¡Otra vez!

Algunas cosas no fallan. Si usted ve a Hubieres y Cía saliendo contentos del Palacio... usted puede estar seguro de que le va a costar dinero.

Los empresarios del transporte ofrecen un servicio caro, inseguro y deficiente. Incumplen todas las normas de seguridad y eficiencia exigibles al sector. Además, contaminan más que nadie, entorpecen el tránsito e impiden, por la fuerza si es necesario, que otros empresarios entren en el negocio y los consumidores puedan elegir. El usuario de transporte público es un rehén.

Eso, en lo referente al transporte de pasajeros. En cuanto al de carga, actúan como un monopolio, protegidos desde el gobierno de turno y los empresarios se ven obligados a contratar a estos mal llamados sindicalistas. Por no poder, no pueden ni siquiera tener sus propios camiones. El sector del transporte distorsiona la economía ya que encarece las tarifas, impide la libre competencia y ahora... marca el precio de los combustibles. Es un sector empresarial que ha encontrado la manera de que seamos los ciudadanos los que compremos sus equipos.

Y todo, con sonrisas en Palacio.

Con este capítulo de la reforma fiscal nuestros impuestos contribuirán ¡otra vez! a NO solucionar un problema grave de la economía dominicana, de la actividad diaria de sus ciudadanos y del tránsito vehicular.

Les hemos comprado vehículos amarillos, blancos y multicolores. Automóviles y autobuses que todavía deben. Lo que han querido, en cada gobierno. Y ahora... ¡otra vez!

IAizpun@diariolibre.com