y le dijeron que ya no valía para esto", relató.
La falta de tacto del cuerpo técnico, especialmente tras el fallecimiento de su hermano en accidente automovilístico a cuatro días de su participación en un Mundial, empujaron finalmente a Rodríguez al retiro y el retorno a León.
Allí se reencontró con Fernández, quien se propuso recomponer la quebrada moral de la talentosa atleta. "Empecé a picarla: 'Oye, ¿Por qué no coges el aro? ¿Por qué no te presentas al campeonato de España?".
La insistencia de la entrenadora, junto con la llegada de una nueva seleccionadora nacional, facilitó el pequeño milagro deportivo: Rodríguez regresó y, tras clasificarse en el preolímpico, ganó en junio su quinto campeonato de España, el cuarto consecutivo.
Actualmente, la española es la tercera gimnasta con más edad en Londres. En el equipo nacional, la segunda le lleva cinco años menos.
"Las sensaciones son muy buenas porque no he tenido fallos y ese era mi objetivo. Ha sido uno de mis mejores ejercicios", opinó sobre su estreno en Londres. "Si mañana lo bordo, igual clasificamos a la final. Sería un sueño, pero si no, me da igual. He salido a disfrutar y luego no me quería ir del tapiz por que me sentía muy feliz, con todo el mundo aplaudiendo...".
Aunque Rodríguez no cierra la puerta a competir en Río 2016, reconoce que "probablemente estos sean mis últimos Juegos. La veteranía es un grado, pero ya tengo mis achaques".
De su decisión dependerá en buena parte la rehabilitación de su maltrecho tobillo izquierdo, que tiene rotos los ligamentos. Para competir, se aplica ella misma un vendaje especial.
"Te tiene que gustar esto para tanto sacrificio y yo me siento bien haciendo gimnasia. Los momentos malos los olvidas con días como este. Creo que he nacido para este deporte".
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