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Isabel II
Isabel II

Isabel II, la roca que afianzó a la monarquía británica

Los 70 años del reinado de Isabel II, que murió este jueves a los 96 años, están asociados con su estilo de reinar: una mezcla de tradición, discreción y, sobre todo, capacidad para adaptarse a los cambios.

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Isabel II, la roca que afianzó a la monarquía británica
La reina Isabel II, en una foto de archivo, de abril de 1966. (FUENTE EXTERNA)

La reina Isabel II, la monarca con el reinado más largo de Gran Bretaña y una roca de estabilidad durante la mayor parte de un siglo turbulento, falleció el jueves después de 70 años en el trono. Tenía 96 años. El Palacio de Buckingham anunció que falleció en el Castillo de Balmoral, su residencia de verano en Escocia, donde miembros de la familia real británica habían acudido rápidamente después de que su salud empeoró.

Un vínculo con la generación casi desaparecida que peleó en la Segunda Guerra Mundial, era la única reina que la mayoría de los británicos han conocido en su vida.

Su hijo de 73 años, el príncipe Carlos, automáticamente se convierte en monarca y será conocido como el rey Carlos III, anunció su oficina. En un principio se desconocía el nombre que eligiría Carlos como rey, pues otros monarcas británicos han elegido nuevos nombres al acceder al trono. La segunda esposa de Carlos, Camila, será conocida como reina consorte.

La BBC transmitió el himno nacional británico “God Save the Queen”, con un retrato de la monarca con su atuendo real completo cuando fue anunciada su muerte, y se colocó la bandera a media asta en el Palacio de Buckingham para marcar el fin de la segunda era isabelina.

El impacto de la pérdida de Isabel será enorme e imprevisible para el país y para la monarquía, una institución que logró guiar a través de décadas de enorme cambio social y escándalos familiares.

En un comunicado, Carlos calificó la muerte de su madre como “un momento de la más grande tristeza para mí y para todos los miembros de mi familia”, y agregó: “Sé que su pérdida será profundamente sentida en el país, los reinos y la Mancomunidad de Naciones, y por innumerables personas en el mundo”.

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Infografía
La reina Isabel II antes de recibir a Liz Truss para una audiencia en Balmoral, Escocia, el 6 de septiembre de 2022. Fue su última actividad pública. (AP/JANE BARLOW)

Líder y figura mundial

La primera ministra Liz Truss, designada por la reina apenas 48 horas antes de su fallecimiento, dijo que el país está “devastado” y llamó a Isabel “la roca sobre la cual se construyó la Gran Bretaña moderna”. Líderes mundiales extendieron sus condolencias y rindieron homenaje a la reina.

En Canadá, donde la monarca británica es la jefa de Estado, el primer ministro Justin Trudeau reconoció su “sabiduría, compasión y calidez”. En India, que alguna vez fue la “joya de la corona” del Imperio Británico, el primer ministro Narendra Modi tuiteó: “Ella personificó, la dignidad y la decencia en la vida pública. Su pérdida causa dolor”.

El presidente Joe Biden la calificó una “estadista de una dignidad sin igual y una constancia que profundizó la firme alianza entre Gran Bretaña y Estados Unidos”.

Desde el 6 de febrero de 1952, Isabel reinó sobre una Gran Bretaña que se reconstruyó de la guerra y perdió su imperio; se incorporó a la Unión Europea y también la dejó; se transformó de una potencia industrial en una sociedad incierta del siglo XXI.

Ante ella desfilaron más de una decena de primeros ministros, de Winston Churchill a Truss, convirtiéndose en una institución y un ícono, un punto fijo y una presencia reconfortante incluso para aquellos que ignoraban o detestaban a la monarquía.

Se volvió menos visible en sus últimos años, cuando la edad y la fragilidad redujeron sus apariciones públicas. Pero se mantuvo firme en control de la monarquía y como una parte esencial de la vida nacional de Gran Bretaña, celebró su Jubileo de Platino, por sus 70 años en el trono, con días de fiestas y desfiles en junio de 2022.

Se convirtió en la segunda monarca con el reinado más largo de la historia, detrás de Luis XIV, rey de Francia en el siglo XVII, quien ascendió al trono a los 4 años. El martes, Isabel presidió una ceremonia en el Castillo de Balmoral para aceptar la renuncia del primer ministro Johnson y designar a Liz Truss como la 15ª primera ministra en función durante su reinado.

Una promesa cumplida

Cuando tenía 21 años, casi cinco años antes de su coronación, le prometió a los pueblos de Gran Bretaña y de la Mancomunidad de Naciones que “toda mi vida, ya sea larga o corta, estaré dedicada a su servicio”. Fue una promesa que cumplió durante más de siete décadas.

A pesar de las complejas y a menudo frágiles relaciones de Gran Bretaña con sus antiguas colonias, Isabel gozaba de respeto general y se mantuvo como jefa de Estado de más de una decena de países, de Canadá a Tuvalu. Encabezó la Mancomunidad de Naciones de 54 integrantes construida alrededor de Gran Bretaña y sus antiguas colonias.

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Infografía
El ahora rey Carlos III.
Carlos III, el rey que se preparó por siete décadas

El príncipe Carlos lleva toda su vida preparándose para ocupar el trono. Ahora, a los 73 años de edad, ese momento finalmente ha llegado. Carlos, la persona de mayor edad que asume el trono británico en la historia, se convirtió en el rey Carlos III el jueves luego de la muerte de su madre, la reina Isabel II. No se ha fijado una fecha para su coronación. Luego de una formación que empezó desde que era niño, Carlos representa la modernización de la monarquía británica. Fue el primer heredero que no fue educado en casa, el primero en obtener un título universitario y el primero en crecer bajo la mirada cada vez más intensa de los medios de comunicación a medida que la deferencia hacia la realeza se desvanecía. También alejó a muchos con su complicado divorcio de la muy querida princesa Diana, y al causar tensiones al estar cerca de romper las reglas que prohíben a la realeza intervenir en los asuntos públicos, metiéndose en debates sobre cuestiones como la protección al medio ambiente y la conservación de la arquitectura. “Ahora se encuentra en lo que sería el ocaso de su vida, teniendo que pensar cuidadosamente en cómo proyecta su imagen como figura pública”, dijo el historiador Ed Owens. “No es ni de lejos tan popular como su madre”. Carlos deberá descifrar cómo obtener “apoyo del público, un sentimiento de cariño” que caracterizó la relación que Isabel tuvo con los británicos, comentó Owens.

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