Apuesta al crecimiento, ¿pero cómo?
Las palabras de Mario Draghi fueron solo una acotación al margen, pero crearon conmoción. "Hemos tenido un pacto fiscal. En estos momento lo que tengo en mente es un pacto de crecimiento", le dijo el presidente del Banco Central Europeo al Parlamento Europeo. No entró en detalles. Pero dicho por un hombre estrechamente vinculado al deseo alemán de rectitud fiscal, sus palabras le dieron esperanzas a muchos de que la eurozona podría alejarse de su autodestructiva obsesión con la austeridad.
Parece que Draghi ha empezado a ser menos alemán y más francés mientras Europa espera la probable elección de François Hollande como el nuevo presidente francés. Hollande, un socialista, desea renegociar el pacto fiscal, un tratado que endurece la legislación fiscal, para incluir el crecimiento. En Bruselas se habla de un nuevo Plan Marshall. Herman Van Rompuy, el presidente del Consejo Europeo, se espera que convoque a una cena a los líderes de la Unión Europea para discutir el crecimiento. Con partes de la eurozona aplastados por la recesión y desempleo masivo, muchos ahora ven a Hollande con alivio. Hasta Ángela Merkel, la canciller alemana, ha cambiado el tono. Ahora ella insiste en que la política europea no solo se trata de disciplina presupuestaria, sino de medidas para promover el empleo y el crecimiento.
Sin embargo, nadie debe entusiasmarse con la esperanza de que la eurozona cambie radicalmente el curso. El llamado al crecimiento es como abogar por la paz mundial: todo el mundo está de acuerdo en que es una cosa buena, pero nadie se pone de acuerdo en cómo lograrlo. Las ideas de Draghi, hasta donde podemos imaginar, son promover las reformas estructurales para hacer a los mercados laborales más flexibles y estimular la iniciativa empresarial. Merkel se hace eco de esto, diciendo que no se necesitan miles de millones para promover el crecimiento. Los liberales agregan que la clave para un mayor crecimiento es eliminar barreras al mercado único de la UE, especialmente en servicios.
Sin embargo, Hollande está en contra de tales ideas. Su programa para Francia, que tiene uno de los mayores sectores públicos del mundo, trata principalmente de más gasto y más impuestos. En la UE él desea bonos de proyectos comunes europeos para financiar infraestructura, inyección de capital al Banco de Inversión Europeo (EIB) y la redirección de fondos regionales de UE para crear empleos. Gran parte de esto se puede hacer siempre que Hollande no trate de renegociar el texto del tratado fiscal. De hecho, muchas de estas ideas ya han sido propuestas por la Comisión Europea.
El frenesí sobre el crecimiento ha ido demasiado lejos, dice un eurócrata. Al final será un reempaque de ideas en lugar de una revolución. Alemania ya favorece el mejorar el EIB. El capital requerido es modesto, y puede ser empleado como apalancamiento para financiar al sector privado (se habla de €10 mil millones, o $13 mil millones, adicionales, generando tanto como €180 mil millones en inversiones). Además, el EIB tiene un buen record como administrador de proyectos. Pero sobre otras dos propuestas - eurobonos conjuntos para mutualizar la deuda europea y lograr que el BCE preste directamente a los soberanos con problemas - es probable que Hollande se encuentre con un obstáculo alemán inamovible.
Aun así, Alemania se encontrará más aislada. Ha empujado la austeridad demasiado lejos y demasiado rápido. El mito de una contracción expansionista fiscal, la idea de que el recortar el déficit estimularía el crecimiento, ha sido mayormente disipado. La evidencia más reciente es que en una recesión el efecto multiplicador de restricción fiscal puede conducir a una recesión mayor, haciendo aún más difícil disminuir el déficit. Además, en la eurozona, los países no pueden mitigar fácilmente el impacto mediante una política monetaria más flexible o devaluación de la moneda. Las reformas estructurales podrían estimular el crecimiento, pero mayormente a mediano plazo.
Sin embargo, si la respuesta fuese un alto déficit, Grecia y España deberían estar boyantes. Muchos países de la eurozona no tuvieron otra alternativa que la austeridad para tratar de calmar a los mercados de bonos que los estaban empujando a la bancarrota. Otros hicieron recortes por miedo a sufrir la misma suerte. La deuda en las economías desarrolladas ha alcanzado niveles excedidos solo durante la segunda guerra mundial y las pruebas son que una deuda alta puede sofocar el crecimiento a largo plazo. Más tarde o más temprano, la mayoría de los países europeos tendrán que empezar a liquidar sus deudas. De manera que la elección no es realmente entre austeridad y crecimiento, sino sobre el momento oportuno y la velocidad de la reducción del déficit y la composición correcta de reformas estructurales.
La política de Ricitos de Oro, como la llama el FMI, exhorta a los países a embarcarse en ajustes fiscales graduales en el corto plazo, si los mercados lo permiten, junto con un creíble plan de disminución de la deuda a mediano plazo. Los funcionarios europeos están ahora debatiendo si pueden hacer las metas fiscales más flexibles sin perder credibilidad, y sin darles a los gobiernos licencia para romper las reglas. Alemania arguye, y con justicia, que los europeos del sur solo harán reformas bajo coacción extrema. Dice un eurócrata, si no ocurrió en los buenos tiempos, como ocurrirá en los malos.
¿Qué clase de pacto?
El mayor impulso al crecimiento sería eliminar la incertidumbre acerca de la supervivencia del euro. Esto requiere riesgo - y compartir la carga en toda la zona. El ajuste sería mucho más rápido si países como Alemania estimulan la demanda nacional mediante mayor gasto o impuestos más bajos. Los alemanes también tendrán que aceptar una mayor inflación para permitir que otros recuperen la competitividad sin ser empujados a la deflación. El euro podría también ser fortalecido por un sistema europeo para recapitalizar a los bancos y garantizar depósitos para romper el círculo vicioso de bancos débiles y soberanos débiles que se socavan entre sí. Alguna forma de eurobonos conjuntos podría evitar que los países cayeran en insolvencia.
Muchas de estas medidas no serán tomadas rápidamente. Pero como les dijo Draghi a los MEP, los líderes europeos necesitan crear la sensación de que ellos se moverán en esta dirección bajo las condiciones adecuadas, de manera que muestren que "no estamos atascados en una posición estática". Alemania y otros acreedores necesitan ser convencidos de que esta integración no es una invitación al libertinaje a su costo. Los países de la eurozona podrían terminar teniendo que aceptar más, no menos, reformas y disciplina presupuestaria. Un pacto de crecimiento, si llegase a ocurrir, podría no ser lo que Hollande tenía en mente.
El llamado al crecimiento es como abogar
por la paz mundial: todo el mundo está de acuerdo
en que es una cosa buena, pero nadie se pone
de acuerdo en cómo lograrlo. Las ideas de Draghi,
hasta donde podemos imaginar, son promover
las reformas estructurales para hacer
a los mercados laborales más flexibles
y estimular la iniciativa empresarial.
© 2012 The Economist Newspaper Limited. All rights reserved.
De The Economist, traducido por Diario Libre y publicado bajo licencia. El artículo original en inglés puede ser encontrado en www.economist.com
Povich lanza seis entradas y dos tercios de una carrera y Orioles vencen a Nacionales
Volcadura de camión provoca caos vehicular por varias horas en el kilómetro 9 de la autopista Duarte
Praderas/CAH pica adelante en inicio Team Master Cup
Celebran misa en honor al papa Francisco en la Catedral Primada de América