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| 12 FEB 2018, 12:00 AM
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Marruecos protege sus humedales frente a la expansión de las ciudades


Foto ilustrativa.
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20180212 https://www.diariolibre.com

SIDI BUGABA. La expansión del medio urbano de Marruecos y el peligro que ello supone para la subsistencia de sus humedales han llevado al país magrebí a desarrollar, en los últimos años, toda una estrategia dedicada a la protección de estos ecosistemas y a reforzar su valor económico.

“El aumento de la superficie urbanizada no debe hacerse a expensas de los humedales”, dijo en conversación con Efe el responsable del Alto Comisariado de Aguas y Bosques de Marruecos, Abdeladim Lhafi, en cuya opinión estos espacios deben “integrarse” en la ordenación del territorio como un elemento más del mismo.

La institución que dirige Lhafi, responsable de las políticas públicas en este ámbito, tiene un catálogo de 300 humedales costeros e interiores, que suman alrededor de 400,000 hectáreas y que hacen de Marruecos una de las regiones más ricas del mundo en cuanto a variedad ornitológica.

Desde la bahía de Dajla, en el Sáhara Occidental, hasta la Mar Chica de Nador, colindante con Melilla, pasando por embalses como el del río Draa (sur) u oasis como el de Tafilalet (este), Marruecos vela por 24 espacios adheridos a la Convención de Ramsar, tratado internacional que tiene como meta la conservación y uso racional de los humedales, y Lhafi espera sumar otras 30 reservas naturales de aquí a 2024.

El Alto Comisario, que subrayó que la protección del medio ambiente es “un trabajo colectivo” en el que instituciones y ciudadanos deben involucrarse, también señaló como potencial peligro para los humedales las actividades agrícolas que emplean pesticidas y sistemas de drenaje nocivos.

La estrategia diseñada por el Alto Comisariado, en vigor hasta 2024, tiene como base la conservación de los humedales, con una serie de medidas de protección como la eliminación de especies invasivas, acompañadas de proyectos de sensibilización centrados, sobre todo, en los colegios y universidades.

Otro de los objetivos de Marruecos es explotar el valor económico de estos ecosistemas sin amenazar su salud, fomentando el turismo ecológico y la agricultura y pesca sostenibles.

Los retos y aspiraciones que tienen por delante estos humedales pueden verse sintetizados, por ejemplo, en la laguna de Sidi Bugaba, unos 40 kilómetros al norte de Rabat, a la que se asignó recientemente una partida de 16 millones de dirhams (1,5 millones de euros) para mejorar su acondicionamiento.

Este humedal de 113 hectáreas constituye la única extensión de agua dulce en la costa noroeste de Marruecos, y sólo una hilera de dunas paralela al litoral la separa del océano Atlántico.

Acotada por la ciudad de Kenitra y su área metropolitana, de más de medio millón de habitantes, Sidi Bugaba ha sobrevivido a la expansión urbana y conserva, en torno a la laguna, un bosque de sabinas de 521 hectáreas, último testigo de la vegetación que antaño cubría esta zona del país.

El ecosistema alberga más de 200 especies animales, en su mayoría aves migratorias como la cerceta pardilla, el pájaro más emblemático de esta reserva natural, un ánade en peligro de extinción que tiene en Sidi Bugaba uno de sus santuarios más importantes.

Nutridas bandadas de este pato, caracterizado por su pico estrecho y su plumaje pardo con motas blanquecinas, acuden cada invierno a la laguna para anidar y reproducirse.

Y es que, gracias a su estratégica posición geográfica y a su clima generalmente benigno, Marruecos es un destino privilegiado para las aves migratorias, y cada año diversas especies de flamencos, garzas, somormujos, charranes o patos se instalan en los humedales durante los períodos en que se reproducen.

Sidi Bugaba cuenta con uno de los centros de interpretación más completos entre las reservas naturales del país, con una exposición permanente y un aula de trabajo para escolares, un modelo que el Alto Comisariado de Aguas y Bosques tiene intención de trasladar a otros enclaves.

Con esta labor didáctica, se pretende inculcar a los más jóvenes la idea que impregna toda esta estrategia medioambiental: que a veces deben ponerse límites a lo artificial para asegurar la supervivencia de lo natural.

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