El lado oscuro del ahorro (I)
Fría. Nerviosa. Tensa. Así se sintió Eugenia al sentarse por primera vez en la espectacular y moderna sucursal bancaria que recientemente había abierto sus puertas cerca de su casa, en el barrio de La Puya.
La decisión de abrir su primera cuenta de ahorros era para ella (cédula en mano y sus RD$3,000 en billetes de a RD$100) mayor a la vergüenza que le podía embargar al entrar a las gélidas y recién pintadas paredes bancarias.
Abrió su cuenta con el balance mínimo exigido por el banco.
Se comprometió a sí misma, y lo dijo en voz alta frente a la ejecutiva bancaria que distraídamente la atendía, que ahorraría RD$500 mensualmente hasta acumular lo suficiente para tirar un vaciado y las paredes de block de su casa.
Entre bostezos y aburrimiento, la banquera produjo el papeleo necesario para aperturar la cuenta, antes de enviar a la nueva cliente a la caja a realizar su depósito inaugural.
A penas se intercambiaron palabras, y sintió la ejecutiva algo de vergüenza ajena al ver la dificultad con la que Eugenia, con su "sexto curso" de Sabana Grande de Boyá, dibujaba sus iniciales sobre los todavía calientes papeles recién salidos de la impresora láser.
Al salir de la oficina bancaria, Eugenia se vio como en los anuncios que repetían en la televisión, de sueños realizados en el tiempo y con esfuerzo.
Volvió a la sucursal al mes siguiente e hizo, orgullosa, su primer depósito por RD$500. "¿500 pesitos...? ¿Solamente?" pensó la oficial bancaria cuando escuchó a Eugenia, pero no dijo nada.
Claro, ella lo que no sabía es que esos RD$500 no representaban el 10% de todo lo que la empleada doméstica ganaba planchando donde unos alemanes en Arroyo Hondo, sino el 100% de todo lo que le... "sobraba" al final de cada mes.
En el camino de sus sueños
Durante los siguientes tres meses, Eugenia mantuvo la disciplina de hacer su ahorro programado de RD$500.
Se hacía difícil, pero lo lograba.
Sonreía de saber que, además de su ahorro, el banco "trabajaba por ella", pagándole un interés (¿"1.0%"?) cada mes, que engordaría aquella aún modesta cuenta.
El plan se complicó cuando, en vez de hacer su depósito, tuvo que retirar, a inicios y finales del quinto mes, igual monto que lo que antes depositaba.
Lo mismo ocurrió el sexto mes.
Dos retiros adicionales de RD$500.
Su hijo Emmanuel había iniciado el colegio, y entre los útiles y uniformes nuevos, además de una "mensualidad" que tendría que aportar, ya no podría mantenerse ahorrando su promesa original.
Los blocks tendrían que esperar.
Mientras, allá estaba, en el banco, su clavito guardado y lejos de la necesidades que a diario plagaban su diario vivir.
Además de la salud y el trabajo, tenían la educación de Emmanuel y la libreta.
¿Qué más podría necesitar?
Al llegar las Navidades, con el doble sueldo que le pagaron los alemanes, Eugenia se dirigió al banco con cuatro papeletas nuevecitas de RD$500, para restaurar nueva vez su plan de ahorro.
Tristemente, y aunque hasta la desgracia se cansa de perseguir al pobre, camino a la sucursal dos muchachos en motoconcho la asaltaron y se llevaron, además de los RD$2,000, su celular y la todavía nueva libreta de ahorro.
Sólo le dejaron su cédula, que tiraron al piso y que, llorosa, Eugenia recogió para acercarse al banco, contarles lo que le pasó y solicitar una nueva libreta, no vaya a ser que aquellos desaprensivos le robaran su "clavito" de la esperanza.
Afanada con el día a día y siempre sobreviviendo cada quincena, Eugenia no volvió al banco por mucho tiempo.
Aunque había retirado los depósitos que había hecho, se sabía dueña del ahorro inicial (RD$3,000) y algo de intereses.
Al llegar el diciembre siguiente, libreta en mano, fue a realizar un depósito. Pero, antes, tenía una pregunta para el banco.
La cajera de un año atrás, era ahora una jovencita de "servicio al cliente."
Eugenia se acercó a ella, ticket de turno en mano, para preguntarle: "¿Me dice cuánto tengo en mi cuenta, por favor?"
