Las peripecias de una gira artística
Misael Rincón, además de ser un destacado profesional en el área audiovisual, lleva más de 15 años siendo músico. En su vida artística tuvo muchas giras y cuando regresaba mostraba las fotos de los lugares recorridos; las personas le externaron anhelo por hacer lo propio, pero él aprovecha para contar las peripecias que se viven en una gira artística.
Fue invitado por el grupo cristiano Alfareros en una gira reciente por Veracruz, México. Más que vivir otra experiencia, esta vez Misael se dispuso documentar todos los detalles del trayecto, desde que sale de República Dominicana hasta que regresa.
Crónica
Recuerdo que era viernes; a las 2:00 am suena el despertador mientras mi esposa le sigue el juego dándome con el codo para que aproveche la media hora que tenía hasta llegar a casa de Junior, el director del grupo, con quien partiría hacia el aeropuerto.
Me baño, me visto, recojo maleta, me despido de mi esposa y salgo a tomar el taxi que previamente llamé. Al reunirme con Junior el taxista me dice que no tiene menudo para devolverme de los 500 pesos que le pasé, por lo que "me mordió" -estafó-.
Ya con Junior tomamos otro taxi que nos llevó hasta el aeropuerto. Fuimos los primeros de siete que debíamos estar allí; en menos de cinco minutos completamos y a las 6:13 am cruzamos el gate (puerta del avión) rumbo a Miami.
Al pisar Florida el reloj marcaba las 8:30 am. Allá estaba Dolly, otra de las integrantes del grupo con una de las voces más potentes que he escuchado; una hora y media después abordamos el otro avión con destino a Dallas. Cabe señalar que nos volvieron a "morder" porque el aeropuerto de ese Estado cobra mucho por el uso del internet inalámbrico.
De Miami a Dallas tardamos tres horas y media con el cansancio acentuado en los párpados de los que viajamos. Cuando llegamos a Texas el piloto anuncia algo a los pasajeros y la multitud aplaude; no sabía de qué se trataba y le pregunté a mi compañero ¿qué fue lo que dijo el piloto?
-Dijo que le diéramos un aplauso al copiloto porque había logrado su primer aterrizaje solo.
Confieso que en ese momento se me salieron dos lágrimas y al bajar del avión tuve ganas de besar el suelo, pero me contuve. Para Alfareros ese fue el chiste del día, en especial para Vargas, uno de los vocalistas.
Ya en Dallas tuvimos que permanecer seis horas en el aeropuerto para poder abordar la próxima nave. Algunas personas decidieron salir a la ciudad, otros nos quedamos en la terminal porque, gracias a Dios, había internet gratis para comunicarnos con nuestros seres queridos que esperaban saber de nuestra condición.
Fueron seis horas que pasaron rápido porque aprovechamos para conocernos mejor, contar las historias de cada uno e intercambiar experiencias musicales. Y llegó la hora de abordar el avión hasta Veracruz, México.
No bien bajamos del avión cuando un grupo de fans de Alfarero nos recibieron con abrazos, fotos... como si fuéramos héroes de jóvenes veinteañeros.
Un autobús muy confortable nos llevó hasta la ciudad de Minatitlan, un pueblito petrolero en el mismo centro de México a cuatro horas y media del Aeropuerto de Veracruz. Arribamos al hotel a las 3:30 am y teníamos que estar listos para las 8:00 am.
Cuando el Sol anunciaba acentuaba el alba nos reunimos y fuimos a un desayuno impecable que nos habían preparados los comunitarios, además de canciones, regalos y anécdotas de lo que han significado las canciones de Alfarero en sus vidas.
Recuerdo que ese día llovía, pero la calidez del lugar opacó cualquier intento por disminuir la alegría. A las 11:00 am nos despedimos y partimos hacia el lugar donde se realizaría el concierto.
Al llegar noto que los técnicos de sonido y luminotécnicos mostraron preocupación porque las herramientas solicitadas no habían llegado del todo. Como todo profesional experimentado, lograron armar el escenario con lo que tuvieron a la mano.
