20180531 https://www.diariolibre.com

La economía salvó al presidente Bill Clinton de ser destituido por sus testimonios falsos en relación con el escándalo sexual en que se vio involucrado. Ahora, años después de ese incidente, está ayudando a que los republicanos puedan retener en noviembre el control del Senado y la Cámara de Representantes. Y está colaborando para quitar trascendencia a los enredos de Trump con los rusos y con mujeres.

La capacidad de la economía para ser un factor determinante en la popularidad de los gobiernos no se debe a que tenga algún ingrediente mágico que otros tópicos no posean. Es una cuestión de proximidad.

Dentro del abanico de asuntos que pueden ser de interés para los votantes, las consecuencias personales derivadas de algunos de ellos son más remotas o alejadas en el tiempo. Ése es el caso del medio ambiente, al que la gran mayoría de la población dice considerar importante, pero sin que sus efectos se perciban como una gran crisis inmediata. Otros temas, como la corrupción y la opacidad, se toman a veces con cierto grado de resignación, como si fueran rasgos inevitables de la política pública. Otros puntos lucen ser interesantes, como la política exterior del país y los programas culturales, sin que eso sea suficiente para colocarlos en un primer plano. Pero cuando se trata de condiciones que afectan el nivel de vida, como son el desempleo, la inflación, la disponibilidad de bienes, el salario, los intereses bancarios, los impuestos, algunas obras públicas y la seguridad de los ahorros, la reacción es más directa, más íntima y más rápida. Y también puede cambiar súbitamente.

Según un estudio de la Fed, el banco central de los EE.UU., publicado este mes acerca de la percepción de bienestar de los estadounidenses, el 74% de los encuestados respondió que sus finanzas personales estaban bien, un 4% más que el año precedente. Actualmente la tasa de desempleo es de apenas el 3.9%, su menor nivel en 17 años.

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