La vida diaria

Hay quien todavía cree que la institucionalidad y la seguridad jurídica son ideas abstractas que nada tienen que ver con el día a día de los ciudadanos.

Todo lo contrario. La institucionalidad y la seguridad jurídica son requisito, condición indispensable para una vida nacional ordenada y productiva. Lo contrario es dejar en manos de la buena voluntad de las autoridades de turno los planes que podamos tener para nuestro futuro y para el de nuestros hijos.

Si las instituciones tuvieran la autoridad y el poder que deben tener, si las arbitrariedades de los poderosos de turno no fueran tan numerosas y tan escandalosamente decisivas, la vida diaria de los ciudadanos sería notablemente más fácil.

Imagine que puede invertir o comprar un terreno sin meterse (casi seguro) en problemas de invasión o de titulación. Que puede comprar una vivienda y que está clara la densidad de la zona o que el negocio que se instalará cerca tiene presentes las normas de ruido. Y que si se pasa, las autoridades competentes estarán para defender al afectado. Imagine que los alimentos que compra cumplen las normas establecidas y que si uno no lo hace... Pro Consumidor lo denuncia y Salud Pública lo cierra. Que si le para la policía no es para asaltarle y que si es víctima de un asalto... los policías le defenderán.

La seguridad jurídica y la institucionalidad valen y multiplican cada peso que se destina a reforzarlas. Es su ausencia la que encarece la vida diaria, porque sin ellas, se impulsa y ampara la corrupción.

IAizpun@diariolibre.com