Rescatando a Rubirosa
Quizá habría que haber vivido la época para entender en toda su dimensión el encanto de Porfirio Rubirosa.
Aparte de formar parte del círculo íntimo de un dictador y de casarse por dinero con las mujeres más ricas del mundo, (siguiendo el viejo y nada diplomático método de seducirlas y cobrarles) no se le conoce otra función que la de divertirse con absoluta profesionalidad y en varios idiomas.
Esas dos condiciones, la de su cercanía con Trujillo y la de ser un gigoló (término de la época hoy en desuso pero burbujeante, perfecto para un bebedor de champán) no lo hacen el personaje más recomendable para promocionar a la República Dominicana del siglo 21.
¡Ah! Pero no, el Ministerio de Turismo no opina igual. En una surrealista iniciativa, organizó la primera Copa de Polo Embajador Rubirosa, en California, como preámbulo a la que se celebrará en 2013 aquí.
La intención es atraer el turismo de lujo... y aún así la idea sigue siendo extraña.
Embajador Rubirosa, otra vez...
Buscar referentes en un pasado de fiestas exclusivas, de ambientes sofisticados pudo haber sido un buen gancho... pero reivindicar con honores a un mujeriego trujillista no es exactamente sofisticado. El oficialismo encuentra en los atributos de Rubirosa un argumento para hacer una campaña mundial, con la broma del pimentero incluida y los chismes de cama de rigor.
Todo muy sexista, por otro lado... sólo que el objeto esta vez, no es una mujer, sino un mujeriego.
IAizpun@diariolibre.com