Encarrilando la reforma

El problema son los negociadores... ¿Son confiables?

El gobierno, con la rectificación del domingo, devuelve la Reforma a un plano serio. De manera incomprensible, las primeras reacciones fueron de puro choteo.

Más que lamentarse del paquetazo, se hacía burla de que se gravaran productos de tan poca alcurnia como las tripitas, los entresijos y el gofio.

Lo del mondongo no, pues los callos a la madrileña dan señorío a tan apreciada víscera.

Del mejicano se decía que cantaba sus penas y lloraba sus alegrías. El dominicano de tanto oír corridos al parecer se contagió.

Las redes están convocando a huelga para el 16 y el 17, lo que significa que el humor de la clase media tiene mayor densidad y no se conforma con el relajo.

El fastidio no es tanto la comida como por los servicios. Por ejemplo, al que no tiene carro ¿en qué lo afecta el 1 % de transitar por calles?

Así que, dejados fuera los chistes malos, es ahora cuan-do de verdad va a saberse lo que es guayar canela fina, o si el gas morado pela.

El turno es de aquellos que se sirven de altoparlantes, conocen los escalones del Palacio y saben que sus cortinas son de terciopelo azul.

Y con ese carácter, cualquiera se preocupa.