El Espía
Lo que es la vida: ayer al mediodía, cuando no había llovido en capital, muchos se quejaron de la poca efectividad de las autoridades que habían pronosticado aguaceros torrenciales. Pero otros se alegraron de la suerte de este noble y sufrido pueblo, que se libró del impacto directo de la tormenta. Los que estuvieron empapados desde un primer momento, pero no por la lluvia sino del sudor, fueron los flamantes ministros y directores de dependencias que sin calentar bien sus asientos tuvieron que lanzarse a las calles. Vaya estreno, complicado con el asunto este de la austeridad que los obligaba a tomar iniciativas algo temblorosos y nerviosos. Tuvieron que tirarse a la calle a resolver. Algunos tendrán que cotejar facturas, porque habrá que imaginar que en medio de una la emergencia por más austero que se pretenda ser hay que resolver, y más con vida de por medio.