De cementerios, varones y tumbas

Es una obra de Franklin Gutiérrez, dominicano, catedrático de literatura latinoamericana y caribeña en The City University of New York, que haciendo doscientas visitas a cementerios dominicanos y algunos extranjeros nos muestra lápidas, cruces, tumbas, panteones y malezas. Y el lector encuentra en este libro las situaciones por las que pasó el autor al caminar por algunos cementerios, cómo, al tirar treinta fotos en el viejo de Los Minas, de la Avenida Independencia, sólo se le registraron dos, y al ir al Cristo Redentor, el carro no le dio ni para atrás ni para alante. Y el mecánico le dijo: "La bomba de gasolina acaba de fallecer". En Los Peralejos se le quemó la cámara, y según el encargado de cuidarlo había sido, "porque el Varón del cementerio no quería ser fotografiado". Recorrer estos lugares, dice el investigador, es deprimente, salvo excepciones.

Aquí se muestran muchos visitados por turistas, construidos cientos de años atrás, cuidados, y, otros tantos, como los dominicanos administrados por los ayuntamientos, descuidados. Pero si hay algo que atrapa la atención son los epitafios, algunos hasta para morirse de risa: "Mamá, perdóname por haberte llevado donde Minga". Y ya usted querido lector, estimada lectora, me dirá ¿qué significa esto? Otro: "Hasta que el sepulturero nos separe". Y este, en la Caleta (Santo Domingo Este): "Desale, que Dios te perdone". Y ni hablar de este otro: Aquí descansa el "desclamador". Falta ortográfica incluida.

La muerte causa pánico en muchas personas, dolor en más, miedo en algunos que saben que van a morir, y sobre todo no gusta a otros tantos ir al cementerio aunque sea a visitar la tumba de su madre. Algunos proclaman que algo queda más allá del cadáver, que ahí dentro hay un pedazo del alma o un poco de energía que se siente al visitarlo, otros dicen que solo queda el esqueleto, y hay quien habla con sus muertos, va a contarles lo que pasa con su vida y otros que tan solo van el Día de Difuntos, el aniversario y llevan flores, limpian la tumba, rezan y hasta lloran. Haga lo que se haga, los cementerios, cualquiera que sea su calidad, además de la posición social y económica de muertos y familiares, es parte de la cultura de cada pueblo. Franklin Gutiérrez con este libro, De Cementerios, Varones y Tumbas, nos lleva paso a paso por Varones Bonachones, Varones Sin Lustre, Cementerios de Nadie, Amor del Negrito, Epitafios Usurpadores, Los que el Jefe se llevó y otros tantos capítulos con fotos, que nos hacen ver lo que somos y lo que dejamos de ser.

Es una investigación profunda, caminada paso a paso, por años, con algo que nos da risa, otras que nos hacen reflexionar y muchas que nos traen recuerdos y hasta el deseo de visitar esos lugares para sentir en carne propia el estremecimiento de ver un amigo abandonado, una tumba destrozada y otras tantas cosas increíbles. Les recomiendo este libro. Tiene mucha información. En él encontrará lo divino, lo humano, en lo que se cree y se deja de creer, lo que es la religiosidad y cómo se maneja.

Denver, Colorado

La muerte causa pánico en muchas personas, dolor

en más, miedo en algunos que saben que van a morir,

y sobre todo no gusta a otros tantos ir al cementerio

aunque sea a visitar la tumba de su madre.