El Gran Gatsby, con dos miradas al unísono
CANNES. FRANCIA. En "El gran Gatsby", la película con que inició la 66 edición de Cannes, se evidencian dos miradas diferentes. Una, la del director Baz Luhrmann, quien escribió el guión a cuatro manos con Craig Parce, que me atrevería afirmar es una lectura contemporánea, de e-book, con rap incluido (Jay-Z muy dignamente), donde la banda sonora no resulta chocante; y otra la que hacen los propios actores, del Fitzgerald clásico.
Claro que en 3D, la historia que se cuenta de los años 20, resulta demasiado fabricada en computadoras -el cine va dejando de ser hecho con cámaras y luces- y así cualquiera hace las piruetas que le dé la gana con las imágenes como si fuesen cámaras volando. Pero lo salva ese sabor a verdaderos años 20 que logra fijársele con el perfume de una excelente ambientación art deco y un impecable diseño de imágenes, complementado con el vestuario, los peinados, el maquillaje.
Quizás la lectura de El Gran Gatsby hecha por Luhrmann tenga que ver con aquello que manifestó Fitzgerald: "Quiero escribir algo nuevo, algo extraordinario y hermoso y simple e intrincadamente decorado". Porque por ahí va esta versión del clásico del siglo XX.
Sólo que la mirada que hacen los actores es mucho más indagatoria de la esencia de ese mundo que arrojó sobre sus personajes el escritor norteamericano. DiCaprio entra a escena casi media hora después de comenzada la película, cuando ya el espectador conoce a fondo a Nick Carraway, cuyo personaje fabricó Tobey Maguire con suma conciencia y al Tom Buchanan, de Joe Edgerton, que originalmente iba a hacer Ben Afleck, así como a la estupenda Carey Mulligan como Daisy, que es la manzana de la discordia. Destaco la actuación de Leonardo DiCaprio, en especial esos momentos en que denota inseguridad o en el explosivo hombre enfrentado a su enemigo.
El Gran Gatsby tiene como trasfondo el charlestón y el jazz, surgidos por esa época determinada por una gran expansión económica, recordada como "los años locos", con su exhuberancia de bailes, francachelas, derroches de todo tipo. Una época que fue genialmente descrita por Fiztgerald en la novela que da pie a esta película, quizás la mejor de las versiones realizadas hasta la fecha.
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