¿Cuándo vuelve Mr. Zander?
La Filarmónica Joven se estrena con dos grandes conciertos
Santo Domingo. Durante años, un equipo de profesionales de la Fundación Sinfonía, acompañado de un grupo entusiasta de voluntarios y patrocinadores, trabajó en lo que parecía un sueño. ¿Por qué no tener, aquí, en República Dominicana, una orquesta filarmónica de jóvenes músicos? ¿Por qué no crear un esquema para preparar a los jóvenes músicos de todo el país, de todas las condiciones económicas y sociales? ¿Por qué no hacer posible que recibieran una formación musical de calidad, de la estatura de sus sueños y de su talento?
Esta semana, cuando finalmente la Filarmónica Joven de República Dominicana se ha presentado en público, su estreno no pudo tener mejor acogida... ni mejor "padrino".
Después de una clínica de once días, dirigida por una leyenda, Benjamin Zander, director de la Filarmónica de Boston, acompañado por profesores internacionales, los jóvenes dieron una lección. De trabajo, de talento, de música.
Los más jóvenes, con once y doce años. Los más experimentados, enfrentados por fin a un Teatro Nacional lleno de espectadores ávidos de conocer el resultado del trabajo realizado. Escépticos, algunos.
Programa
A la batuta, Benjamin Zander, el afamado director acostumbrado a trabajar con las mejores orquestas del mundo. Zander, de quien se resalta que tiene el exquisito don de dar a cada pieza "el tempo" perfecto, no escatimó elogios: "República Dominicana tiene el privilegio de contar con una juventud extraordinariamente talentosa". En el Teatro, el joven director de 73 años disfrutó y se emocionó y logró de la nueva formación, un sonido pleno, unos matices emocionantes.
Escogió un programa hermoso y lleno de mensajes. "Difícil pero tocable", lo describía él. Un fragmento de Los maestros cantores de Nuremberg, de Wagner, para empezar. La pieza, explica al auditorio, "trata de jóvenes músicos que exigen su derecho a ser escuchados por los maestros". La Sinfonía del Nuevo Mundo, de Dvorak, para hacernos pensar en el esplendor y la promesa que encierra lo que recién se descubre. Música rotunda, vibrante, joven, como sus intérpretes.
En el Mauricio Báez
Pero la música clásica, tal como la entiende la Fundación Sinfonía, es demasiado enriquecedora y disfrutable para encerrarse en los teatros solemnes. Que nadie se confunda, la gran música no debe ser elitista, pertenece a todos.
Allá se fueron, los chicos y su mentor, a tocar ese mismo concierto en el Club Mauricio Báez. Ése es el espíritu de este proyecto, ése es el potencial de esta iniciativa, inclusiva como pocas.
Para allá se fue también el violoncelista Edicson Ruiz, un intérprete salido de El Sistema, ese programa de educación musical de Venezuela, fundado por el eminente José Antonio Abreu, y en el que se basa la Fundación Sinfonía para crear la Joven Filarmónica.
Ruiz no "toca"... abraza y baila con el instrumento, de manera que el espectador entiende mejor y disfruta su interpretación de una manera especialmente intensa.
El equipo de la Fundación Sinfonía (incluidos los donantes) puede estar orgulloso del trabajo. Eso sí, han dejado el listón muy alto. Y al público con ganas de más.