Los dientes de Negrita
Negrita era el nombre de una perrita chihuahua que le regalé a la que luego se convertiría en mi esposa. La perrita, de malas pulgas, fue muy especial en mi familia. El amor que le profesaba mi pareja la protegía de cualquier castigo merecido. La perrita tenía la mala costumbre de mordisquear cuanto objeto se cruzara por delante de su curioso hocico. Las cosas a su alcance, después del jugueteo bucal, quedaban reducidas a una inservible masa informe. El presupuesto nacional en ejecución luce tan maltrecho que me parece castigado por los dientes de Negrita. Lo malo: tampoco hay castigo. hfigueroa@diariolibre.com
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