El Constitucional asediado...

Pero no por abogados, sino por los "renovadores"

El Inespre era un remanso de paz, pues como la entidad no estaba comprando ni vendiendo, nada alteraba la tranquilidad y sus empleados se la pasaban bostezando.

Era el lugar apropiado para "asilar" a una de las altas cortes, el Tribunal Constitucional, el cual por ser nuevo no tenía hogar propio.

Pero como no hay felicidad completa, vino el cambio de gobierno y los nuevos incumbentes en las dependencias públicas.

A Inespre mandaron al general Zorilla Ozuna, y como era de esperar, hacia allá fueron los dirigentes y miembros de su partido, el Cívico Renovador, a buscar su pedazo de pastel.

Que no debe ser más que harina y agua, pues ¿de dónde huevo, o azúcar, o suspiro?

La batahola que se arma cada día en el lugar, o porque va mucha gente, o porque no encuentra amparo, altera la antigua calma, y los magistrados no pueden trabajar con el sosiego que demanda su función.

¿Cómo juzgar y crear jurisprudencia con esa voceadera implacable de búscame lo mío? ¿Acaso no podría remediarse la situación remitiendo a los "renovadores" a una oficina política?

Si así lo hicieran, Milton y los demás jueces se lo agradecerían.