Reír o llorar
La decisión deja sabor agridulce. La envoltura nueva del decreto cubre el viejo contenido. Danilo quita bien y pone mal. La destitución, siguiendo el rumor público, no deja al público de buen humor. El PQDC conserva el cargo que pierde el líder del partido. La sustitución persigue, más que corrección, eliminar el ruido. El nombramiento, en cambio, consigue recordarnos que las instituciones se reparten entre los partidos. En ese derecho adquirido está la raíz de todo el mal. Las fichas pueden haber cambiado, pero la partida que se jugará será la misma. Por eso nadie sabe si reír o llorar. hfigueroa@diariolibre.com
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