Para aquellos que han perdido la fe
La crisis financiera ha hecho que algunas personas cuestionen la viabilidad del sistema económico estadounidense. El atractivo del socialismo se ha desvanecido en Rusia y en China, y hasta cierto punto en otros países que en su momento eran sus campeones, tales como India y Cuba. Pero el capitalismo al estilo de los Estados Unidos tampoco lo ha tenido muy fácil. Mercados financieros que colapsan, recates bancarios y alto desempleo todos se han sumado para crear un creciente sentimiento de malestar sobre un sistema basado en la propiedad privada de los recursos.
"¿Por qué el capitalismo?" de Allan Meltzer, un profesor de economía de la Universidad Carnegie Mellon en Pittsburgh, es una amplia respuesta a algunas de las preguntas que ha recibido en años recientes. La que más ha invitado a reflexión provino de una mujer en Alemania quien, después de leer el New York Times, se preguntaba si a solo dos décadas después de la caída del Muro de Berlín, ella estaba observando la implosión del sistema que lo derribó.
Argumenta Meltzer que la defensa central del capitalismo, es que es el único sistema que conduce a la libertad y al crecimiento económico. Es menos bueno en asegurar la virtud o la estabilidad; el fracaso es inherente. De hecho la observación del autor de que el "capitalismo sin fracasos es como la religión sin pecado. No funciona bien," ya ha sido ampliamente circulada. Sin embargo, los pecados atribuidos al capitalismo - corrupción, fraude y codicia, para nombrar solo tres - no solo permean los sistemas donde el estado controla la producción, sino que son mucho más dañinos y es mucho menos probable que sean rectificados.
Argumenta él, que el problema principal es que hasta los sistemas nominalmente capitalistas, para bien o para mal, tienen elementos de control del estado. Con frecuencia esto empieza con la defensa y la policía, y luego sigue con los sistemas nacionales de transporte, que conduce, en el caso de los Estados Unidos, a una constantemente creciente red de direcciones y agencias. Gran parte de la burocracia se adopta con el razonamiento de incrementar la "equidad". Pero, como señala Meltzer, la equidad con frecuencia significa proveer beneficios actuales utilizando deuda que debe ser pagada por los contribuyentes en el futuro (lo que no es muy justo) o mediante regulaciones y subsidios creados por gente en el gobierno quienes luego proceden a explotarles en empleos del sector privado (que también es injusto).
Este último tema es el que constituye el corazón de "Capitalismo para la Gente" por Luigi Zingales, un profesor de la Escuela de Negocios Booth de la Universidad de Chicago. Zingales ha escrito una elegía a los Estados Unidos que él encontró cuando se mudó allí hace 24 años de una Italia que estaba plagada de nepotismo. Los negocios en Italia preferían mantenerse pequeños y discretos. El crecer los haría vulnerables a escrutinio y los obligaría a contratar personas basándose en su talento en lugar de su lealtad; y la lealtad era importante porque, de nuevo, les ayudaba a proteger la empresa del escrutinio. Al llegar a los Estados Unidos, Zingales encontró gran entusiasmo por el capitalismo. Los estadounidenses creían que era posible hacerse ricos y que el aumento de la riqueza beneficiaría a los pobres al igual que a los no tan pobres. Consideraban justo su sistema capitalista - o por lo menos suficientemente justo. Dice Zingales que todos esos sentimientos han sido erosionados.
Gran parte del cambio es el resultado directo de la vasta expansión del estado a través de subsidios complejos y regulaciones anti-competitivas que invitan al tipo de amiguismo que Meltzer cita también. Cuando el gobierno favorece al sector privado, dice Zingalez, está siendo con demasiada frecuencia "pro-negocios" en lugar de "pro-mercado", lo que significa que las condiciones favorables se otorgan a instituciones en particular en lugar de instituciones en el sentido amplio. Esto distorsiona el sistema, resultando en precisamente el problema de compañías selectas teniendo ganancias mientras le imponen costos a una sociedad que Meltzer arguye está en el corazón de lo que las regulaciones deberían estar diseñadas para evitar.
Zingales hace tres propuestas. Sectores protegidos, notablemente la educación y los cuidados de salud, deben ser abiertos a la competencia. La política fiscal debe ser modificada de dos maneras. Primero, debe ser utilizada para que los subsidios y sus costos sean más transparentes. Por ejemplo, la deducción de hipotecas, debe ser llamada un impuesto sobre arrendamiento; los beneficios generosos provistos para la producción de etanol deben ser considerados como un impuesto a la gasolina. Segundo, debe ser usado como un sustituto de complicadas regulaciones y aplicado contra áreas que le cuestan a la sociedad, tales como la contaminación y (debido a que crea inestabilidad) el uso de deuda a corto plazo por los bancos.
Más ampliamente, Zingales desea un vínculo más estrecho entre capitalismo y moralidad. Desea extender la vergüenza pública de los delincuentes corporativos a las personas que toman acciones que son legales, pero dañinas para la sociedad, tales como prestatarios que se alejan de hipotecas sencillamente porque su valor excede el valor de la propiedad subyacente. Dice Zingales que las escuelas de negocios, están idealmente posicionadas para señalar cuando una acción que da beneficios a un individuo proviene de costo a la sociedad, pero en la realidad muy rara vez se preocupan. Esto, considera él, es parte del mismo mal que aqueja el debate político sobre el capitalismo, que ha sido asumido por intereses especiales y personas que no tienen fe en un sistema realmente basado en el mercado. Advierte, que con todos los éxitos de Estados Unidos, Washington está en una trayectoria que conduce a Roma.
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De The Economist, traducido por Diario Libre y publicado bajo licencia. El artículo original en inglés puede ser encontrado en www.economist.com
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