Sin verla a los ojos, la cajera ahora oficial le tomó la libreta, digitó unos números en la terminal y le espetó:
"RD$934 con 72 centavos."
Ante el silencio, la oficial elevó sus ojos a los de la cliente para ella desconocida que, aturdida y sin entender, lágrimas de vergüenza retenidas como tantas otras, sólo alcanzó a decir: "¿Cómo fue?"
Lo que nunca le dijeron a Eugenia
"Sí, RD$934 con 72 centavos. Usted abrió la cuenta con RD$3,000. Hizo cuatro depósitos de RD$500, pero luego los retiró.
Usted estaba autorizada a realizar solamente un retiro cada mes, pero hizo dos en el quinto y el sexto mes. Por cada retiro adicional, le cobramos RD$25.
Además, cada vez que realizaba retiros menores en caja, le cobramos RD$75.
Luego de esos depósitos, usted no mantuvo el balance mínimo requerido en su cuenta, así es que desde entonces le cobramos un cargo por balance 'bajito'.
Son solo RD$35. Mensualmente.
Veo aquí en el sistema que a finales del año pasado pidió una libreta nueva, por eso le cobramos RD$125, claro está.
Ahora y en diciembre pasado, cobramos RD$50 como cargo anual por permitirle tener su cuenta con nosotros.
Después de re-emitirle la libreta, usted no hizo más nada con la cuenta. Luego de seis meses sin movimiento, le cargamos RD$75. Mensualmente.
Sumando, entre una cosa y la otra, veo que le hemos cobrado... Déjeme ver (suma cargos y penalidades)... RD$2,070.
El 1.0% de interés lo pagamos por el ahorro superior al balance mínimo, es decir, a partir de los RD$3,000.
Por eso, le acreditamos... Deje ver... En total... RD$4 con 72 centavos.
¿Algo más, señora?
¿Señora?".
"De hecho, hay evidencia contundente de que los pobres sí ahorran y que ellos ahorrarían aún más si el mercado les provee productos y servicios mejor adaptados a sus necesidades." Madeline Hirshland - "Nuevos caminos para movilizar el ahorro" (11 de octubre de 2011)
arg@betametrix.com / @argentarium
Se comprometió a sí misma, y lo dijo en voz alta frente a la ejecutiva bancaria que distraídamente la atendía, que ahorraría RD$500 mensualmente hasta acumular lo suficiente para tirar un vaciado y las paredes de block de su casa.
Entre bostezos y aburrimiento, la banquera produjo el papeleo necesario para aperturar la cuenta, antes de enviar a la nueva cliente a la caja a realizar su depósito inaugural.
A penas se intercambiaron palabras, y sintió la ejecutiva algo de vergüenza ajena al ver la dificultad con la que Eugenia, con su "sexto curso" de Sabana Grande de Boyá, dibujaba sus iniciales sobre los todavía calientes papeles recién salidos de la impresora láser.
Al salir de la oficina bancaria, Eugenia se vio como en los anuncios que repetían en la televisión, de sueños realizados en el tiempo y con esfuerzo.
Volvió a la sucursal al mes siguiente e hizo, orgullosa, su primer depósito por RD$500. "¿500 pesitos...? ¿Solamente?" pensó la oficial bancaria cuando escuchó a Eugenia, pero no dijo nada.
Claro, ella lo que no sabía es que esos RD$500 no representaban el 10% de todo lo que la empleada doméstica ganaba planchando donde unos alemanes en Arroyo Hondo, sino el 100% de todo lo que le... "sobraba" al final de cada mes.
En el camino de sus sueños
Durante los siguientes tres meses, Eugenia mantuvo la disciplina de hacer su ahorro programado de RD$500.
Se hacía difícil, pero lo lograba.
Sonreía de saber que, además de su ahorro, el banco "trabajaba por ella", pagándole un interés (¿"1.0%"?) cada mes, que engordaría aquella aún modesta cuenta.
El plan se complicó cuando, en vez de hacer su depósito, tuvo que retirar, a inicios y finales del quinto mes, igual monto que lo que antes depositaba.
Lo mismo ocurrió el sexto mes.
Dos retiros adicionales de RD$500.
Su hijo Emmanuel había iniciado el colegio, y entre los útiles y uniformes nuevos, además de una "mensualidad" que tendría que aportar, ya no podría mantenerse ahorrando su promesa original.
