Las angustias del movimiento

Mientras esta maldita Guerra Mundial ya va entrando en su cuarto año, por su culpa, aquí estamos llegando a condiciones de vida muy parecidas a las de los indios. No hay más que ver lo difícil que se ha puesto conseguir la goma de un auto, un paquete de cigarros decentes, o una simple hoja de papel para escribir cartas a la novia, no hablando ya de la gasolina

Quienes vivimos en esta isla, dizque en paz, no sabemos ya, a ciencia cierta, si es menos pesado soportar las descargas de las ametralladoras y morteros alemanes en una trinchera, o caminar bajo este sol de sentencia, tan rubio y tan nazi, capaz de reblandecerte la mollera y dejarte la piel de la cara estirada y ardiendo, como un tambora en tiempo de carnaval. Para mí que toda esta escasez forma parte de un bien meditado plan de Hitler para vencernos por hambre y cansancio, y para no tener que gastar una sola bala en dominicano alguno, el día en que, según sus planes, se decida a plantar la bandera de la swástika en lo más alto del pico Trujillo. Claro, ese loco sabe de sobra que aquí la gente no cree en el cuento de la superioridad de las razas, ni en que vengan de afuera a mandarnos. Para que se encuentre en este país, en el supuesto de que logre desembarcar, una resistencia más fiera que la de los rusos del Ejército Rojo, que la de de los guerrilleros yugoslavos de Tito, o que la de la Resistencia francesa que sigue al general De Gaulle, bastaría que le digan a la gente del pueblo que, después de la ocupación alemana, habría toque de queda a las 7.00 de la noche, estarían prohibidas las peleas de gallo, los juegos de pelota, las partidas de dominó en los colmados, y que el merengue que toca la "Superorquesta San José", sería sustituido por retretas de bandas militares en los parques, con asistencia obligatoria para todos.

Díganle eso al pueblo, y verán a los gavilleros renacer como matas de cilantro a la orilla de los ríos. Díganle eso a la gente de este país, si quieren que la isla sea más inexpugnable a una posible invasión germana, que lo que han demostrado ser las Islas Británicas.

Por eso, para mí, que tanto racionamiento cicatero, tanta penuria y hambre, tanta estrechez que nos regresa a la coa y al taparrabos, a la caminata y a las sombras, cuando cae el sol, no son más que artimañas de los nazis para ablandarnos, porque desconocen que en el Caribe habitamos pueblos que jamás hemos vivido en total bonanza, y que pelear y resistir imperios es el deporte nacional.

¡Pobres nazis, alguien debía sacarlos de sus ilusiones! ¡Mira que aparecerse aquí predicando purezas y superioridades tontas, en medio de un reverbero irreverente, sobre el que han hervido todas las razas posibles en las pasiones y el entrecruzamiento libre, y donde ha tenido lugar, por siglos, la convivencia de todas las culturas!

Bueno, a decir verdad, las angustias no solo provienen de afuera, también nosotros las aderezamos con un poco de nuestra burocracia insular y esa trujillista manera de reglamentarlo todo y controlarte hasta en el excusado. No podría ser de otra manera, Hoy el pretexto son los nazis, no en vano transcurre este año de 1943, pero ayer lo fueron los horacistas, y también los llamados "pseudo-revolucionarios" del exilio, la quinta columna emboscada contra el Jefe, proclive a conspiraciones, atentados y magnicidios, y las numerosas expediciones que se organizaron en vano, y que nunca desembarcaron. No hemos tenido paz en estos 13 años de La Era, esa es la verdad, y me callo, porque como los indios han vuelto a estar de moda, no quiero terminar incinerado, como el cacique Hatuey.

Pero lo que no puedo callar es lo que pienso cuando camino bajo este sol inclemente; cuando se hace imposible abordar un carro público, porque estos están, en su mayoría, varados en sus parqueos, como enormes cetáceos que encallan en la arena de las playas para suicidarse. Y todo por la enorme escasez de gasolina provocada por esta guerra, que no sé bien si tiene algún sentido.

Hoy, cuando sudamos a mares y nos derretimos bajo el sol, la propaganda aliada, y las propias emisoras del Partido Dominicano, nos explican que ese sacrificio es necesario para derrotar al Eje. Puede que sea cierto, pero al terminar la caminata de cada día, los derrotados somos nosotros. Mientras tanto, pasan por nuestro lado los potentes autos de los jerarcas del régimen para los que el racionamiento es solo una lejana consigna a cumplir por la plebe, nunca por los elegidos. Y además, tenemos que tragarnos en silencio, andando por la vera de los caminos, la polvareda que levantan y dejan detrás en su vertiginosa carrera feliz.

