¿La naturaleza contra el hombre?
El pasado 23 de agosto se cumplieron siete años de la formación, en las costas de Las Bahamas, de la tormenta Katrina, que iba a terminar en huracán de categoría 5, con una fuerza destructora que golpeó las costas de La Florida, Misisipí y Luisiana, provocando miles de muertes, especialmente en New Orleans, así como daños materiales calculados por las autoridades estadounidenses en 81 millardos de dólares (un millardo es equivalente en español a mil millones).
El 23 de agosto del año 2005, en los 907 kilómetros cuadrados de Luisiana, cuya capital más importante es New Orleans, los poco menos de 200 mil habitantes de entonces, descendientes de africanos, franceses, latinos y españoles, seguían sus cotidianas vidas en aquella planicie del delta del Misisipí, ajenos a la desgracia que seis días después le sobrevendría.
El huracán Katrina, luego de castigar las costas de aquellos estados, adquirió categoría 5 al entrar en Luisiana, convirtiéndose en uno de los cinco más mortíferos en la historia de los Estados Unidos, desde el año 1928 cuando San Felipe ll azotó el territorio norteamericano. Antes que Katrina, el huracán Andrew castigó a los Estados Unidos, pero Katrina supera tres veces la destrucción provocada por Andrew en 1992.
Katrina pasó por el sur de La Florida y se dirigió a los Estados de Misisipí y Luisiana, dejando una estela de más de dos mil muertos, propiedades privadas y públicas destruidas, mientras que en New Orleans rompió los diques, inundando aquella ciudad en un 80 por ciento, al extremo de que ningún templo quedó apto para que los feligreses hicieran sus oraciones al Todopoderoso por salvar sus vidas y desear paz eterna a los 1,800 que murieron, sólo en New Orleans.
La fuerza de Katrina fue de tal magnitud que las olas se alejaron de las costas 10 y 19 kilómetros, sin que las autoridades federales, estatales y locales pudieran dar respuestas satisfactoria con la urgencia y en la dimensión requeridos.
Muchos medios norteamericanos, y la opinión pública internacional, atribuyeron a fallas en el manejo gerencial en la mitigación de los efectos luego del paso de Katrina. Ese debate se prolongó por meses en la prensa de los Estados Unidos, mientras miles de familias, puntualmente la gente pobre de origen afroamericano, tuvieron que ser llevadas a refugios provisionales. Buena parte de esa gente pernoctó en el gran estadio de fútbol donde denunciaron la falta de condiciones para vivir, alimentarse e higienizarse.
Luego del debate sobre las precariedades por las que atravesaron esas familias antes, durante y después del paso del huracán, se presentaron dos demandas, una de ellas por las actuaciones de los gobiernos federal, estatal y local, calificadas de negligentes, que provocaron las dimisiones de Michael D. Brown, director de la Agencia Federal para Gestión de Emergencia (FEMA) y del Superintendente de Policía, Eddie Compass.
Las agencias pronosticadoras de fenómenos fueron felicitadas porque sus predicciones fueron certeras, no así quienes tenían la responsabilidad de desplegar la logística para salvar vidas y bienes, que correspondía a otras instancias. La otra demanda fue contra el Cuerpo de Ingenieros del Ejército de los Estados Unidos, responsable de construir los diques que contienen las aguas del lago Pontchartrain. La unidad del Ejército fue descargada en el juicio.
New Orleans, la ciudad multicultural, la más importante de Luisiana y receptora de miles de turistas que todo el año viajan al lugar (ubicado a160 kilómetros río abajo antes de su desembocadura en el Golfo de México), con el propósito de disfrutar de su carnaval, de repente, la naturaleza convirtió a ese puerto en inhabitable, que vio pasar varios años para recibir el flujo de visitantes habitual.
Semanas después de Katrina, el caos se apoderó de esa ciudad, la gente empezó a saquear los almacenes y la gobernadora se vio obligada ordenar la evacuación total.
En la primera semana de septiembre, el gobierno de los Estados Unidos aprobó una ayuda de 10 mil millones de dólares y el envío de 24 mil soldados para trabajar en labores de limpieza y recuperación de la ciudad. A pesar de eso, pasó más de un año para que New Orleans recobrara la normalidad, no sin antes dejar huellas sicológicas en sus habitantes.
El principal puerto del río Misisipí, otrora motivo de enfrentamientos entre españoles y franceses por su posesión debido al acceso al mar, la fuerza de la naturaleza lo hizo añicos, a pesar de los recursos humanos y logísticos del gobierno federal. La pobreza de New Orleans, también se hizo visible.
Fundada en 1718 por colonos franceses, New Orleans vio llegar a españoles, hispanoamericanos y colonos que llegaron con sus esclavos africanos procedentes de Haití, luego que este país caribeño proclamara su independencia y aboliera la esclavitud.
Fue después de ese acontecimiento en Haití que Napoleón Bonaparte, definitivamente, decide vender por tres cheles, en cláusula secreta del Pacto de París, toda Luisiana y otros territorios del sudeste de los Estados Unidos al presidente Thomas Jefferson, quien fue duramente criticado a pesar de haber hecho el mejor negocio que registra la historia mundial. Luisiana es uno de los Estados más próspero de Norteamérica, sin embargo, la fuerza de Katrina sacó, también, su pobreza escondida.