Cada uno
Las razones para el pesimismo sobran, como siempre. Aquí, todo conspira contra el optimismo. El país, mírese por donde se mire, muestra remiendos, en el mejor de los casos, o agujeros irrecuperables, en el peor. La camisa de la realidad no es dominguera. La tela, de tantas lavadas, perdió el color. Lo cierto es que no nos vemos nada bonitos para la foto. Los agosto, como un trágico destino, siempre son de miedo y pocas esperanzas. Este no es la excepción. La banca internacional y sus informes lo recuerdan. Si nadie convoca el porvenir mejor debemos hacerlo cada uno de nosotros. hfigueroa@diariolibre.com
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