Sé de buena tinta, porque lo agradable de un país como este es que todo se sabe, que el 2 de noviembre, en carta al Comandante en Jefe del Ejército, el coronel Felipe Cipriano, y el mayor Dominicano A. Alvarado, Ayudantes Militares del Generalísimo, han pedido una asignación extra de gasolina, para ser usada en sus carros oficiales 246 y 249, "…en razón de que los suscritos tiene su residencia en la ciudad y han de efectuar varios viajes a la estancia "Ramfis", en donde está instalada su estación de servicios, y tomando en consideración la escasez de transportación pública…" Como si yo, que me derrito a diario como una pudorosa barra de mantequilla al calor, tuviera alguna instancia a donde lloriquear lo que me cuesta moverme en medio de tales limitaciones.

Pero eso no es todo: lo que más me molesta es que con lo que nosotros sufrimos, otros gozan. Que lo que provoca en la mayoría dolor y sufrimientos, es fuente de peculado y enriquecimiento para ciertas élites acomodadas, precisamente, las destinadas por su posición privilegiada, a dar el ejemplo. No es secreto para nadie que, a la par de los racionamientos estrictos, florece un lucrativo mercado negro donde se están labrando las mayores fortunas futuras de este desolado país. Ya los veremos emerger desde las sombras, ungidos del oro que acumularon en tiempos oscuros, erigiéndose en salvadores y pilares de la nación, y en sus más virtuosos y acrisolados hijos.

Dan asco.

Ya en abril, las autoridades sabían bien, por confidencia del chofer Adolfo Gell, de Puerto Plata, que cuando los guardacostas de la Marina de Guerra llenaban sus tanques en la West Indies, los empleados "…sacaban cierta cantidad de gasolina, en latas, para luego venderlas a determinadas personas; y que al no haber el debido control en los guardacostas, esta filtración era beneficiosa para los empleados de dicha tarea". Lo que no se decía era que los oficiales de tales embarcaciones no eran tontos, y que lejos de ser engañados, engañaban, lucrando también, en connivencia con los pícaros de la West Indies, unidos en semejante plante.

Y para colmo, para terminar de ponerle la tapa al pomo, también supe, y lo recuerdo ahora, mientras sudo a mares bajo un sol inclemente y sin remordimientos, que no se quedaban atrás en el negocio sucio de las ganancias derivadas de esta guerra absurda, los gringos de siempre, esos que mientras otros mueren por ideales, hinchan sus billeteras con la sangre de los muertos, y terminan por proclamarse sus herederos directos.

Cuando miles de hombres jóvenes mueren en los campos de batalla europeos, un reducido destacamento de pícaros, comisionados por compañías piratas, rastrean nuestro país en busca de recursos estratégicos que desfalcar, en nombre de la lucha contra el fascismo. Por eso, mientras chicos idealistas y nobles de Arkansas, Arizona y Texas vuelan por los aires, desmembrados por las minas o la metralla teutona, los polacos, rusos y búlgaros son fusilados por los ocupantes, y los gitanos y judíos son transformados en humo en los campos de concentración nazis, unos exploradores norteamericanos de la empresa "Seaboard" recorren la geografía nacional en busca del petróleo que ya nos venderán, refinado como gasolina.

También lo sé, y ahora lo recuerdo mientras me detengo bajo este sol inaudito. Lo supe por un amigo del mayor Tomás Flores, quien en su informe del 22 de mayo del presente año, impuso al Comandante General del Ejército Nacional, primero mediante un telefonema, y luego por escrito, que "… desde el día 19 del corriente varios empleados de la compañía de petróleo "Seaboard" se encuentran en la sección de Arroyo Blanco, y que según sus declaraciones, van a hacer exploraciones e investigaciones geológicas por esos contornos, en busca de petróleo… El año pasado, esos mismos sujetos descubrieron en esta región un líquido bastante inflamable, muy parecido al gas…"

No le tengo tanto miedo a los nazis, como a estos aliados que en medio de la guerra andan buscando fuentes de lucro. También a los jerarcas del patio, que son sus garantes, en contra nuestra.

Sigo caminando bajo el sol. Sufro las angustias del movimiento. Y a pesar de canallas, aprovechados, y enriquecidos patrioteros, pienso con orgullo, que si esos nazis abusadores y racistas intentan desembarcar en esta isla bendecida, para hacernos tragar papas hervidas en lugar de habichuelas, arroz, mofongo y un buen guiso de lambí, me hallarán entre los gavilleros.

Sigo caminando bajo el sol. Sufro las angustias del movimiento. Y a pesar de canallas, aprovechados, y enriquecidos patrioteros, pienso con orgullo, que si esos nazis abusadores y racistas intentan desembarcar en esta isla bendecida, para hacernos tragar papas hervidas en lugar de habichuelas, arroz, mofongo y un buen guiso de lambí, me hallarán entre los gavilleros.

Nota: Algunos nombres de los personajes de la serie "La Era" son ficticios, y los sucesos rigurosamente ciertos. Los documentos que los avalan pueden consultarse en el Archivo General de la Nación.