En directo-De Guachupita a J.P. Morgan

Associate MIT-Harvard Public Disputes Program, Universidad de Harvard

Era viernes temprano en la tarde, habíamos acordado el encuentro en "Los Banquitos de Guachupita" con 5 Líderes de Paz de la Fundación Los Seres Sol, Carlos Báez, Jonathan Ramírez, Carlos Rosario, Wellington Peña, Ismael Lugo y yo. Nuestro objetivo era caminar y trabajar el resto del día en La Ciénega y Guachupita.

Como es tradición en la fundación no intentamos llevar transformación integral desde el centro a la periferia, sino justo lo contrario, desde la periferia para el centro. Una de las virtudes de hacerlo así es que trabajamos con y desde la realidad. En esta perspectiva los índices económicos dejan de ser un dato, un indicador y se convierten en una realidad aleccionadora. No necesitan explicación de expertos.

El gran Santo Domingo tiene otro encanto desde el Ozama, no nos habla sino que susurra con gemidos una historia más abarcadora y profunda que la tierra firme de la zona colonial. Al llegar a uno de los recovecos de La Ciénega entramos a la casa de Ismael, compartimos con su familia, cuando nos expresa lleno de orgullo "mi padre es chiripero y es serio, me enseñó a trabajar... pero óigame, si él no consigue nada en el día, aquí no se cena en la noche ni se desayuna en la mañana, por eso yo también me muevo".

Mayor realismo no puedo pretender. Más determinación y coraje no puedo pedir. Ahí se vive a borde del riesgo, no hay tiempo para las grandes cifras macroeconómicas.

Semanas más tarde, recibí una distinguida invitación a cenar por un grupo de inversionistas que tienen importantes tenencias de bonos soberanos de República Dominicana, de J.P. Morgan, Goldman Sachs, entre otros. Previamente se habían encontrado con importantes empresarios del país y con dos de los candidatos a la presidencia de la República. Querían escuchar mi parecer sobre el país, la situación económica y la actual coyuntura político-electoral.

Los datos fríos todos los sabemos, que si la deuda pública total es el 28.4 por ciento del PIB, que si el pago de los intereses llega al 2 por ciento del PIB, y un largo etcétera que dice mucho para algunos y que las mayorías comprenden poco.

Si queremos entender la realidad y complementar la frialdad de los números, tenemos que atrevernos a ver a los ojos a la gente que se juega la vida para llevar a su casa el pan nuestro de cada día y prestar nuestra voz al mensaje humilde de su corazón.

Fui claro y directo, mientras nuestra América Latina empieza a dar señales de comprender la importancia de vincular la equidad social con el crecimiento económico y a dar muestra de que es posible crecer y cerrar brechas de desigualdades, nuestro país aumenta la brecha y ensombrece las posibilidades para millones de dominicanos.

Que mientras nuestra América Latina empieza a vivir la transparencia y el Estado de Derecho, nuestro país no sólo se quema en esas materias, sino que reproduce riquezas de fuentes espurias.

Que la inseguridad ciudadana es un resultado, una consecuencia de años descuidando la inversión social, las reformas institucionales, no sólo legales, como la reforma policial entre muchas otras. Que hasta tanto no haya una verdadera alianza gobierno, empresarios y sociedad no será posible construir un proyecto de Nación, sino proyectos de poder llenos de personalismo y narcisismo.

En fin, que una inmensa mayoría del pueblo dominicano es víctima de un sistema económico disfuncional institucionalizado por una clase política que celebra el consenso para no cambiar, invierte su tiempo en foros y seminarios para no decidir y aplaude la aprobación de reformas aisladas y medidas cortoplacistas que no atacan el corazón del problema.

Fue entonces cuando les relaté la historia de Ismael y les pedí llevarlos de la mano con mi relato y conocer la verdadera realidad de la República Dominicana. Esta no se mide en el Dow Jones, pero cuando tanta exclusión se revela en forma de violencia social Fitch, Moody's y Standard & Poor's nos rebajan la calidad de la deuda y se hace más difícil crear riquezas, generar empleos y atraer inversión.