El embajador olvidado en la historia de la PUCMM
Al referenciarse los orígenes de la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra en 1962, se alude que la idea de su fundación, con el patrocinio de la Iglesia Católica, fue de Monseñor Hugo Eduardo Polanco Brito, primer Obispo de la Diócesis de Santiago, la cual fue asumida por la Conferencia del Episcopado Dominicano, que determinó su creación mediante un Auto de Erección fechado el 9 de septiembre de ese año. Por razones desconocidas, se obvia que en la forja de esa alta casa de estudios jugó un papel fundamental el entonces Embajador Extraordinario y Plenipotenciario ante la Santa Sede, Lic. Manuel Ulises Bonnelly Fondeur, designado en el cargo en el mes de mayo de ese año.
De acuerdo a las breves memorias de Bonnelly sobre su misión diplomática en el Vaticano entre 1962 y 1965, su nombramiento constituyó una brillante oportunidad para hacer realidad su sueño de crear una universidad en Santiago, anhelado desde el cierre en 1917 del Instituto Profesional, primer centro de altos estudios graduados que existió en esa ciudad, y que pretendió revivir sin éxito en 1942. Bonnelly recuerda que, después de la presentación de sus credenciales ante Juan XXIII, en una visita de estilo realizada a "cada uno de los Cardenales actuandos", les dio a conocer la necesidad de contar con una "Universidad Católica" en Santiago, que contrarrestara el caos gestado en la Universidad Autónoma de Santo Domingo por la propaganda comunista de Fidel Castro - entonces con apenas tres años en el poder - , al tiempo que les pidió "que suplicaran al Santo Padre la fundación de la Universidad". Unas notas de su hijo Federico Carlos Bonnelly Valverde (Freddy), nombrado Primer Secretario de la embajada dominicana en Italia en 1964, contradicen este aspecto de sus memorias, pues de acuerdo a este, en el mismo momento de la entrega de las cartas credenciales, el embajador Bonnelly le dijo: "Su Santidad, yo quiero una universidad católica para Santiago, mi ciudad natal", rompiendo así el protocolo de aquel acto solemne.
Fuese como fuese, el pedido del embajador Bonnelly fue atendido, y de acuerdo con su hijo, "el Papa Juan XXIII ordenó comenzar los preparativos para ese acontecimiento. El interés papal le fue comunicado a los obispos dominicanos e inmediatamente comenzaron los preparativos. Todos los obispos fueron a Roma y comenzaron los trabajos. Por supuesto, todo se hacía en la Embajada y comenzaron las discusiones, todos ellos opuestos a que fuera en Santiago por ser esta todavía una ciudad pequeña y no tenía las condiciones propias para albergarla. Mi papá insistió siempre que debía ser en Santiago sobre todo por esta la capital del Cibao". De acuerdo a Bonnelly Valverde, el propio Polanco Brito y Monseñor Octavio Beras Rojas, presidente de la Conferencia del Episcopado Dominicano, en una reunión convocada por el Papa en la que no participó su padre, argumentaron que "el sitio ideal era Santo Domingo por ser esta una ciudad más grande y tener mejores condiciones para su desarrollo". En ese encuentro, dice Bonnelly Valverde, sucedió un hecho decisorio que trastornaría a los prelados dominicanos: Juan XXIII "pidió un mapa de la República Dominicana y al ponérselo en frente le pidió a los obispos dominicanos que le señalaran el sitio donde el embajador Bonnelly quería. Al mostrárselo, con su dedo índice señaló a Santiago y dijo: "AHÍ SERÁ". Según su testimonio, los hechos que culminaron con la creación de la hoy PUCMM le fueron referidos tanto por su padre como por el propio Monseñor Polanco Brito, el reverendo Daniel Cruz y empleados de la embajada.
El Lic. Bonnelly Fondeur motivaría además a su hermano menor Rafael F. Bonnelly, entonces Presidente de la República y del Consejo de Estado, para que la universidad tuviese personalidad jurídica. En ese orden, se recuerda que el presidente Bonnelly quiso que su requerimiento fuera satisfecho el 23 de diciembre de 1962, día de su cumpleaños, pero fue días después, el 31 de diciembre, que el Consejo de Estado dictó la Ley No.6150, por la que le fue reconocida la personalidad jurídica a la universidad, se exoneró de todo impuesto, derecho, arbitrio o contribución, se le concedió franquicia postal y telegráfica y sus títulos académicos fueron equiparados a los que concediera la Universidad Autónoma de Santo Domingo en alcance, fuerza y validez.
