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Buena vida

El apartamento neoyorquino del dominicano Sully Bonnelly

Entre el minimalismo y la nostalgia por la Roma antigua gravita el espacio de este afamado diseñador

El día a día del diseñador dominicano Sully Bonnelly, director creativo de la colección Muse, transcurre en torno al arte -en sus más diversas formas de expresión-. Y tal y como era de esperarse, su refugio en Nueva York no podía estar desligado de su personalidad ni de sus intereses de artista.

Desde el umbral de su apartamento, Bonnelly deja a la luz un espacio que funde armónicamente su pasión por la ‘Ciudad de los Rascacielos’, su genialidad como profesional y su devoción por los estilos arquitectónicos más exquisitos.

En la vida de Sully también coexisten dos dimensiones: la del diseñador de modas, con una demandante agenda de trabajo y un extenuante listado de compromisos sociales, sin dejar de pasar por alto un buen espectáculo en la ciudad; y la faceta del hombre, que tras terminar su jornada diaria se retira agotado hacia su casa en busca de relajación y confort al más puro estilo contemporáneo. Partiendo de ahí, su hábitat se debate entre lo moderno y lo versátil, permitiéndole un merecido descanso y la búsqueda de inspiración, sin dejar de ser el escenario perfecto para celebrar una fiesta.

Bonnelly, quien conjuga con garbo todas las características de un anfitrión ejemplar, se presenta ante el visitante como un amante de los elementos simples y prácticos. 

En su hogar neoyorquino imperan los espacios abiertos, las piezas de arte más diversas y los muebles más exclusivos de mediados del siglo XX, en contraposición con una marcada fascinación por la corriente minimalista.

¿Qué tendencias siguió el diseño que exhibe su hogar?

Mi apartamento en New York es lo que hoy día se conoce como un loft. Originalmente, los lofts eran aquellos espacios abiertos que se utilizaban como fábricas y depósitos. La idea de este lugar es integrar todas las estancias, como la sala, el comedor y la cocina, en un solo ambiente; en un espacio amplio, sin puertas y sin muchas divisiones.

¿Qué le planteó al arquitecto cuando decidió embarcarse en este proyecto inmobiliario?

En la primera reunión que sostuve con él, mis palabras fueron: ‘Quiero sentirme impresionado cada vez que entre por la puerta'. Además, le externé que no quería ver ni la cocina ni el dormitorio desde la puerta de entrada, algo habitual en muchos lofts, pero que no va con nosotros.

Cuando culminó el trabajo arquitectónico, ¿se redujeron sus ansias de integrar nuevos elementos al apartamento o quiso seguir explorando otras propuestas?

Al igual que en una colección de arte, este es un trabajo en proceso; siempre está evolucionando...

¿Qué quiso lograr en cada uno de los ambientes que conforman su espacio?

Comodidad y deleite visual fueron los aspectos más importantes a tomar en cuenta. Nos gusta dar fiestas y cócteles, y que los espacios se adapten a cada ocasión.

¿La parte más difícil de esta propuesta residencial?

Lo fue y sigue siendo el hecho de que el espacio se mantenga limpio y lo más minimalista posible.

Cuando alguien entra por primera vez al apartamento, ¿qué comenta?

‘¡Vives en una galería de arte!'. Pues, como coleccionistas de arte que somos, en todo el apartamento se pueden apreciar diferentes piezas, algunas las cambiamos todo el tiempo; otras, no.

 

¿Siente que este apartamento refleja de forma exacta su personalidad e intereses?

Primero debo decirte que este apartamento lo comparto con Bob, mi pareja desde hace 26 años, y con nuestras perritas Lily y Ava. Visualmente, el apartamento muestra nuestro interés en el arte, no sólo en el contemporáneo, sino en el latinoamericano y en el de la antigua Roma y Cambodia.

En cuanto a su colección de muebles se refiere, ¿alguna predilección en particular?

Los muebles de mediados de siglo XX son nuestros favoritos.

¿Qué es lo que representa su mayor tesoro dentro de este espacio?

Sin duda, la inspiración que este me ofrece en todo momento.

Si está de viaje, ¿qué piezas extraña más?

No extraño las cosas materiales. Extraño a mis perritas y, después de algunos días de viaje, a mi cama y mi almohada.

¿Qué tan difícil es crear un espacio de trabajo dentro del hogar?

En mi apartamento no hay un espacio específico de trabajo. De hecho, no me gusta trabajar en mi casa. La inspiración llega en los momentos más inesperados y hay que estar listo, donde quiera que uno se encuentre...

¿Existe alguna pieza que no encaje con el resto, pero que aún no pueda desprenderse de ella?

No tengo muchos problemas para desprenderme de los objetos. Yo soy de los que no tienen muchas cosas en el clóset; si no las uso por un tiempo se van, y si dejan de ser parte de mi estilo de vida igual se van.

 

Su arquitecto favorito...

John Pawson. Él es el más minimalista de todos. En sus espacios no hay lugar ni para las llaves. Si fuera por él viviríamos con muy poco; yo puedo vivir así.

Si pudiésemos trasladar este mismo espacio a Santo Domingo, ¿persistiría con el estilo minimalista, o el Caribe le cambiaría su musa?

Me encanta el Caribe, pero amo a New York. Mi espacio sería exactamente igual. Como te das cuenta no hay cortinas ni alfombras pesadas, que es algo que tampoco utilizaría en el Caribe; lo único que agregaría sería más verdor, más plantas y por supuesto me gustaría tener una terraza.

¿Qué aspecto del diseño de su apartamento le enorgullece más?

Me gusta todo, pero mi colección de cerámica blanca (toda de fabricación americana) es mi orgullo; tengo alrededor de 200 piezas. He coleccionado estas piezas durante 20 años y todas provienen, básicamente, de mercados de pulga ubicados a todo lo largo y ancho de Estados Unidos.

En medio de una ciudad donde la arquitectura crea pautas a seguir, ¿hay alguna edificación en particular que usted visita y que nunca deja de impresionarlo?

El museo Guggenheim es un edificio que siempre me intriga.

¿Qué extraña de su casa en Santo Domingo?

Realmente nada. Lo que cuenta para mí son mis recuerdos de niñez y adolescencia; lo que viví en ella y siempre llevaré conmigo...