Arranca el concierto... la gente llegaba por grupo y más del 80 % no pasaba de 30 años. La euforia era tal que se asemejó a un concierto de rock pesado, pero mucho mejor. El público coreaba todas las canciones; estábamos súper emocionados.
Llega la hora central donde un sacerdote entra al escenario para orar y todos de rodillas alaban a Dios, como si se improvisara un templo cristiano en segundos.
Después de las oraciones regresaron las canciones y la euforia volvió a surgir. El llanto se hizo colectivo con la última canción de Alfareros: "Ven, dame un abrazo". En ese instante los abrazos se multiplicaron y la energía positiva se expandió por todo el lugar.
Al concluir el concierto tardamos una hora más dando autógrafos y tomándonos fotos con los fanáticos, hasta que el manejador del grupo les recuerda que era la medianoche y que se hacía tarde para tomar el vuelo.
Cuatro horas y medias hasta Veracruz; llegamos al aeropuerto cansados y con el sueño visible. Recuerdo que Fermín, uno de los cantantes, bromeó apuntándome: "¿Tu no querías ser cristiano? Toma cristiano... No pudimos aguantar la risa y eso nos hizo olvidar por un momento el cansancio.
Cuando abordamos el avión rumbo a Dallas nos informan que se presentó una avería y que nos llevarían hasta México Distrito, Federal para alcanzar otro vuelo; llegamos a las 3:00 pm y logramos abordar el avión sin escala hasta Miami.
Tres horas de vuelo y arribamos en Miami; no bajamos bien del avión cuando empezamos a correr por toda la terminal como siete locos porque sólo teníamos 40 minutos para el chequeo migratorio. Como era de esperarse, nos dejó el avión.
Como estábamos varados, la aerolínea nos buscó un hotel, comida y transporte hasta que al día siguiente abordamos el avión; en total éramos 14 personas en el grupo, siete partieron hacia Puerto Rico y el resto hasta República Dominicana.
Así llegamos a tierra natal con la satisfacción del deber cumplido, aunque de nosotros olvidará las peripecias que vivimos en esta gira de tres días, donde queda demostrado que ser artista, aunque parezca divertido, no es nada fácil.
Fue invitado por el grupo cristiano Alfareros en una gira reciente por Veracruz, México. Más que vivir otra experiencia, esta vez Misael se dispuso documentar todos los detalles del trayecto, desde que sale de República Dominicana hasta que regresa.
Crónica
Recuerdo que era viernes; a las 2:00 am suena el despertador mientras mi esposa le sigue el juego dándome con el codo para que aproveche la media hora que tenía hasta llegar a casa de Junior, el director del grupo, con quien partiría hacia el aeropuerto.
Me baño, me visto, recojo maleta, me despido de mi esposa y salgo a tomar el taxi que previamente llamé. Al reunirme con Junior el taxista me dice que no tiene menudo para devolverme de los 500 pesos que le pasé, por lo que "me mordió" -estafó-.
Ya con Junior tomamos otro taxi que nos llevó hasta el aeropuerto. Fuimos los primeros de siete que debíamos estar allí; en menos de cinco minutos completamos y a las 6:13 am cruzamos el gate (puerta del avión) rumbo a Miami.
Al pisar Florida el reloj marcaba las 8:30 am. Allá estaba Dolly, otra de las integrantes del grupo con una de las voces más potentes que he escuchado; una hora y media después abordamos el otro avión con destino a Dallas. Cabe señalar que nos volvieron a "morder" porque el aeropuerto de ese Estado cobra mucho por el uso del internet inalámbrico.
De Miami a Dallas tardamos tres horas y media con el cansancio acentuado en los párpados de los que viajamos. Cuando llegamos a Texas el piloto anuncia algo a los pasajeros y la multitud aplaude; no sabía de qué se trataba y le pregunté a mi compañero ¿qué fue lo que dijo el piloto?
-Dijo que le diéramos un aplauso al copiloto porque había logrado su primer aterrizaje solo.
