Coleccionista de recuerdos

Hace tiempo que lo hacía pero no tenía conciencia de ello. Los iba acumulando sin saber que en algún momento los necesitaría, me ayudarían a levantarme, a recuperar la sonrisa, a volver a retomar el camino perdido
$!Coleccionista de recuerdos
Guardo celosamente los recuerdos en un lugar de la memoria donde nadie me los puede arrebatar.

Me convertí en un archivista profesional. Archivista de buenos recuerdos. Es como un mecanismo automático que me ha dado la naturaleza para combatir episodios difíciles, un oasis de luz y armonía en el medio de mis pensamientos. No sé si este hábito lo adquirí como arma de defensa de niño cuando le temía a la oscuridad. Vivir esta pandemia me ha ayudado a reflexionar y a desenterrarlos.

Soy un coleccionista de momentos. Los atesoro, los guardo celosamente en un lugar de la memoria donde nadie me los puede arrebatar. Están ahí y, en estos meses de encarcelamiento voluntario, muchas veces he tenido que sacarlos a flote, los he organizado, disfrutado, analizado. He descubierto que tengo muchos motivos para ser feliz. Mi cuota de dolor está balanceada. Desde temprano supe que la vida era eso, y que la "felicidad" no dependía de nada ni de nadie sino de mí mismo. Es más, los tengo clasificados y son sacados a la superficie atendiendo el enemigo que hay que combatir. Momentos únicos, momentos de esplendor, de júbilo, de amor absoluto, de compasión, amistad pura, de entrega, de satisfacción personal, de solidaridad etc.

Hay los contundentes que, aún después de muchos años, no han perdido su esplendor y son capaces de hacerme llorar de alegría y conmover las fibras más íntimas, otros más sutiles apenas provocan sonrisas y otros hilarantes que motivan la carcajada instantánea, esos que por momentos me quitan la respiración y dibujan la sonrisa, nunca pasan de moda, logran una frescura increíble, son disparos al corazón herido. Soy un coleccionista de recuerdos, robo corazones, palabras, los apuntó en la memoria según me van sucediendo, buenos recuerdos, estimulantes recuerdos, escenas del pasado, paisajes, susurros, sonrisas perdidas, encuentros, abrazos, miradas, conversaciones, y van desde la infancia hasta este otoño en que vivo. Nunca pensé que podrían ser tan sanadores, nadie me dijo que la vida iba a ser este paquete de "arribas y abajos", nadie me comentó que podría encontrar tanto dolor en el camino, tanta soledad, tanto abandono, pero tampoco me hablaron del bien que podrían hacerme los momentos vividos de alegría, de amor, de comunión con la humanidad para combatir y liberarme de los escollos que pudiera encontrar en mi tránsito. Hoy siento un silencio en el alma, un silencio que me arropa y aturde, una especie de vacío que amenaza con derrumbar los cimientos de mi existencia. He repasado los momentos de esperanza, los he analizado, visto a distancia, saboreado frente a los acontecimientos de esta cotidianidad absurda y me han servido para reafirmar mi fe. Hoy estoy totalmente convencido de que saldremos adelante y que aprenderemos la lección. Tengo la firme convicción de que seremos mejores seres humanos, abrazaremos con plena conciencia y volveremos a encontrar el camino y a diseñar nuestro futuro. La vida es un reinventarse cada mañana, esa lucha, ese afán, esa inseguridad, ese reto, es lo que la hace atractiva. La eternidad fue diseñada para descansar. Que nos sorprenda Dios.

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