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|Argentina|
| 06 SEP 2018, 12:00 AM
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Los argentinos están hartos de la inflación y de sacrificios económicos

En las calles de Buenos Aires se multiplican en las paredes los grafitti pidiendo “Fuera el FMI”.

La gente se moviliza fuera de lo que fue el Ministerio de Salud para protestar contra la entidad asumida por el Ministerio de Desarrollo Social, como parte de las medidas de emergencia en Buenos Aires, Argentina el miércoles 5 de septiembre de 2018.
La gente se moviliza fuera de lo que fue el Ministerio de Salud para protestar contra la entidad asumida por el Ministerio de Desarrollo Social, como parte de las medidas de emergencia en Buenos Aires, Argentina el miércoles 5 de septiembre de 2018.
20180906 https://www.diariolibre.com

BUENOS AIRES. “Ya basta. No se puede vivir siempre con sacrificio. El precio de la carne aumenta todos los días”, denuncia Ezequiel González. Como muchos argentinos, ya no confía en el gobierno, incapaz hasta ahora de contener la crisis financiera.

El derrumbe de la moneda argentina, de más del 50% desde enero, estimuló la inflación que cerrará cerca del 40% en 2018.

Cada día, Ezequiel González viaja dos horas en autobús desde Ciudad Evita, en el suburbio oeste de la capital argentina, para trabajar en el hospital Pirovano donde se encarga del mantenimiento.

“Es muy complicado todo. Cada día es cada vez peor. No sé en qué va a terminar todo esto”. Haciendo el máximo de horas extras posibles, gana unos 20.000 pesos (450 dólares) mensuales.

Insuficiente para el tradicional ‘asado’ (carne a la brasa) de los domingos para toda su familia.

“Los asados son para los cumpleaños, la carne está muy cara”, suspira.

“Fuera el FMI”

En las calles de Buenos Aires se multiplican en las paredes los grafitti pidiendo “Fuera el FMI”.

Las manifestaciones contra la política económica del presidente de centro derecha Mauricio Macri son el pan de cada día.

En varios barrios de Buenos Aires y otras ciudades del país ya ha habido “ruidazos” y “cacerolazos” contra su política de austeridad.

Estas movilizaciones están todavía lejos de las que se produjeron en la crisis de 2001, pero el descontento es generalizado.

“Estoy desesperada. Me siento impotente, tengo miedo de tener hambre y de no poder pagar más mis medicamentos cuando me jubile dentro de un año”, dice Graciela Pérez, una docente de 64 años en la esquina de Entre Ríos y San Juan, en el barrio porteño de San Cristóbal, testigo habitual de manifestaciones.

Crisis de confianza

“La gente espera una mejora después de dos años, la paciencia se acaba, uno tiene la impresión de que los que nos gobiernan no están a la altura de los desafíos económicos”, explica Antonio Buffo, que a los 50 años trabaja en un puesto de venta de diarios.

Después de cerrar en junio un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional por 50.000 millones de dólares a tres años, el gobierno negocia ahora una anticipación de esos desembolsos a cambio de mayor ajuste.

Edith Zaida trabaja de noche. Cuida a una anciana a domicilio a cambio de unos 12.000 pesos por mes (300 dólares) y atiende a cuatro hijos de entre 5 y 14 años durante el día.

“Son empresarios, gobiernan para los ricos”, lanza esta mujer de 42 años que parece de 50. “Cristina (Kirchner) cuidaba más a los pobres. Quizás robó, pero hemos comido bien con ella”, señala al aludir a los gobiernos de la expresidenta, entre 2007 y 2015.

“Estoy muy nerviosa. A veces me pongo a llorar de la bronca”, confiesa. “Es muy fea la situación y tengo ganas de irme del país”.

La popularidad de Macri se ha erosionado considerablemente este año en que Argentina ocupa la presidencia pro témpore del G-20.

“Una crisis más”

“Una crisis más”, suspira Imelda Rodríguez. “El día a día es más difícil cada vez”.

Esta asistente de dirección de 43 años, declara que es de derecha, que votó a Macri en 2015 y que detesta a Cristina Kirchner. “Me decepcionó, pero no hay mejores alternativas políticas. Con todos los sacrificios que nos pide espero que al menos esta política dé resultados a largo plazo”.

Lirio Tevez, de 69 años, se jubiló hace tres años. Después de un tiempo de inactividad, retomó su trabajo en una empresa funeraria del barrio de Villa Urquiza. Este empleo le permite duplicar su jubilación de 12.500 pesos mensuales (unos 300 dólares) que cubre casi justo su alquiler de 10.000 pesos.

“Tengo que seguir trabajando para vivir. Hace años que nos dicen que la situación va a mejorar. Estoy harto, harto, harto, es el FMI el que nos gobierna”, afirma.

En contraste, el negocio de la funeraria no padece la recesión económica. “Hay muertos todos los días”, ironiza Lirio.

“De lo que tengo miedo en los próximos meses es de los saqueos. Hubo uno estos últimos días y un chico murió” recuerda. Se refiera a la muerte de un niño de 13 años por un disparo en el pecho en medio de un intento de saqueo a un supermercado en Chaco, en el norte argentino, una de las regiones más pobres del país.

por Alexandre PEYRILLE

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