Los huérfanos de la violencia
Como psicóloga y terapeuta de duelo con más de veinte años de ejercicio profesional ante el auge de tantos feminicidios que están ocurriendo en nuestro país nos preocupa de manera muy particular una población que se está dejando de lado: los huérfanos de la violencia.
Somos testigos de varios escenarios: un hombre que mata a su esposa o compañera (homicidio) y otro que luego de asesinar a la mujer se suicida (homicidio-suicidio).
Ambas situaciones revisten un tratamiento diferente, el homicida va a la cárcel la mayoría de las veces a cumplir su pena y el suicida se mata luego de asesinar a la mujer que "amaba". Se mantiene el dicho popular: "ni contigo ni sin ti".
¿Cómo se puede sentir un niño o adolescente cuyas dos figuras mas importantes de su vida en un momento lo dejan en completo abandono?, uno por años indefinidos de prisión y dos por muerte.
Aquí estamos tratando con una situación de duelo en circunstancias traumáticas. Muchos niños y adolescentes presencian atónitos e impotentes como "papá" asesina a "mamá" y luego se quita la vida. Estas imágenes permanecerán por mucho tiempo en las mentes de estos jovencitos.
Es altamente difícil para los familiares de una y otra parte mantener un equilibrio psicológico que permita darle el sostén emocional que estos niños necesitan.
Los huérfanos de la violencia requieren esencialmente ser acogidos por un hogar sea de tíos, abuelos u otros familiares que ayuden a estos muchachos a procesar esta tragedia en sus vidas, que este acontecimiento atroz no se vuelva en un odio destructivo hacia ellos mismos o un deseo de venganza.
Se necesita ofrecerles un apoyo psicológico especializado no solo en el momento de la tragedia en el que se le debe explicar en un lenguaje sencillo pero altamente comprensivo lo sucedido. Las familias necesitarán un seguimiento continuo a través del tiempo para saber como manejar las tantas y variadas situaciones que estos muchachos van a vivir.
Hoy sabemos que mas del 75% de los casos en que hay suicidio luego de un homicidio, la persona estaba deprimida y probablemente daba señales que no fueron interpretadas por los familiares o amigos.
La persona deprimida se siente una carga para los demás, siente que no pertenece, no se percibe importante ni necesario a esto agregamos situaciones económicas difíciles, conductas autodestructivas: consumo de drogas y alcohol, descuido de la salud y autoagresión. Todo esto constituye una bomba de tiempo.
Muchas personas que están en este estado procuran un arma, empeñan sus ahorros para conseguirla a toda costa y llevar su propósito: un plan suicida que estaba gestándose desde hace meses.
Es mucho lo que se ha dicho de la importancia de los medios de comunicación de cómo transmiten estas noticias, lo que he observado en los últimos meses es un incremento del odio hacia los hombres llamándole "monstruos" y otros calificativos peyorativos.
En un tema del libro de mi autoría: "El Duelo: un camino hacia la Transformación" (2007) enfatizo en el capítulo de cómo los hombres viven el duelo que analicemos como estamos educando a los varones. Hay un código estricto a seguir para ser un hombre: no mostrarse vulnerable, no mostrar los sentimientos, llevar el control y ser fuertes ante todo. Por otro lado a las mujeres se nos enseña que tenemos que ser seductoras, ser comprensivas y tolerantes y no mostrar nuestra incomodidad por lo menos no abiertamente.
Necesitamos revisar como estamos educando a las hembras y varones de nuestro tiempo; no es solo que los hombres se sienten intimidados ante el nuevo poder de las mujeres que salen a la calle a trabajar y que están teniendo nuevas oportunidades para desarrollarse y que el hombre se siente inseguro y desplaza su ira con la violencia. El asunto no es tan sencillo.
Ante una tragedia sea homicidio y/o suicidio los niños y adolescentes necesitan no solo del apoyo emocional por largo tiempo y de un hogar de acogida sano sino también de una sociedad que no los convierta en víctimas ni que sean señalados y mucho menos rechazados.
Muchos niños nos han confesado en consulta que por lo menos se sienten aliviados de no seguir presenciando un ambiente de inseguridad y de miedo.
Si a estos niños y adolescentes no se les da el apoyo requerido es muy probable que sigan perpetuando el círculo de violencia aprendido en sus hogares, o que los varones se unan a "pandillas" a delinquir donde sean aceptados y las niñas se prostituyan para sobrevivir y recibir un poco de "atención y reconocimiento".
Por lo traumático de este duelo, los niños huérfanos de la violencia son una urgencia para toda la sociedad, desde los profesionales de salud, las instituciones del estado, las escuelas y comunidades religiosas.
La autora es psicóloga clínica, terapeuta de duelo
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