Los blocks tendrían que esperar.
Mientras, allá estaba, en el banco, su clavito guardado y lejos de la necesidades que a diario plagaban su diario vivir.
Además de la salud y el trabajo, tenían la educación de Emmanuel y la libreta.
¿Qué más podría necesitar?
Al llegar las Navidades, con el doble sueldo que le pagaron los alemanes, Eugenia se dirigió al banco con cuatro papeletas nuevecitas de RD$500, para restaurar nueva vez su plan de ahorro.
Tristemente, y aunque hasta la desgracia se cansa de perseguir al pobre, camino a la sucursal dos muchachos en motoconcho la asaltaron y se llevaron, además de los RD$2,000, su celular y la todavía nueva libreta de ahorro.
Sólo le dejaron su cédula, que tiraron al piso y que, llorosa, Eugenia recogió para acercarse al banco, contarles lo que le pasó y solicitar una nueva libreta, no vaya a ser que aquellos desaprensivos le robaran su "clavito" de la esperanza.
Afanada con el día a día y siempre sobreviviendo cada quincena, Eugenia no volvió al banco por mucho tiempo.
Aunque había retirado los depósitos que había hecho, se sabía dueña del ahorro inicial (RD$3,000) y algo de intereses.
Al llegar el diciembre siguiente, libreta en mano, fue a realizar un depósito. Pero, antes, tenía una pregunta para el banco.
La cajera de un año atrás, era ahora una jovencita de "servicio al cliente."
Eugenia se acercó a ella, ticket de turno en mano, para preguntarle: "¿Me dice cuánto tengo en mi cuenta, por favor?"
Sin verla a los ojos, la cajera ahora oficial le tomó la libreta, digitó unos números en la terminal y le espetó:
"RD$934 con 72 centavos."
Ante el silencio, la oficial elevó sus ojos a los de la cliente para ella desconocida que, aturdida y sin entender, lágrimas de vergüenza retenidas como tantas otras, sólo alcanzó a decir: "¿Cómo fue?"
Lo que nunca le dijeron a Eugenia
"Sí, RD$934 con 72 centavos. Usted abrió la cuenta con RD$3,000. Hizo cuatro depósitos de RD$500, pero luego los retiró.
Usted estaba autorizada a realizar solamente un retiro cada mes, pero hizo dos en el quinto y el sexto mes. Por cada retiro adicional, le cobramos RD$25.
Además, cada vez que realizaba retiros menores en caja, le cobramos RD$75.
Luego de esos depósitos, usted no mantuvo el balance mínimo requerido en su cuenta, así es que desde entonces le cobramos un cargo por balance 'bajito'.
Son solo RD$35. Mensualmente.
Veo aquí en el sistema que a finales del año pasado pidió una libreta nueva, por eso le cobramos RD$125, claro está.
Ahora y en diciembre pasado, cobramos RD$50 como cargo anual por permitirle tener su cuenta con nosotros.
Después de re-emitirle la libreta, usted no hizo más nada con la cuenta. Luego de seis meses sin movimiento, le cargamos RD$75. Mensualmente.
Sumando, entre una cosa y la otra, veo que le hemos cobrado... Déjeme ver (suma cargos y penalidades)... RD$2,070.
El 1.0% de interés lo pagamos por el ahorro superior al balance mínimo, es decir, a partir de los RD$3,000.
Por eso, le acreditamos... Deje ver... En total... RD$4 con 72 centavos.
¿Algo más, señora?
¿Señora?".
"De hecho, hay evidencia contundente de que los pobres sí ahorran y que ellos ahorrarían aún más si el mercado les provee productos y servicios mejor adaptados a sus necesidades." Madeline Hirshland - "Nuevos caminos para movilizar el ahorro" (11 de octubre de 2011)
"Claro, la banquera
lo que no sabía es
que esos RD$500 no
representaban el 10%
de todo lo que la empleada
doméstica ganaba planchando
donde unos alemanes
en Arroyo Hondo, sino el 100%
de todo lo que le... 'sobraba'
al final de cada mes."
lo que no sabía es
que esos RD$500 no
representaban el 10%
de todo lo que la empleada
doméstica ganaba planchando
donde unos alemanes
en Arroyo Hondo, sino el 100%
de todo lo que le... 'sobraba'
al final de cada mes."
arg@betametrix.com / @argentarium