Aranceles de Trump sobre productos mexicanos dañarán a ambos países

  • La decisión de López Obrador de evitar amenazas de aranceles de represalia es acertada
$!Aranceles de Trump sobre productos mexicanos dañarán a ambos países
Andrés Manuel López Obrador

Donald Trump se siente orgulloso de sus atrevidas decisiones en materia de política exterior que causan inquietud en los blancos deseados. Pero incluso según sus propios estándares, la decisión que tomó el presidente estadounidense la semana pasada de declarar una emergencia nacional e imponer aranceles de hasta el 25 por ciento sobre los productos mexicanos a menos que México detuviera el flujo de personas que migran hacia el norte fue extraordinaria. Aparte de crear una indeseable amalgama de comercio con política de inmigración, le ha impuesto una meta imposible de alcanzar a México: detener el flujo de decenas de miles de migrantes para el 10 de junio o enfrentar un arancel inicial del 5 por ciento sobre todas sus mercancías, el cual aumentaría cada mes hasta alcanzar 25 por ciento en octubre.

La medida será del agrado de los partidarios nacionalistas del Sr. Trump, con su sensacionalista justificación de una crisis fronteriza provocada por la negligencia de los mexicanos que se rehúsan a evitarla. La imposición de aranceles al tercer mayor socio comercial de bienes de EEUU en medio de la intensificación de la batalla comercial con China, su mayor socio comercial de bienes, será del agrado de quienes piensan que los aranceles le devolverán a EEUU los empleos manufactureros perdidos.

Están equivocados. La medida del Sr. Trump contra México probablemente cause un serio daño económico en ambos lados del Río Bravo. El momento es particularmente delicado, pues los legisladores en Washington y Ciudad de México están considerando la ratificación del acuerdo comercial sucesor del TLCAN, el T-MEC. El éxito del TLCAN en las últimas dos décadas ha provocado que las economías mexicana y estadounidense queden estrechamente entrelazadas. Por ejemplo, las piezas y los subconjuntos de automóviles cruzan la frontera varias veces durante el proceso de fabricación. Los aranceles propuestos causarían estragos en las cadenas de suministro. Ése es el motivo de las quejas de los grupos de presión empresariales de ambos países.

El Sr. Trump sí tiene cierta razón en calificar de crisis lo que está ocurriendo en la frontera sur. Los agentes estadounidenses detuvieron a 109,144 migrantes a lo largo de la frontera tan sólo en el mes de abril, la mayor cantidad desde 2007. La naturaleza de la migración ha cambiado. Los grupos familiares con niños pequeños están abrumando los trámites y sobrecargando las instalaciones diseñadas para hombres jóvenes solteros.

Sin embargo, el diagnóstico del Sr. Trump es erróneo. Su homólogo mexicano, Andrés Manuel López Obrador, aunque no está libre de culpa, está más cerca de la verdad. El problema subyacente no es la pereza ni la incompetencia de las autoridades fronterizas mexicanas. Es la crisis de gobernanza en Guatemala, El Salvador y Honduras, las tres naciones de América Central de donde se origina la mayoría de los migrantes. La pobreza, la corrupción y la violencia crecientes han llevado a muchos a intentar escapar.

El Sr. López Obrador ha propuesto cambiar el enfoque de la ayuda estadounidense hacia México de los programas orientados a la seguridad a los programas orientados al desarrollo económico. El objetivo de elevar los niveles de vida para reducir la migración coincide con la opinión general. Pero no coincide con la opinión del Sr. Trump. A principios de este año, el presidente eliminó la ayuda estadounidense a América Central para castigarla por su hábito de exportar migrantes. El hecho de que el Sr. Trump haya escogido los aranceles como garrote para castigar a México por la migración pone al Sr. López Obrador en un dilema. Ansioso de evitar una pelea con su gran vecino del norte, ha enviado a su secretario de Relaciones Exteriores a Washington para entablar conversaciones. De forma razonable, ha pedido moderación y ha evitado exacerbar la disputa amenazando con represalias.

La naturaleza altamente desigual de la relación deja a México con pocas buenas posibilidades. Quizás lo mejor es continuar con la diplomacia paciente. Se le podrían hacer algunas concesiones al Sr. Trump, aumentando las patrullas fronterizas a lo largo de la porosa frontera de México con Guatemala, aumentando las deportaciones y revirtiendo un recorte presupuestario al instituto nacional de migración. Todo esto debe venir acompañado de la exigencia de que el Sr. Trump ejerza una vigorosa presión en favor de la ratificación del T-MEC. Pero la mejor esperanza de México podría ser presionar a los muchos consumidores y empresas estadounidenses que resultarán afectados por los aranceles para que éstos, a su vez, presionen al Sr. Trump para que reconsidere su política.

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20190610 https://www.diariolibre.com

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