Una bonanza poco convencional (II DE III)

Gas por todas partes
Las reservas mundiales han estado creciendo sostenidamente por lo menos durante 30 años. Según un informe del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), publicado el año pasado, la producción mundial se ha incrementado significativamente también, aumentando en dos quintas partes entre el 1990 y el 2009, doblemente más rápido que el petróleo. Hace apenas una década parecía que el mundo podría tener reservas de gas por solo unos 50 o 60 años. Ahora el esquisto y otras fuentes nuevas de gas convencionales y no convencionales han aumentado esa perspectiva a 200 años o más, según algunos estimados.
La bonanza de gas no convencional aproximadamente ha duplicado la base de los recursos de gas, una medida del gas total en el suelo no lo que podría ser económicamente recuperable. En el 2009 la AIE estimó "la base mundial de los recursos de gas recuperable a largo plazo" en 850 trillones de metros cúbicos (tcm) contra 400 tcm hace solo un año. La razón principal del nuevo cálculo es el gas de esquisto y otros no convencionales. No solo en los Estados Unidos pero también en partes de Europa, China, Argentina, Brasil, México, Canadá y varios países africanos, entre otros, tienen cantidades todavía desconocidas de gas que podría transformar sus perspectivas energéticas.
Ha ayudado una mejor tecnología y también el alto costo del petróleo. El creciente precio del crudo ha hecho que las compañías petroleras lo busquen aún con mayor fervor. Pero antes de que un pozo de prueba sea perforado, es casi imposible estar seguro de si las idiosincrasias geológicas que entusiasma a los petroleros producirá petróleo o gas (o en ocasiones ambos, y con frecuencia ninguno). Últimamente las grandes compañías petroleras han encontrado mucho gas.
No solo los avances de la tecnología han dado acceso a los depósitos de esquisto, pero los avances en la perforación en aguas muy profundas han cambiado dramáticamente la exploración en los mares. Australia surgirá como una potencia de gas cuando empiece a enviar grandes cantidades de GNL de campos mar adentro. Y una mejor tecnología y el calentamiento global están desbloqueando la riqueza natural del Ártico.
Pero existen dudas. El año pasado la AIE publicó un informe titulado, "¿Estamos entrando a una edad dorada del gas?" La interrogante refleja las restricciones que la inquietud del público sobre el gas de esquisto podría tener en su desarrollo. Esa es una razón por la cual Fatih Birol, economista principal del AIE, tiene grandes dudas de que el boom del esquisto se pueda reproducir en otros lugares.
En el escenario más prometedor, si el desarrollo del esquisto continúa a toda máquina, la AIE considera que la porción de gas en la mezcla mundial de energía se incrementará de 21% actualmente a 25% para el 2035. Eso podría no parecer un gran aumento, pero en ese período el consumo mundial total crecerá de manera espectacular. Si se pueden superar los obstáculos, más gas y precios más bajos significarán un aumento de 50% de la demanda mundial de gas entre el 2010 y el 2035, según la AEI.
Lo que hace al gas tan atractivo no es solo el gran aumento en el suministro sino también la amplia gama de usos del mismo. Es un combustible flexible, capaz de calentar hogares, alimentar las calderas industriales, y proveer materia prima para la industria petroquímica, en la cual es convertido a plástico, fertilizantes y otras cosas útiles. También está haciendo progreso significativo como combustible para camiones y autobuses.
No solo los Estados Unidos sino partes de Europa, China, Argentina, Brasil, México, Canadá y varios países africanos cuentan con cantidades aún desconocidas de gas. Pero los mayores avances se han logrado en la generación de energía. Un avance tecnológico, la turbina de gas de ciclo combinado, un derivado de la industria de la aviación, ha transformado la economía de la industria. No solo es más barato generar electricidad del gas, sino que el proceso emite hasta 50% menos dióxido de carbono de lo que emite el carbón. Mientras los gobiernos luchan por disminuir las emisiones de los gases de invernadero, el reemplazo del carbón por gas tendrá resultados bastante buenos. Actualmente la participación del gas en la mezcla energética en general, que había permanecido en 16% desde finales de los años de 1960 a los años de 1990, ha subido a 21%.
© 2012 The Economist Newspaper Limited. All rights reserved.
De The Economist, traducido por Diario Libre y publicado bajo licencia. El artículo original en inglés puede ser encontrado en www.economist.com
Diario Libre
Diario Libre