Tusas fondomonetaristas y presupuestarias complementarias

Primera tusa

Gran maestro y filósofo Vitriólico, dígame, ¿han servido para algo los últimos acuerdos que hemos firmado con el FMI? No sea tan cáustico. Entienda que lo fundamental es que la sociedad trabaje para reforzar la institucionalidad y alcanzar el desarrollo. Y, ¿el FMI, qué? Ni qué, ni nada. Es lamentable que los últimos acuerdos con ese organismo hayan servido, a plena consciencia, para desajustar la economía, multiplicar la deuda, usar mal en gasto corriente el dinero de los préstamos, y profundizar el déficit público, sin resolver los problemas fundamentales. Entonces, no me acuse de mordaz. Vuelvo a preguntarle, ¿tiene sentido pactar otra vez con el FMI? Y yo le respondo que depende. ¿Depende de qué? De que haya cambio de actitud. Es que me confunde. Mire, está claro como el agua que ha habido complicidad en la ejecución de políticas que son dañinas a la sociedad, pero políticamente convenientes. ¿Para quienes? Reflexione. En estos años el FMI no ha mostrado preocupación ni exigido soluciones por la enorme brecha existente en la cuenta corriente externa, ni se ha perturbado por la falta de competitividad de la economía, ni por la desviación del ahorro interno de la producción al consumo, como tampoco se ha interesado en exigir niveles decentes de ahorro corriente, ni en la contención del endeudamiento y del déficit. Eso no debería repetirse, porque es la antítesis de lo que se requiere para salir del subdesarrollo. Bueno, pero ahora podría haber una actitud diferente. Si. Ojalá la hubiera. Lo malo es que las mañas antiguas no son fáciles de corregir sobre todo si se viaja con mulas viejas. No hay animal más poco confiable que una mula mañosa. Entonces, ¿no hay esperanza? Si la hay. Y mucha. Será que no tiene suficiente fe. Al contrario, me sobra, pero, siento un mosqueo en las orejas, cosas de mulas ha de ser. Eso sí, dése cuenta que el ambiente es propicio para cosechar un apoyo amplio y decidido de todos, condicionado a que las cosas se hagan como se espera. ¿Está seguro? Si. Y en ese contexto, hecho el mea culpa, el FMI podría ser útil para dar sostenibilidad a las finanzas públicas en un marco de políticas sanas y crecimiento basado en los sectores expuestos a la competencia internacional. Y, ¿en qué consistiría el cambio? Entre otras cosas en poner en vigencia políticas que lleven a menos deuda y más ingresos de divisas propios; más inversión y menos consumo importado. Más producción y trabajo formal, y menos obras gruesas financiadas sin proporción con su utilidad; más gasto de calidad, y menos dispendio; más financiamiento orientado a la producción y menos al consumo; en otras palabras, al desarrollo. Y ¿el FMI apoyaría esos lineamientos? No veo razón para que no los apoye, aunque son los dominicanos los que tienen que respaldarlos. Usted si es ingenuo. Tal vez, pero no me voy a salir de la ruta para que usted tenga que comerse esta tusa.

Segunda tusa

Gran maestro y filósofo Vitriólico, ¿tiene algún sentido el presupuesto complementario? Claro que sí. Ofrece la ventaja de facilitar el manejo del presupuesto de la nación con la técnica innovadora del chiclet. Y, ¿qué técnica es esa? Ah, la de estirar las cifras como si fueran goma de mascar, con el valor añadido de que hasta podrían hacerse algunas burbujitas en el camino. Eso elimina la necesidad de analizar y monitorear el presupuesto, puesto que siempre será posible justificar y añadir cualquier modificación, por estrambótico que parezca. Pero, ¿usted cree que eso está bien? Si. Muy bien. No sea tan bárbaro. ¿Bien? ¿Para qué? Ah, ya reaccionó. ¿Sabe para qué? Para exacerbar el desaliento y la frustración colectiva por la falta de institucionalidad que se refleja en el hecho de presentar un complemento al presupuesto con modificaciones tan grandes y con tanta frecuencia. Es imperdonable que la clase política no se dé cuenta del daño que se hace al sistema democrático al consentir una burla tan burda. Y el país queda como una caricatura patética. ¿No exagera? Que va. Es el espejo el que muestra que el traje de la institucionalidad no se ajusta a la percha que lo porta. Usted no está cuerdo. Yo sí. Muy sobrio en los juicios. No como usted, tan afrentoso. Ya me cansé de su insolencia. Pues es muy fácil, cambie el tiesto que usa y cómase esta otra tusa.

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¿Han servido para algo los últimos acuerdos que hemos tenido con el FMI?

¿Tiene algún sentido el presupuesto complementario?