Palabra vacía

La democracia dominicana, esa construcción imperfecta y siempre vacilante de nuestra historia, tiene su hora de prueba en cada proceso comicial. El principio de alternabilidad se tambalea por la propensión irrenunciable de nuestros dirigentes políticos y partidos a recurrir, en el pasado, a la fuerza de los sables, y en el presente, a la fuerza del dinero. El derecho no preside, como debiera ser, nuestros cambios políticos. La ambición tuerce a menudo la norma para garantizar la anormal continuidad. Joaquín Balaguer, asiduo practicante de la continuidad, dijo que la democracia no era más que una palabra vacía trasladada al papel. hfigueroa@diariolibre.com