En los informes trimestrales de ganancias, las proyecciones son la verdadera tiranía

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Dólares estadounidenses.

Las compañías deben fijar objetivos a largo plazo y se les debe juzgar basado en los resultados.

Quizás fue el tuit más sensato de la presidencia de Donald Trump hasta el momento. El llamado hecho por el presidente estadounidense para que la Comisión de Bolsa y Valores (SEC, por sus siglas en inglés) estudie la posibilidad de eliminar informes trimestrales de ganancias y de cambiar a un sistema semestral es algo que realmente vale la pena considerar. Sin embargo, la cuestión fundamental no es la frecuencia con la que se reportan las ganancias, sino lo que implican.

Las temporadas de ganancias trimestrales en EEUU ciertamente se han convertido en un circo ruidoso, lento y costoso, en el que participan compañías, analistas, inversionistas y medios financieros. También tienen elementos de un juego. Las compañías pueden maquillar las expectativas, y luego los números en sí mismos — al ajustar cuándo registran ingresos o costos — para tratar de cumplir o superar los pronósticos.

La preocupación más generalizada es que los informes trimestrales fomentan una cultura “cortoplacista” en toda la gestión corporativa y la comunidad inversionista. El gasto de capital a más largo plazo podría omitirse si dañara las cifras trimestrales. Los directores ejecutivos pueden obsesionarse con garantizar constantes mejorías trimestrales en lugar de los mejores intereses a largo plazo de sus negocios.

Algunos jefes — más recientemente, Elon Musk, de Tesla — han citado la tiranía de los informes trimestrales como una razón para hacer privadas las compañías que cotizan en bolsa. Las compañías privadas están posponiendo sus salidas a bolsa por razones similares, por lo que los mercados públicos se están reduciendo. La Comisión Europea, la cual les exigió a las compañías de la UE que pasaran de la presentación de informes semestrales a trimestrales en 2007, se retractó a partir de 2014.

De hecho, la evidencia sobre los méritos de los informes menos frecuentes no es concluyente. Un estudio examinó las compañías estadounidenses de 1955 a 1970, cuando la SEC pasó de informes anuales a informes semestrales y entonces trimestrales. Descubrió que las inversiones de capital anuales disminuyeron alrededor del 1.5 por ciento y las compañías redujeron el gasto más en las industrias donde las inversiones demoran más en rendir. Un análisis del cambio de las compañías del Reino Unido de informes semestrales a trimestrales en el período de 2007 a 2014 no reveló cambios importantes en los niveles de inversión.

Pero la distinción crucial que se puede hacer es la que hay entre la presentación obligatoria de informes trimestrales y la práctica voluntaria, pero aún común, de que las compañías emiten una proyección trimestral de ganancias por acción. Es aquí donde la SEC debe centrar su atención. Estas previsiones, sobre todo, fomentan la cultura de igualar o superar las estimaciones, y proporcionan los objetivos en torno a los cuales los inversionistas a corto plazo intentan ganar dinero rápido. Si las compañías eliminan las proyecciones, los analistas presuntamente podrían rellenar el vacío con sus propios pronósticos menos precisos. Pero un número cada vez mayor de compañías han abandonado las proyecciones con pocos problemas.

De hecho, Warren Buffett, el veterano inversionista, y Jamie Dimon, el director ejecutivo de JPMorgan Chase, emitieron una convocatoria conjunta — respaldada por 200 directores ejecutivos — en junio para abandonar las estimaciones trimestrales de ganancias para combatir el “cortoplacismo”. Se hicieron eco de una propuesta similar de 2016 de Larry Fink, el director ejecutivo de BlackRock. Sin embargo, todas las compañías mencionadas aún deben reportar resultados regulares.

Los accionistas tienen derecho a esas actualizaciones, incluso aunque existe un debate legítimo sobre si deben ser trimestrales o semestrales. La transparencia con los mercados sobre el rendimiento también ayuda a reducir el costo de capital de las compañías.

Sin embargo, la prioridad para las empresas y los empresarios no debe ser tratar de cumplir las proyecciones trimestrales, sino diseñar planes de desarrollo estratégico, articularlos para los inversionistas y establecer objetivos basados en medidas operacionales y de creación de valor a largo plazo. El salario de los ejecutivos debe estar vinculado a esos objetivos. Entonces, las compañías y sus líderes deberían de poder asegurar la confianza de los inversionistas a través de los baches y las depresiones de las ganancias. Algunos, como Paul Polman de Anglo-Dutch Unilever, hicieron el cambio hace años. Otros más deberían seguir el ejemplo.

20180821 https://www.diariolibre.com

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