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Un tema sensible (III DE III)

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Un tema sensible (III DE III)

Ciencia climática. El clima podría estarse calentando menos a consecuencia de las emisiones de gases de efecto invernadero de lo que se pensaba. Pero eso no significa que el problema esté desapareciendo. 

Uno de los más comunes y más importantes aerosoles es el hollín (conocido también como negro de carbono). Este calienta la atmósfera debido a que absorbe la luz solar, como hacen las cosas negras. El estudio más detallado del hollín fue publicado en enero y también encontró mayor calentamiento neto de lo que se había pensado anteriormente. Conjetura que el negro de carbono tiene un efecto de calentamiento directo de cerca de 1.1W/m2. A pesar de que los efectos indirectos compensan parte de esto, el efecto es todavía mayor que los estimados previos del Programa del Medio Ambiente de las Naciones Unidas de 0.3-0.6W/m2.

Todo esto hace el período reciente de temperaturas planas aún más misterioso. Si los aerosoles no están enfriando la tierra tanto como se pensó, entonces el calentamiento mundial debería estar cobrando impulso. Pero no es así. Algo debe estar frenándolo. Un candidato es una menor sensibilidad climática.

Una posibilidad relacionada es que los modelos climáticos de circulación general podrían estar sobreestimando el impacto de las nubes (que son ellas mismas influenciadas por los aerosoles).

En todos esos modelos, las nubes amplifican el calentamiento global, en ocasiones mucho. Pero como dice la evaluación de filtración del IPCC, "la retroalimentación de las nubes permanece como la retroalimentación radiativa más dudosa de los modelos climáticos". Es incluso posible que algunas nubes pudieran moderar, no amplificar el calentamiento global - que también podría ayudar a explicar el hiato del aumento de las temperaturas. Si las nubes tienen menos impacto, la sensibilidad climática podría ser menor.

De manera que la explicación podría estar en el aire - pero podría no estarla. Quizás está en los océanos. Pero ahí también los hechos se interponen. Durante la pasada década el aumento a largo plazo de las temperaturas de la superficie del agua de mar parece haberse estancado (ver gráfico 2), lo que sugiere que los océanos no están absorbiendo mucho calor de la atmósfera.

Al igual que con los aerosoles, esta conclusión está basada en mejores datos de nuevos dispositivos de medición. Pero es solo aplicable a los 700 metros superiores del mar. Pero lo que está ocurriendo por debajo - especialmente en profundidades de 2 kilómetros o más - es oscuro.

Un estudio en Geophysical Research Letters por Kevin Trenberth del Centro Nacional para Investigación Atmosférica de los Estados Unidos y otros encontraron que 30% del calentamiento del océano en la última década ocurrió en el océano profundo (por debajo de 700 metros). El estudio dice que una cantidad sustancial de calentamiento global está ocurriendo en los océanos, y los océanos profundos se están calentando de manera sin precedentes. De ser así, eso ayudaría a explicar el hiato de la temperatura.

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Finalmente, hay evidencias de que la variabilidad natural (o sea, no provocada por el hombre) de las temperaturas podría ser más grande de lo que el IPCC pensó. Una publicación reciente por Ka-Kit Tung y Jiansong Zhou en los Proceedings of the National Academy of Sciences vincula los cambios de temperatura de 1750 a cambios naturales (tales como las temperaturas del Océano Atlántico) y sugiere que "las tendencias antropogénicas de calentamiento global podrían haber sido sobreestimadas por un factor de dos en la segunda mitad del siglo XX". Por lo tanto, es posible que tanto el aumento de las temperaturas en los años de 1990 y el aplanamiento en los del 2000 hayan sido ocasionados en parte por variabilidad natural.

De manera que, ¿qué significa todo esto? Los científicos son cautelosos acerca de interpretar sus hallazgos. Como lo expresa Knutti, "el resultado es que hay varias líneas de evidencias, donde las tendencias observadas empujan hacia abajo, mientras que los modelos empujan hacia arriba, de manera que mi opinión personal es que la apreciación general no ha cambiado mucho".

Pero dado el hiato en el calentamiento y toda la nueva evidencia, parecería justificada una pequeña reducción en los estimados de sensibilidad climática: quizás una pequeña disminución en varios de los mejores estimados de 3°C a 2.5°C; y ciertamente un techo más bajo (alrededor de 4.5°C). Si los científicos climáticos fuesen agencias calificadoras de riesgo, la sensibilidad del clima estaría en vigilancia negativa. Pero todavía no sería degradada.

En la ciencia climatológica la sensibilidad el equilibrio de la sensibilidad climática es un punto de referencia. Pero es una medida muy específica. Intenta describir lo que sucedería al clima una vez que todos los mecanismos de retroalimentación hayan funcionado; en este sentido el equilibrio se toma siglos - demasiado tiempo para la mayoría de los legisladores. Como argumenta Gerard Roe de la Universidad de Washington, aun si la sensibilidad del clima fuese tan alta como sugiere el IPCC, sus efectos serían minúsculos bajo cualquier tasa de descuento plausible porque opera durante períodos muy largos. De manera que una cosa es preguntar cómo la sensibilidad del clima podría estar cambiando; otra cosa es preguntar cuáles serían las consecuencias de la política.

Para eso, una medida más útil es la respuesta climática transitoria (TCR por sus siglas en inglés), la temperatura que se alcanza después de duplicar gradualmente el CO2 en 70 años. A diferencia de la respuesta del equilibrio, la transitoria puede ser observada directamente; hay mucho menos controversia sobre esta. La mayoría de los estimados colocan el TCR en cerca de 1.5°C, con un rango de 1-2°C. Isaac Held de la Administración Nacional Atmosférica y Oceánica de los Estados Unidos recientemente calculó su "mejor estimado personal" para el TCR: 1.4 °C, reflejando los nuevos estimados para los aerosoles y la variabilidad natural.

Eso suena tranquilizador: el TCR está por debajo de los estimados para el equilibrio de la sensibilidad climática. Pero el TCR capta solo parte del calentamiento que esos 70 años de emisiones eventualmente generarían debido a que el dióxido de carbono permanece en la atmósfera por mucho más tiempo.

Como regla de oro, las temperaturas globales aumentan en cerca de 1.5°C por cada trillón de toneladas de carbono colocada en la atmósfera. El mundo ha bombeado la mitad de un trillón de toneladas de carbono desde el 1750, y las temperaturas han subido en 0.8°C. A las tasas actuales, el próximo medio trillón de toneladas será emitido para el 2045; el próximo después de eso antes del 2080.

Como el CO2 se acumula en la atmósfera, esto podría subir las temperaturas comparado con los niveles preindustriales en cerca de 2°C aun con una sensibilidad menor y quizás más cercana a 4° C en el extremo superior de los estimados. A pesar de todo el trabajo sobre sensibilidad, nadie realmente sabe cómo el clima reaccionará si las temperaturas aumentan tanto como 4° C.

Muy poco tranquilizador.

© 2013 The Economist Newspaper Limited. All rights reserved.

De The Economist, traducido por Diario Libre y publicado bajo licencia. El artículo original en inglés puede ser encontrado en www.economist.com