Los sonámbulos

El PIB de la Eurozona se contrajo.

La crisis del euro. En la eurozona, desesperadamente necesitada de un impulso, ninguna noticia es mala noticia 

Puede que usted no se haya percatado, pero la Unión Europea celebró una cumbre esta semana. Degustando un nutritivo almuerzo de trabajo, los primeros ministros, presidentes y cancilleres de Europa dedicaron la mitad del miércoles discutiendo cuestiones de peso como la energía y los impuestos. Han desaparecido las sesiones de pánico del año pasado, acosadas por conversaciones sobre el inminente fracaso del euro. Hoy los líderes europeos señalan que se están haciendo las reformas en la mayoría de los países de la eurozona y algunos países de Europa del sur están recuperando su competitividad. El mercado de deuda gubernamental está de vuelta en su caja, donde debe estar. Y durante el año pasado los precios de las acciones subieron una cuarta parte. Nadie puede pretender que la vida es fácil; los europeos entienden que tienen por delante trabajo duro y sacrificios. Pero lo peor de la crisis quedó en el pasado.

Es un cuento tranquilizador, y aquellos agotados por las proporciones wagnerianas de la saga del euro (¿y quién no?) están ansiosos por creerlo. Desafortunadamente, la idea de que el euro es un problema de ayer es una peligrosa quimera. En realidad, los líderes europeos están caminando dormidos en un baldío económico.

La economía de la eurozona acaba de sufrir un sexto trimestre consecutivo de contracción del PIB. La enfermedad se está extendiendo a países centrales incluyendo a Finlandia y a los Países Bajos, ambos se contrajeron en el primer trimestre. Las ventas al detalle están disminuyendo. El desempleo, por encima del 12% es un récord - con más de uno de cada cuatro españoles desempleados. A pesar de feroces recortes de gastos, los déficits de los gobiernos son persistentes y altos. La suma de la deuda gubernamental, de los hogares y las empresas todavía es excesivamente alta. Los bancos están descapitalizados y los prestamistas internacionales se preocupan por sus pérdidas no reconocidas. A pesar de que las tasas oficiales de interés son bajas, las empresas en el sur de Europa están sufriendo una cruel contracción del crédito. Todo ello está ocasionando dificultades económicas hoy y carcomiendo las perspectivas de crecimiento futuro. La eurozona podría no estar a punto de colapsar, pero la calma en Bruselas no es tanto una señal de convalecencia sino de decaimiento. ¡Que alguien llame a una sonambulancia rápido!

Para el bien de todos, los líderes europeos deben sacudirse de su letargo. Deben entender que si no actúan, la eurozona enfrenta estancamiento o disolución - o quizás ambos.

Después de años de crisis la lista de pendientes está clara. La tarea urgente es cortar los lazos entre los bancos y los gobiernos demasiado endebles para sustentarlos. Ese era el objetivo de la unión bancaria acordada el año pasado. Pero, en la medida que la presión ha cedido, la unión se ha entrampado en tecnicismos y el argumento fundamental acerca de cuánta deuda bancaria histórica, si alguna, debe ser descargada en esta - en otras palabras, cuánta carga deben soportar los alemanes, finlandeses y holandeses de los errores de otras personas. Esta demora es altamente dañina. Los bancos europeos necesitan fondos por cualquier medio. Los Estados Unidos se recuperaron antes que Europa no solo porque ha sido menos austero, sino porque también resolvió rápidamente el caso de sus bancos de manera que pudieran prestar de nuevo.

Además, la eurozona necesita reformas para estimular el crecimiento. La UE debe extender el mercado único a los servicios. En lugar de pensar en líneas rojas (restricción al acceso a préstamos, bienes y servicios), debe tratar de lograr un tratado de libre comercio que ha sido propuesto por los Estados Unidos, su mayor socio comercial. Y debe aliviar la austeridad disminuyendo el ritmo de los recortes presupuestarios y utilizando efectivo de los países centrales de la eurozona para pagar por esquemas que estimulen el empleo de la juventud y la inversión en las pequeñas y medianas empresas de la periferia.

Está claro que la razón de la inactividad actual no es por falta de cosas que hacer, sino por falta de la voluntad para hacerlas. Este hiato en parte se debe por las elecciones que tendrán lugar en Alemania en septiembre, el principal motor de prácticamente cualquier política europea que se adopta estos días. Pero hay también otra razón más profunda. En toda Europa los votantes están resentidos con sus propios políticos y con la UE. En Francia, el presidente, François Hollande, está paralizado por el escándalo y una tasa deprimente de aprobación de 24%, otro récord. Una encuesta reciente de Pew Research Centre encontró que la participación de votantes franceses que dicen que ven favorablemente a la UE ha caído de 60% en el 2012 a 41% ahora, menos aún que en la euroescéptica Gran Bretaña. Italia está atascada en la recesión, sin embargo no parece lograr crear una plataforma política coherente para el cambio. Al mismo tiempo, los votantes desean mantener la moneda única: el 70% de ellos todavía apoyan el euro en Grecia, que ha sufrido más en la crisis que cualquier otro país. En los últimos años los votos de la crisis en Grecia, Irlanda, Portugal, España y los Países Bajos repetidamente han apoyado permanecer en la eurozona.

Esta es una receta para la inactividad. Por una parte, los votantes desean que la eurozona se mantenga unida. Por otra parte, no desean respaldar las reformas difíciles necesarias para salir de la crisis.

Hubo un tiempo en que los mercados de bonos obligaban a los políticos a enfrentar esta contradicción. Era la amenaza de un pánico financiero lo que mantenía a los líderes europeos hasta altas horas elaborando acuerdos de rescate y promesas de reformas. Pero los mercados financieros fueron anestesiados desde que Mario Draghi, el presidente del Banco Central Europeo (BCE), prometió "hacer lo que fuera necesario" para proteger a la eurozona del colapso. Los especuladores saben que apostar en contra de la moneda única sería enfrentarse al teoréticamente infinito estado de situación del BCE - y eso, por lo menos al principio, representaría fuertes pérdidas.

Campanas de alarma

Draghi tenía razón en darle tiempo a la eurozona. También tuvo razón en proveer al BCE con las herramientas para apisonar la especulación. El problema es que los políticos están desperdiciando la oportunidad para una reforma ordenada. Los optimistas dicen que todo se resolverá después de las elecciones en Alemania, cuando sus líderes tendrán el mandato para las reformas de la eurozona. Pero la renuencia alemana a liderar o a pagar por el resto de Europa va más allá de las elecciones. Además, los problemas de Hollande significan que la relación franco-alemana, siempre central a la evolución de Europa, se ha paralizado.

¿Y si los líderes europeos se tropiezan? Al igual que Japón, Europa estará a la sombra durante años. El costo será medido en desilusión, comunidades arruinadas y vidas desperdiciadas. A diferencia de Japón, la eurozona no es cohesiva. Mientras el estancamiento y la recesión desgarren la democracia, la eurozona se arriesga a un rechazo popular fatal. Si a los sonámbulos les preocupan su moneda y su gente, necesitan despertar.

© 2013 The Economist Newspaper Limited. All rights reserved. De The Economist, traducido por Diario Libre y publicado bajo licencia. El artículo original en inglés puede ser encontrado en www.economist.com