Arrojo y pusilanimidad
Decía Carl Von Clausewitz: en la guerra, la pusilanimidad es mil veces más perniciosa que el arrojo. La pusilanimidad es la prudencia enferma que, por exceso de cuidados, se niega a actuar. El arrojo es la iniciativa repentina que prefiere, para actuar, la intuición al cálculo. El pusilánime pierde todas las oportunidades. El arrojado acierta más de lo que se equivoca. El pusilánime se conserva siempre, aunque para nada. El arrojado se pierde la mitad de las veces, pero cuando se salva hace grandes cosas. La pusilanimidad es sólo virtud de tiempos buenos. El arrojo es para todos los tiempos. hfigueroa@diariolibre.com