Rango de corrupción

Los índices son de interés para especialistas, pero no para la población en general.

No hay duda de que estamos en una era de índices. Parecidos a las listas de ciudades más placenteras, artistas más populares o películas más taquilleras, los países son calificados según un cada vez mayor número de características. En algunas escalas conviene estar abajo, como cuando se mide la desigualdad o los déficits fiscales, y en otras arriba, como ocurre con la competitividad y el ingreso por persona, pero en todas se busca conocer la posición que a cada país corresponde en relación con los demás. Su grado de precisión depende de la naturaleza de los criterios utilizados en la medición. Aquellos que dependen menos de datos estadísticos y más de opiniones y percepciones tienen, como es lógico, un grado inferior de confiabilidad.

Entre estos últimos están los que pretenden calcular el nivel prevaleciente de corrupción. La organización Transparencia Internacional elabora uno de ellos, al cual llama Índice de Percepción de Corrupción, publicado desde 1995. En la posición 103 entre 147 países en el 2015, la República Dominicana está ubicada en la transición del nivel medio al nivel alto. Otro índice, preparado por la Organización Mundial de Auditoria, nos ubica en ese mismo año en la posición 90 entre 149 naciones, algo mejor que el anterior.

Esas percepciones y calificaciones son de interés para académicos, analistas, medios de prensa y organizaciones locales e internacionales, pero no parecen ser tomadas muy en cuenta por la población en general, tal como quedó en evidencia con los últimos resultados electorales en algunas demarcaciones, y por las propias declaraciones de los encuestados en cuanto a los problemas que más les inquietan. Otras prioridades ocupan la atención de la ciudadanía y esa situación puede obedecer a que las personas no tengan una percepción definida de la relación entre sus dificultades y carencias individuales y la incidencia de prácticas corruptas de todo tipo.

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