Camino a ninguna parte

Fondos de cobertura. Los fondos de cobertura han tenido otro año pésimo, para culminar una década decepcionante
Cuando de genios se trata, el nombre "Nobel" suena a verdadero. Pero las noticias de que la Fundación Nobel tiene planes para aumentar sus inversiones en fondos de cobertura, debido a que años de bajos rendimientos la obligaron a reducir el monto de los premios en el 2012, son para que los laureados se pongan pensativos. El año pasado fue otro año mediocre para los fondos de cobertura. El HFRX, una medida de rendimiento de la industria ampliamente utilizada, ha subido solo 3%, comparado con un aumento de 18% del índice bursátil S&P 500. A pesar de que es posible hacer caso omiso del bajo rendimiento de un año, los problemas de los fondos de cobertura son mucho más profundos.
El S&P 500 ahora ha superado a su rival el fondo de cobertura por diez años consecutivos, con excepción del año 2008 cuando ambos cayeron drásticamente. Una cartera de inversión simplista - 60% del mismo en acciones y el resto en bonos soberanos - ha resultado en rentabilidad de más de 90% en la última década, comparado con un exiguo 17% después de pagar los honorarios de los fondos de cobertura (ver gráfico). Como grupo, los supuestos brujos del mundo financiero han ofrecido menos que la inflación. Desfachatadamente las ganancias recibidas por los inversionistas son, casi seguro, menores que los honorarios devengados por los administradores.
Por supuesto hay superestrellas que sobrepasan al mercado, como se esperaría en una industria con cerca de 8,000 participantes (y en aumento). El diez por ciento del tope de los administradores obtuvo rendimientos de más de 30% el año pasado, según Hedge Fund Research, un proveedor de datos. Pero una tercera parte perdió dinero, entre ellos algunas de las estrellas de hace algunos años: el fondo buque insignia de John Paulson, celebrado como un mago de las inversiones en el 2007 por haber previsto la burbuja hipotecaria de los Estados Unidos, reportó pérdidas de 17% en los primeros diez meses del 2012, después de una caída de 51% en el otoño del 2011.
Las justificaciones del pobre desempeño son tan diversas como los fondos de cobertura mismos. Paulson parece culpar su mala situación a una apuesta a que Europa se tambalearía. Otros, desde corredores algorítmicos que avistan anomalías en los precios, a los fondos "macro" que esperan navegar tendencias a largo plazo, atribuyen sus problemas a mercados agitados que son afectados más por los políticos que por las fuerzas económicas subyacentes.
Dice Jim Vos de Aksia, una consultora, "los mercados está observando a los gobiernos, que a su vez están observando a los mercados". Hasta un talentoso seleccionador de acciones tendrá dificultades para hacer dinero si el mercado completo se convulsiona por anuncios de un banco central. Muchos fondos de cobertura admiten no tener "ventaja" en este entorno. Algunos han hecho recortes o han cerrado.
El mensaje a los inversionistas de los que perduran ha cambiado dramáticamente. Mientras que los fondos de cobertura se promocionaban como los avezados con las mayores ventajas que ofrecer a una cartera de inversión, ahora hacen énfasis en la estabilidad a largo plazo de su rendimiento. Comparar su rendimiento con un burbujeante mercado de valores pierde el sentido mismo de un fondo de "cobertura", dicen los impulsores.
El proteger su dinero de los caprichos de la bolsa de valores no es el material de capa y espada prometido por George Soro o Julian Robertson, los titanes de los fondos de cobertura de la década de 1980. Pero al igual que reflejar la realidad de sus escasos beneficios, tiene sentido para la industria venderse como una oferta de baja volatilidad debido al cambio tectónico en su base de inversionistas. En años recientes las instituciones han colado lo que era principalmente una clase de activo dirigida principalmente a personas súper ricas. Casi las dos terceras partes de los activos de la industria provienen ahora de fondos de pensiones, dotaciones como la Fundación Nobel y otros inversionistas institucionales, un aumento de lo que era 20% hace una década.
Estos inversionistas profesionales tienen una mayor aversión al riesgo que los partidarios multimillonarios originales de los fondos de cobertura. "Típicamente las instituciones buscan mayor transparencia y dan prioridad a la diversificación sobre una alta rentabilidad", dice Omar Kodmani de Permal, un inversionista en fondos de cobertura. El apalancamiento, que ayudaba a estimular las ganancias de los fondos de cobertura, está ahora en su punto más bajo de todos los tiempos.
Los requisitos banales que han acompañado los flujos masivos institucionales han conducido a una disminución de los niveles de octanaje de los fondos de cobertura. Por ejemplo, estos inversionistas desean que sus administradores de fondos de cobertura se limiten a su reducido ámbito de experiencia en lugar de revolotear entre diferentes estrategias. Piensa Simon Lack, un consultor de inversiones y un escéptico de los fondos de cobertura, que la rigidez del nuevo modelo es un factor que ha frenado la rentabilidad en los últimos años. Otra razón es el tamaño.
Los fondos de cobertura ahora administran $2.2 trillones en activos, cuatro veces más que en el 2000. Debido a que las transacciones individuales pueden absorber una cantidad limitada de efectivo, el efecto de todo ese nuevo dinero es que empuja a los fondos a asumir apuestas de segunda categoría que en el pasado se hubiesen considerado marginales. Dice Lack, "administrando $1 trillón de activos, los fondos de cobertura han tenido rentabilidad aceptable". "Más aún con $2 trillones."
Los defensores de la industria mantienen que hasta una pequeña asignación a los fondos de cobertura puede diversificar una cartera lejos de los turbulentos mercados. Quizás, pero los inversionistas institucionales a largo plazo deberían estar bien colocados para capear las turbulencias de los mercados. Y existen otras formas de diversificación. Los fondos negociables en el mercado les permiten a los inversionistas ganar exposición a cualquier cosa desde oro a propiedades a empresas indonesias, y estos les cobran a los inversionistas solo unos cuantos puntos básicos (centésimas de un punto porcentual) del dinero que invierten. Eso comparado con honorarios de 2% de los activos y 20% de los beneficios (después de cierto nivel) que usualmente cobran los fondos de cobertura. En un entorno con bajas tasas de interés, con pocas probabilidades de que la rentabilidad alcance dos dígitos, un cargo anual de 2% por la administración parece excesivamente alto. Las instituciones han presionado por los honorarios, pero con poco éxito a la fecha.
La carta de triunfo de la industria de los fondos de cobertura es que unos cuantos de ellos han producido rendimientos estelares a largo plazo. Pero lo mismo es cierto para cualquier tipo de inversión. Un fondo de cobertura promedio es una pésima apuesta, y predecir cuál tendrá éxito y cual será decepcionante es una tarea que hasta un ganador del premio Nobel encontraría difícil.
© 2012 The Economist Newspaper Limited. All rights reserved. De The Economist, traducido por Diario Libre y publicado bajo licencia. El artículo original en inglés puede ser encontrado en www.economist.com
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