Mi dólar, mis reglas

En años recientes las acciones de Standard Chartered han sido negociadas con prima para sus pares en gran parte debido a que sus negocios están concentrados en África, Asia y el Medio Oriente. Aun cuando su sede se encuentra en Londres, solo un 5% de los beneficios antes de impuestos del 2011 provino directamente de las Américas, Gran Bretaña y Europa. El banco ha logrado venderse como un jugador en los lugares de mayor vitalidad de la economía mundial, y los que están menos expuestos al campo minado de las regulaciones de occidente.
No más. Las acciones del banco se desplomaron esta semana (ver gráfico) después que el Departamento de Servicios Financieros del Estado de Nueva York (DSF) emitió una inflamatoria orden de 27 páginas, catalogando a Standard Chartered como una institución "inescrupulosa" y la acusa de "graves violaciones a la ley" por supuestamente haber ocultado 60,000 transacciones por un valor total de $250 mil millones, para permitirle a Irán evadir sanciones estadounidenses. Eso, dijo el DSF, expuso el sistema financiero estadounidense a "terroristas, traficantes de armas, barones de la droga y regímenes corruptos". Una nota al pie de la orden dice que en el curso de las investigaciones sobre las transacciones iraníes, se encontraron evidencias de "esquemas" similares a favor de otros países sancionados por los Estados Unidos tales como Libia y Myanmar.
El lenguaje sensacionalista describe algunos cargos sensacionales. Dice el DSF que las acciones de Standard Chartered fueron el resultado de un "deseo documentado de sus más altos ejecutivos para engañar a los reguladores y violar las leyes de los Estados Unidos". Las transacciones sospechosas ocurrieron entre el 2001 y el 2007, un período cuando las sanciones contra Irán eran impuestas mayormente por los Estados Unidos y aun entonces podían ser evadidas utilizando transacciones de "giro en U" en las cuales pagos en dólares podían pasar a través de los Estados Unidos a condición de que no terminaran allí, no fueran directamente redirigidos a Irán, y fueran correctamente documentados. Según el DSF, desde el 2001 Standard Chartered empezó a hacer negocios con el banco central de Irán en nombre de la National Iranian Oil Company, que recibía $500 millones diarios en pagos en dólares. La orden alega que el asesor legal de Standard Chartered dijo que el cliente y el propósito de estos pagos no debían ser identificados. Como resultado, cualquier referencia sobre clientes iraníes en las transferencias bancarias era enmascarada. Con el tiempo el proceso de enmascarar se hizo tan grande que fue automatizado.
El DSF dice que no todos estaban de acuerdo con esto. En el 2006, según la orden, el ejecutivo principal (no nombrado) de Standard Chartered para las Américas le envió un mensaje a un director ejecutivo (tampoco nombrado) en Londres advirtiendo que el negocio iraní tenía el "potencial de ocasionar daños a la reputación del grupo muy serios y hasta catastróficos" al igual que "constituir responsabilidad penal grave" para la gerencia "o sea tú y yo". Según un oficial de una sucursal entrevistado por los reguladores, el director no nombrado respondió: "Ustedes malditos estadounidenses. ¿Quiénes son ustedes para decirnos, al resto del mundo, que no vamos a negociar con los iraníes?"
Como si todo eso fuera poco, la orden alega que el engaño de Standard Chartered fue ayudado por Deloitte & Touche, una firma de auditores, que fue empleada por el banco en el 2004 como resultado de un acuerdo previo con los reguladores para proveer informes independientes sobre su incumplimiento. En su lugar, alega el DSF que Deloitte le facilitó a Standard Chartered informes confidenciales de otros bancos que ofrecían pautas de cómo los reguladores estaban investigando las transferencias iraníes; y luego, a solicitud del banco, elaboró una versión "diluida" de un informe que había eliminado las referencias a pagos sensitivos.
Standard Chartered deberá ahora comparecer ante el DSF el 15 de agosto para explicar, entre otras cosas, por qué no quitarle su licencia para operar en Nueva York. Esa sanción es extremadamente rara pero no debe ser tomada a la ligera. A pesar de que sus operaciones puramente estadounidenses son insignificantes, la franquicia al por mayor de Standard Chartered está sustentada en proveer un puente financiero entre los 70 países en los que opera, gran parte de lo cual está denominado en dólares que tienen que pasar a través del sistema financiero de los Estados Unidos. El banco tiene también fuertes lazos con instituciones estadounidenses, facilitando, por ejemplo, servicios de "sub-custodia" en países africanos y asiáticos para JPMorgan Chase, Northern Trust y State Street.
En lugar del comentario típico de arrepentimiento que sigue a una crítica de un político o de un órgano gubernamental, la respuesta del banco fue casi tan mordaz como el informe. Standard Chartered dijo que "rechaza tajantemente la posición y la descripción de los hechos" presentados por el regulador, y que el 99.9% de las transacciones iraníes cumplían con las reglas de "giro en U" y que solo $14 millones violaban esas reglas. Deloitte fue igualmente enfático en su negativa, diciendo que "no tenía conocimiento de ninguna supuesta mala conducta... y categóricamente niega haber ayudado al banco en ninguna forma a violar ninguna ley".
Políticos británicos están también participando en el suceso, con algunos acusando a los reguladores de los EE.UU. de proseguir una agenda contra Londres después de investigaciones recientes en el HSBC y Barclays. Hay informes de preocupación en otras agencias estadounidenses sobre la posición agresiva del DSF. El DSF es nuevo, algunos sospechan que están tratando de lucirse.
Las acciones del banco se recuperaron un poco el 8 de agosto cuando los inversionistas reevaluaron qué sería lo peor que podría ocurrir. La última vez que las autoridades neoyorkinas revocaron la licencia de un banco grande fue en los años de 1990. Ese fue el notorio BCCI; Standard Chartered es poco probable que se sume a ese club. Pero enfrentará una tarea difícil para restaurar su ventaja sobre otros bancos. Un impasse con los reguladores sienta las bases para una incertidumbre prolongada. Una gran multa es inevitable. Por encima de todo, los inversionistas han sido alertados de que la tan cacareada franquicia de los mercados emergentes es vulnerable por los valores conflictivos de esos mercados y el país que imprime la moneda de la reserva mundial.
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De The Economist, traducido por Diario Libre y publicado bajo licencia. El artículo original en inglés puede ser encontrado en www.economist.com
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