Detrás de la curva
La inflación en Brasil. El Banco Central actúa tardíamente para controlar los precios.
Un banco central sabe que ha perdido el control de las expectativas de inflación cuando los aumentos de los precios se convierten en motivo de chistes. En Brasil los chistes son sobre los tomates, que de repente se han vuelto muy costosos después de las inundaciones, sequías y el alto costo de los transportes. Las redes sociales están cubiertas de dibujos de ladrones de bancos escapando con cajas de tomates y ganadores de la lotería bañándose en pasta de tomates. Hasta el crimen organizado está diversificando con las frutas: los funcionarios de aduanas dicen que traficantes paraguayos han sumado tomates argentinos a su tráfico de drogas, cigarrillos y equipos electrónicos hacia Brasil.
Cifras oficiales publicadas el 10 de abril muestran que el problema de la inflación en Brasil va mucho más allá de la ensalada. El pasado año los precios subieron 6.6%, excediendo el margen de tolerancia de dos puntos de la meta del banco central de 4.5%. El precio de más de dos terceras partes de los artículos utilizados para calcular la inflación subió el mes pasado. Ahora parece que las burlas han motivado al banco a actuar. El 17 de abril incrementó la tasa básica de interés en 0.25 puntos a 7.5%. Los observadores del mercado esperan que las tasas alcanzarán 8.5% para final de año.
El tardío aumento ocurre justo cuando se ha comprendido que la economía de Brasil no está logrando recuperar su ímpetu después del estancamiento del año pasado. Se están creando menos puestos nuevos de trabajo. La producción industrial y el índice de actividad económica, visto como indicador principal del crecimiento del PIB, cayeron en febrero después de subir en enero. El núcleo de ventas al por menor cayó por primera vez en casi una década, una señal especialmente preocupante dado que solo el consumo nacional mantuvo a Brasil fuera de la recesión en el 2012.
Una razón dada por el banco central para mantener las tasas invariables durante tanto tiempo fue que la inflación estaba siendo alimentada por presiones transitorias tales como una moneda más débil y el aumento de los precios de los alimentos. Argumentaba que una vez que esto mejorara, los aumentos de precios naturalmente se moderarían. Es posible que el banco estuviese esperando para ver si los recortes en los impuestos de ventas de la electricidad, alimentos, electrodomésticos y vehículos controlarían la inflación, como dijo el ministro de finanzas que ocurriría.
Los economistas más ortodoxos se sienten reivindicados ahora de que sus predicciones de que el ajuste automático de la inflación a los salarios, alquileres, honorarios profesionales y muchas otras cosas (un legado del hiperinflacionario pasado del país) vería el impacto de los precios afectar la economía general. En cuanto a los recortes de impuestos, parecen haber estimulado la demanda, elevando los precios.
El tardío aumento de las tasa de interés sugiere que el banco reconoce que necesita recuperar la credibilidad perdida. Su independencia operativa ha sido cuestionada desde agosto del 2011, cuando recortó las tasas aun cuando la inflación había alcanzado 7.1% - y se mantuvo recortando aun cuando la inflación permanecía por encima de la meta (ver gráfico). Dilma Rousseff, la presidente, ha pregonado desde entonces las tasas bajas de interés como una "conquista" de su gobierno. Días antes de la reunión de política monetaria del banco, Guido Mantega, el ministro de finanzas, dijo que el atacar la inflación no necesitaba ya de la artillería pesada del pasado.
Muchos analistas han concluido que el gobierno presionaba al banco a mantener tasas bajas, con la mira puesta en apoyar la débil economía del Brasil. Nomura Securities, un corredor, identificó un cambio a mediados del 2011 en relación entre las expectativas de inflación y las subsiguientes movidas de las tasas de interés. Las acciones del banco desde entonces han sido dirigidas a una meta de interés tácita entre 5.5% y 6.5%, en lugar de la meta oficial de 4.5%, dice Nomura.
Como sugieren los chistes sobre los tomates, los brasileños todavía están pendientes de la inflación. Un gobierno que no logra mantenerla a raya puede esperar poca atención el día de votación, especialmente de parte de los pobres, que son especialmente sensibles al aumento de los precios. Un subíndice que muestra que la inflación experimentada por los que reciben salarios modestos está muy por encima de la inflación general preocupará al gobierno. Usualmente la política monetaria se tarda de seis a nueve meses en entrar en vigor. Si el gobierno decide que sería mejor salir rápido del malestar antes de que empiece la campaña para las elecciones del 2014, cualquier presión futura sobre el banco central será hacia arriba.
El tardío aumento de las tasas de interés sugiere que el banco reconoce que necesita recuperar la credibilidad perdida. Su independencia operativa ha sido cuestionada desde agosto del 2011, cuando recortó las tasas aun cuando la inflación había alcanzado 7.1% - y se mantuvo recortando aun cuando la inflación permanecía por encima de la meta.
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De The Economist, traducido por Diario Libre y publicado bajo licencia. El artículo original en inglés puede ser encontrado en www.economist.com
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