Los empeños del embajador Bonnelly Fondeur en lograr una universidad para Santiago desde su intento frustrado en 1942 le fueron comunicados a Monseñor Polanco Brito en una carta que el primero le dirigió desde Roma el 17 de julio de 1963, en ocasión de remitirle cien dólares como aporte para la segunda etapa de la casa de estudios: "Cuando tomé posesión del cargo de Embajador ante la Santa Sede que me honra, el pasado año de 1962, fue mi caballo de batalla pedir por una Universidad Católica para Santiago y con la ayuda de Dios y las personas altruistas y entusiastas se pudo obtener en tiempo relativamente corto nuestra "Madre y Maestra" fundada por el Episcopado dominicano y dirigida y dirigida e impulsada con sumo acierto por su Excelencia Reverendísima", escribió. Polanco respondería esa carta con una breve misiva del 6 de agosto siguiente, en la que no hace referencia a sus aprestos vaticanistas, dándole sólo las gracias por su aporte económico y por "su interés por el levantamiento cultural de Santiago y con ella de toda la región del Cibao".
Los documentos ilustrativos del proyecto de construcción de un campus a pocos kilómetros del Monumento a los Héroes de la Restauración, en terrenos donados por el ayuntamiento del municipio de Santiago, que le remitió Polanco Brito junto a la carta antes citada, activarían nuevamente al embajador Bonnelly. Según narra en sus memorias, aprovechó la presencia de buena parte de los integrantes de la Conferencia del Episcopado Dominicano en Roma en 1963 para insinuarle a Monseñor Polanco Brito, frente a sus compañeros, la conveniencia de solicitar al gobierno del Triunvirato la suma de un millón de pesos, con el fin de coadyuvar a la erección de los edificios que alojarían las aulas y facultades de la universidad. Apunta que Polanco se opuso a esa idea, porque "él comparaba la naciente Universidad con un niño acabado de nacer que sólo había dado su primer bajido y que no quería que prosperara rápidamente si para ello tenía que apelar al Estado Dominicano que, al brindar su aporte podría considerarse con derecho a tener influencias sobre el recto rumbo de dicha Universidad". Pese a la oposición de Polanco, Bonnelly Fondeur logró audiencias por separado con los triunviros Donald Reid Cabral, Manuel Enrique Tavares Espaillat y Ramón Tapia Espinal, a los que les externó su propuesta, que ratificó en una carta fechada en Santo Domingo el 31 de diciembre de 1963. La donación sería aprobada en enero de 1964, como se desprende de un telefonema de felicitación que Bonnelly envió a Polanco Brito el 27 de ese mes; los primeros doscientos mil pesos del aporte gubernamental serían entregados al obispo el 30 de marzo siguiente por el Dr. Ramón Tapia Espinal.
Como queda visto, el embajador Manuel Ulises Bonnelly Fondeur - cuya memoria fue evocada en algún momento de la rectoría de Monseñor Roque Adames entre 1968 y 1970 - desempeñó un rol de primer orden en la etapa constitutiva de la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra, de cuya influencia regional y nacional estuvo más que seguro, como expreso a los miembros del Triunvirato en una carta fechada en Roma el 15 de diciembre de 1964: "su permanencia (…) traerá indefectiblemente muchos beneficios al norte del país y a la República entera: formará los hombres del mañana, facilitará la cultura en la zona más importante de la Nación, dará mayor movimiento comercial a Santiago, formará un núcleo intelectual en el centro del Cibao que podrá prestar muy útiles servicios en la solución de los problemas nacionales y ayudará poderosamente a los estudiantes pobres de Moca, La Vega, San Francisco de Macorís, Salcedo y de las otras poblaciones vecinas, porque les permitirá asistir a cátedras universitarias sin ocasionarles grandes gastos".
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