Confieso que en ese momento se me salieron dos lágrimas y al bajar del avión tuve ganas de besar el suelo, pero me contuve. Para Alfareros ese fue el chiste del día, en especial para Vargas, uno de los vocalistas.
Ya en Dallas tuvimos que permanecer seis horas en el aeropuerto para poder abordar la próxima nave. Algunas personas decidieron salir a la ciudad, otros nos quedamos en la terminal porque, gracias a Dios, había internet gratis para comunicarnos con nuestros seres queridos que esperaban saber de nuestra condición.
Fueron seis horas que pasaron rápido porque aprovechamos para conocernos mejor, contar las historias de cada uno e intercambiar experiencias musicales. Y llegó la hora de abordar el avión hasta Veracruz, México.
No bien bajamos del avión cuando un grupo de fans de Alfarero nos recibieron con abrazos, fotos... como si fuéramos héroes de jóvenes veinteañeros.
Un autobús muy confortable nos llevó hasta la ciudad de Minatitlan, un pueblito petrolero en el mismo centro de México a cuatro horas y media del Aeropuerto de Veracruz. Arribamos al hotel a las 3:30 am y teníamos que estar listos para las 8:00 am.
Cuando el Sol anunciaba acentuaba el alba nos reunimos y fuimos a un desayuno impecable que nos habían preparados los comunitarios, además de canciones, regalos y anécdotas de lo que han significado las canciones de Alfarero en sus vidas.
Recuerdo que ese día llovía, pero la calidez del lugar opacó cualquier intento por disminuir la alegría. A las 11:00 am nos despedimos y partimos hacia el lugar donde se realizaría el concierto.
Al llegar noto que los técnicos de sonido y luminotécnicos mostraron preocupación porque las herramientas solicitadas no habían llegado del todo. Como todo profesional experimentado, lograron armar el escenario con lo que tuvieron a la mano.
Arranca el concierto... la gente llegaba por grupo y más del 80 % no pasaba de 30 años. La euforia era tal que se asemejó a un concierto de rock pesado, pero mucho mejor. El público coreaba todas las canciones; estábamos súper emocionados.
Llega la hora central donde un sacerdote entra al escenario para orar y todos de rodillas alaban a Dios, como si se improvisara un templo cristiano en segundos.
Después de las oraciones regresaron las canciones y la euforia volvió a surgir. El llanto se hizo colectivo con la última canción de Alfareros: "Ven, dame un abrazo". En ese instante los abrazos se multiplicaron y la energía positiva se expandió por todo el lugar.
Al concluir el concierto tardamos una hora más dando autógrafos y tomándonos fotos con los fanáticos, hasta que el manejador del grupo les recuerda que era la medianoche y que se hacía tarde para tomar el vuelo.
Cuatro horas y medias hasta Veracruz; llegamos al aeropuerto cansados y con el sueño visible. Recuerdo que Fermín, uno de los cantantes, bromeó apuntándome: "¿Tu no querías ser cristiano? Toma cristiano... No pudimos aguantar la risa y eso nos hizo olvidar por un momento el cansancio.
Cuando abordamos el avión rumbo a Dallas nos informan que se presentó una avería y que nos llevarían hasta México Distrito, Federal para alcanzar otro vuelo; llegamos a las 3:00 pm y logramos abordar el avión sin escala hasta Miami.
Tres horas de vuelo y arribamos en Miami; no bajamos bien del avión cuando empezamos a correr por toda la terminal como siete locos porque sólo teníamos 40 minutos para el chequeo migratorio. Como era de esperarse, nos dejó el avión.
Como estábamos varados, la aerolínea nos buscó un hotel, comida y transporte hasta que al día siguiente abordamos el avión; en total éramos 14 personas en el grupo, siete partieron hacia Puerto Rico y el resto hasta República Dominicana.
Así llegamos a tierra natal con la satisfacción del deber cumplido, aunque de nosotros olvidará las peripecias que vivimos en esta gira de tres días, donde queda demostrado que ser artista, aunque parezca divertido, no es nada fácil.
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